jueves, 16 de febrero de 2017

EL LADRILLO DEL TESTIMONIO (Nehemías 13:1-13:31)


Comentario Sobre la Misión en Nehemías

La Biblia es un libro misionero, por que es la palabra de Dios al mundo. La esencia del mensaje de la Biblia es la proclamación de las buenas noticias de Dios al mundo. Para tener un entendimiento claro del concepto de ‘misión’ en la Biblia hay que tomar en cuenta el concepto de la historia de redención (véase Comentario Sobre la Perspectiva Histórica Redentiva en el capítulo 2). La misión de Dios es el desarrollo de su plan de salvación del mundo, enfocado en la persona y obra de Jesucristo.

Dentro de la historia de redención hay dos etapas en que se desarrolló el plan de salvación. Las dos etapas se dividen entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Las etapas pasan de una a la otra con el nacimiento, ministerio, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo. La misión en el Antiguo Testamento seguía el modelo centrípeto (de afuera hacia el centro). La misión en el Nuevo Testamento sigue el modelo centrífugo (del centro hacia afuera). Un entendimiento de eso es importante si vamos a estudiar el concepto de ‘misión’ en el libro de Nehemías.

El modelo de la misión centrípeta en el Antiguo Testamento es el modelo en el cual Dios mantiene su pueblo con todos los reglamentos dados el Pentateuco. El enfoque se concentraba en los judíos como el pueblo de Dios. La atracción de los gentiles (no-judíos) era por medio de que ellos venían de afuera para vivir con los judíos en su tierra. Así ellos aprendieron la ley de Dios y las costumbres dictadas por Dios. En palabras claras, se puede decir que el modelo centrípeto es ‘venga y vea’.

El modelo de la misión centrífuga en el Nuevo Testamento es el modelo en el cual Dios manda a su pueblo a proclamar las buenas nuevas a las naciones. Este modelo empezó en el día de Pentecostés. El libro de Hechos nos cuenta toda la historia de la nueva iniciativa, mandado por Jesucristo, ‘id y haced discípulos’ (Mateo 28:16’20). Este modelo es el que seguimos hoy en día hasta que venga el Señor en la segunda venida. El enfoque se concentra no en los judíos, sino en los gentiles. La atracción de los gentiles es por medio de que los cristianos vamos afuera para buscar los que el Señor ha llamado para ser su discípulo. En palabras claves, se puede decir que el modelo centrífugo es ‘vaya y proclama’.

El contexto misionero de Nehemías es lo del Antiguo Testamento. Sigue el modelo misionero centrípeto. En el Antiguo Testamento había muy poco ejemplo de extranjeros que formaron parte de los judíos, pero sí los hay (e.g. Rut y Rahab). También se nota que por lo general, cuando entraron extranjeros paganos a vivir en Israel, los judíos tendían a seguir a la religión de ellos en vez de que los extranjeros adoptaran la fe de los judíos. Eso es el contexto particular de Nehemías. Cuando el vino, el pueblo se había olvidado de Dios y se habían adaptado a la religión de los gentiles paganos que vivían entre ellos. Después de la reforma que dirigió Nehemías, él volvió a Persia y ¿qué pasó? El pueblo volvió a seguir falsos dioses, falsas enseñanzas y falsas prácticas.

Es en este contexto misionero que debemos entender los pasajes en Nehemías que tienen que ver con su relación con los gentiles paganos de los países alrededor de ellos. Nehemías insistió que se apartaran de ellos (Nehemías 9:2; 13:23-27). Es porque los extranjeros influían a los judíos en vez de que el testimonio de los judíos cambiara a los que venían de afuera. La idea era que el pueblo vivía en santidad y unidad con Dios en relación fiel del pacto de Dios para ser un ejemplo a los paganos de lo que es ser pueblo verdadero de Dios.

Lo que pasa en el libro de Nehemías es que la misión de Dios tenía que extenderse no a los paganos que vivían alrededor de Jerusalén y Judá. Más bien, la misión tenía que impactar al pueblo de Israel mismo, porque se habían alejado de Dios. Nehemías tenía que restaurar el pueblo para que pudiera servir de testimonio fiel hacia los extranjeros. Por eso había que transformar no solamente la ciudad, sino el corazón de la gente judía.

La misión de Dios en la época de la historia de redención que vivía Nehemías era la de volver de presentar la palabra de Dios a su propio pueblo para transformarlo. Eso se hizo por medio de la lectura de la ley (capítulo 8). El pueblo respondió con confesión de pecado (capítulo 9) y luego con la afirmación del pacto de Dios (capítulo 10). La afirmación del pacto es como una misión cumplida. Solo que Nehemías tenía que volver a hacerlo de nuevo por que el pueblo volvió a apartarse (capítulo 13).

Pero el modelo que siguió Nehemías en la misión de Dios era un modelo de transformar la comunidad de fe para que pudiera servir de testimonio de la gloria de Dios al mundo. Las dos veces que Nehemías dirigió sus reformas en el pueblo, él siguió el mismo modelo de poner atención a la Palabra de Dios y buscar una respuesta a ella. Esta es la misión de Dios, ¿verdad? La misión de Dios que todo el mundo escuche la Palabra de Dios y que responda a ella por fe en Cristo, por medio de la obra del Espíritu Santo.

Kenneth Tollefson escribe un artículo muy bueno en cuanto a la misión de Dios en el libro de Nehemías.[1] En su artículo, Tollefson nota que todo el libro de Nehemías es un libro en que se puede hacer un bosquejo que muestra las etapas de la restauración de lo que el llama ‘la comunidad de Dios’. El bosquejo que él propone se resume así:

1) Capítulo 1 – Reformulación – Estableciendo una visión de una sociedad del pacto
2) Capítulo 2 – Comunicación – Compartiendo la visión y reclutar apoyo
3) Capítulo 3 – Organización – Asignando el trabajo a líderes y grupos de trabajo
4) Capítulos 4-6 – Adaptación – Respondiendo estratégicamente a oposición
5) Capítulos 7-10 – Transformación – La reestructuración de la sociedad
6) Capítulos 11-13 – Rutinización – Integración a la vida comunitaria

El enfoque que Tollefson da a la misión se concentra en el desarrollo de la comunidad. El pone mucho enfoque en los aspectos sociales, económicos, políticos etc. que él cree debe ser transformado por el evangelio presentado en la Palabra de Dios. En la misión de Dios, uno tendrá que tener cuidado en no ir al extremo de una transformación  social  (comunitario) sin el acompañamiento de una transformación espiritual. Pero de igual manera, uno tampoco debe proponer una transformación espiritual sin esperar una transformación social (comunitario).

El modelo de misión que Jesucristo modela en su ministerio era la de identificarse con su pueblo por medio de la encarnación. Él desarrolla su misión por medio de efectuar una transformación espiritual del hombre que impacta una transformación social (comunitario) del cual es parte, de una manera integral. Eso es el modelo de la misión que Nehemías sigue. Con la reconstrucción de la muralla de Jerusalén (Nehemías 1-6) Nehemías se identifica con el pueblo y gana su confianza. Después él procura dirigir una transformación espiritual del pueblo de Dios (Nehemías 7-10) y espera que esa transformación impacte a la comunidad del pueblo (Nehemías 11-13). Este es el modelo a que Dios llama su iglesia cuando da ‘el orden de marchar’ de la iglesia en la gran comisión de Mateo 28:19, “Id, y haced discípulos a todas las naciones”.

Comentario de Nehemías 13:1-13:31

Hemos llegado al último capítulo de Nehemías, y también al último capítulo del curso. Lo que leemos en Nehemías 13:1-13:30 es una confirmación de nuestro título del capítulo: El Ladrillo del Testimonio. Ya hemos visto siete características que forman cada uno un ladrillo para la composición del liderazgo cristiano. En el último capítulo de Nehemías, él enfatiza la importancia de la acción de gracias por medio del testimonio del siervo de Dios, un octavo ladrillo del liderazgo bíblico.

El pasaje se podría dividir en cuatro partes:

13:1-13:31 – Acción de Gracias en Servicio
      a) 13:1-14 – Reformas del Templo
      b) 13:15-22 – Reformas del Día de Reposo
      c) 13:23-29 – Reformas de la Familia
      d) 13:30,31 – Resumen de las Reformas

13:1-13:31 – Acción de Gracias en Servicio

Se esperaría un fin de esperanza y júbilo en el libro de Nehemías, pero lastimosamente leemos el opuesto en el último capítulo. El libro termina con un acontecimiento ante-climático de desánimo, puesto que leemos que el pueblo entró en un tiempo de apostasía a nivel nacional, volviendo a sus prácticas viejas como siempre hacía en su historia.

En el duodécimo año de la estadía de Nehemías en Jerusalén, él volvió a Persia como era el acuerdo con Artajerjes, rey de Persia. El permiso original que Artajerjes le concedió para ir a Jerusalén era para estar allí por un tiempo definido. En Nehemías 2:6 leemos, “¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.” La duración de su tiempo in Babilonia es desconocido, pero después de cierto tiempo, Nehemías volvió a pedirle permiso a Artajerjes regresar a Jerusalén (Nehemías 13:6). Nehemías recibió noticias de la situación y regresó de Persia para volver a hacer unas reformas en el pueblo. Con esta segunda llegada de Nehemías, él venía con el apoyo del pueblo, la autoridad del estado, y el prestigio del imperio Persa.

Durante su ausencia, el pueblo se había olvidado de sus compromisos recordados Nehemías 8-12. Ellos volvieron a la rutina que seguía antes de la venida de Nehemías. Samuel Schultz lo describa así,
Durante el tiempo de la ausencia de Nehemías, prevaleció la laxitud religiosa. Eliasib, el sumo sacerdote, había concedido a Tobías el amonita, una cámara en el atrio del templo. No se habían pagado las retribuciones a los levitas y los cantores del templo. Y desde que el pueblo había descuidado en llevar las ofrendas diarias, para lo cual se había acordado el diezmo y los primeros frutos a los levitas, éstos salieron al campo a hacer su vida.”[2]

Nehemías estaba preocupado por el testimonio del pueblo. Él sabía que la gloria de Dios y el honor del nombre de Dios estaba en juego dependiendo del testimonio que vivía el pueblo que llevaba su nombre. El profeta Ezequiel, quien profetizó durante el tiempo de la primera deportación de los Israelitas a Babilonia, lamente el mal testimonio del pueblo de Dios. Él profetizó en cuanto a la razón por lo cual les permitiría volver a Jerusalén. Tenía que ver no con el pueblo, sino con el nombre de Jehová que estaba tan estrechamente identificado con el pueblo de Israel,
Pero he tenido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde fueron. Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado.”

Nehemías 13 se divide entre tres grupos de reformas que Nehemías llevó a cabo: la reforma del templo (vv.1-14), la reforma del día de reposo (vv.15-22) y la reforma de la familia (vv.23-30). Si comparamos eso al compromiso que hizo el pueblo anteriormente, es importante notar que estas tres reformas coinciden precisamente con los tres compromisos hechos en el capítulo 10. Cada uno de los compromisos, hechos con tanta seriedad, fue olvidado por el pueblo después de la salida de Nehemías.

El pueblo de Dios vivió un mal testimonio. Pero comparamos eso al testimonio bueno y consistente de Nehemías, como ejemplo de un testimonio que se presta a un liderazgo bíblico de integridad. El testimonio de Nehemías siempre quedaba firme, constante y consistente a través de todo su tiempo como líder entre los judíos. Y note que una vez más es la lectura de la Palabra de Dios (como en los capítulos 8, 9, y 13) que invoca e introduce las reformas que Nehemías llevó a cabo al volver a Jerusalén[3]

Ahora veremos uno por uno el mandato de Dios que desobedecieron, después el problema, seguido por la solución.

a) 13:1-14 – Reformas del Templo

En cuanto al cuido del templo, había dos asuntos de desobediencia:
1) Permitieron a los extranjeros participar en las asambleas religiosas (vv.1-9)
2) Retuvieron los diezmos y ofrendas (vv.10-14).

El problema es introducido en los versículos 1-3. Nehemías enfatiza el ejemplo de Balaam (Números 22-24) que resultó en una amonestación que el pueblo no se mezclara con las naciones alrededor de ellos. Él sigue con una reflexión del descuido del templo. Dios pidió puridad espiritual en las asambleas, pero el pueblo ignoró eso.

En los versículos 4-9 leemos que Eliasib convirtió unos cuartos (apartados para guardar las ofrendas de grano, aceite y vino) en apartamentos para Tobías. Tobías era el compañero Amonita de Sanbalat que molestó tanto a Nehemías durante la reconstrucción de la muralla (4:3,7,8). ¡Imagínese la influencia increíble que Tobías hubiera tenido desde esa posición! La ley decía que no debían casarse con los extranjeros paganos, y que los paganos no debían acercarse al templo. ¡Tobías rompió con ambos reglamentos de Dios! Y todo eso ocurre muy poco después de que el pueblo se había comprometido apartarse de estas prácticas. Veamos lo que escribe en Nehemías 10:39,
“Porque a las cámaras del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios.”

La solución de los dos problemas se introdujo por la lectura de la Palabra de Dios para servir de agente purificador. Se supone que la lectura incluía Deuteronomio 23 donde Moisés presente los reglamentos de las asambleas. La lectura siguió con la primera solución de echar Tobías del templo (vv. 8,9) y volver los cuartos al uso originalmente indicada.

El segundo problema era que el pueblo retenía los diezmos y las ofrendas. Dios pidió que el pueblo proveyera para los servicios del templo (10:32-29). Pero no lo hacían, por lo cual los levitas no podían seguir con sus responsabilidades, pues dejaron sus puestos y salieron a los pueblos. La solución de Nehemías era que los regañó (v.11) y después delegó cuatro varones fieles para restaurar la práctica de diezmar y ofrendar (v.13).

b) 13:15-22 – Reformas del Día de Reposo

El segundo punto que Nehemías tocó tenía que ver con el Día de Reposo. Dios pidió al pueblo que guardara el Día de Reposo (Éxodo 20:4-6; Nehemías 10:31)

El problema (vv.15,16) era que el pueblo compraba y vendía y hacía sus negocios siete días de la semana, incluyendo el Día de Reposo. Eso violó el cuarto mandamiento de los diez mandamientos.

La solución (vv. 17-22) de Nehemías era que reprendió a todos (vv.17,18) y después él cerró los portones de Jerusalén en el Día de Reposo (v.19) y puso guardas para que nadie pudiera entrar y salir. Aún no permitió negociantes esperar afuera del portón para esperar que el Día de Reposo terminara (v.20,21). Sin duda Nehemías tenía en mente lo que debe pasar si el pueblo abandonara el Día de Reposo (Jeremías 17:19-27).[4] Después insistió en una purificación formal de la gente (v.22)

c) 13:23-29 – Reformas de la Familia

Sigue por último unas reformas de la familia. Dios pidió que se apartara de los extranjeros y que se mantuvieran puros (Deuteronomio 23:3-5; Malaquías 2:10-16).

El problema (vv.23,24) era que el pueblo volvió a la práctica de casarse con los vecinos paganos. Eso violó la ley de Dios pero también el pacto que hicieron (10:30).

La solución (vv.25-28) es que los reprendió (v25), y hasta hirió algunos y les arrancó el pelo.  También les instruyó sobre la razón por qué esa práctica era tan mal y debe ser castigado duro, usando el ejemplo de Salomón (v.26). Eliasib era el sumo sacerdote que se casó con la hija de Sanbalat (el que se opuso más que los demás a la reconstrucción de la muralla). Para enfatizar la enseñanza, Nehemías usó Eliasib como ejemplo y lo quitó de su puesto.

Talvez tengamos problemas con la manera en que Nehemías mostró su ira (v.25). Por un lado, habrá que recordar que lo que hizo era una costumbre común oriental. Pero también tenemos que tomar en cuenta lo que explica J.I Packer,
“... debemos reconocer que fue por un sentimiento de ira profunda que se expresó no tanto en auto-resentimiento ni en hostilidad personal, sino en la angustia del corazón que tanto anheló la gloria de Dios y que odió todo lo que lo oscureciera que le sirviera de obstáculo a la gloria de Dios.”[5]

La situación en el tiempo de Nehemías no era tan distinta de la situación del relativismo y pluralismo que vivimos hoy en día. Es un mal testimonio que está destruyendo nuestra nación, no solamente, sino que está entrando hasta dentro de la iglesia misma.

En el versículo 29 tenemos el tercer ejemplo en Nehemías (véase 4:4,5 y 6:14) de una oración que se llama ‘oración imprecatoria’ (una oración que pide una maldición al enemigo).

d) 13:30,31 – Resumen de las Reformas

En este último capítulo note las oraciones de Nehemías después del relato de cada reforma, y repetidas al final del acontecimiento. Él ora ‘acuérdate de mi’. Es un refrán usado periódicamente en Nehemías (1:8; 5:9; 6:14) y cuatro veces en el capítulo 13 (vv.14,22,29,31). Nehemías invoca esta frase tras cada una de las tres reformas que cuenta en el presente capítulo. Y el último refrán también invoca estas palabras. Es una indicación de que Nehemías tomó su responsabilidad en serio, con el sentido de la presencia de Dios, y con un deseo de agradar a Dios.

Los versículos 30,31 concluyen las reformas del capítulo 13. Pero también forman una conclusión al libro de Nehemías. Unas traducciones de estos versículos señalan tres verbos (purificar, poner, proveer) en estos versículos. Pero la Reina Valera 1960 correctamente señala solo dos verbos. Eso concuerda con el hebreo original. Los dos verbos (purificar y poner) muestran lo que Dios cumplió en Jerusalén por medio de Nehemías. El purificó todo el pueblo y el puso líderes, servicios del templo, y costumbres agradable a Dios.

Desafortunadamente, el libro no termina contando un relato de éxito, sino de fracaso. A pesar de todo el esfuerzo de Nehemías, el pueblo no había llegado a su lugar de descanso.[6] Pero ¿cómo debemos definir ‘éxito’? Nehemías cumplió su oficio con celo y con eficiencia. Él siguió a Dios con fidelidad. Dios le llamó para llamar al pueblo al arrepentimiento. Y lo hizo. La Biblia nos enseña que la fidelidad en seguir el llamado de Dios es, de hecho, un éxito. Dios promete en Isaías 55:11, “... así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” J.I Packer comenta sobre el ministerio de Nehemías de la siguiente manera, “La pasión de Nehemías era ser fiel; él no sabía si el fuera nombrado para tener éxito, pero sí sabía que fue llamado a ser fiel a la Palabra de su Dios en todo que hacía.[7]



[1]    Kenneth Tollefson, The Nehemiah Model for Christian Mission. Missiology: An International Review, Vol. XV, No. 1, January, 1987. pp. 31-55.
[2]    Schultz, Capítulo 16.
[3]    Kidner, p. 128.
[4]    Kidner, p. 130.
[5]    Packer, p. 182.
[6]    Sproul, p. 685.
[7] Packer, p. 211.

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