lunes, 30 de enero de 2017

EL LADRILLO DE LA RECONCILIACIÓN (Nehemías 9:1-37)


Dr. Eric Pennings
Extraído de "Nehemías: Ladrillos del Liderazgo Bíblico"

Comentario Sobre La Soberanía De Dios En Nehemías

Hemos visto en nuestro estudio que el protagonista del libro de Nehemías no es el autor humano, Nehemías. Tampoco es el pueblo de Israel del cual el libro se trata. Por todo el libro, vemos que el protagonista es Dios. En su soberanía, Dios está moviendo la historia de redención un paso más. En el libro de Nehemías, hay mucha instrucción sobre la soberanía de Dios.

¿Qué es la soberanía de Dios? ¿Cómo se podría definir? Hay muchas definiciones formales que se encuentran entre los teólogos. Cuando yo enseño la doctrina de Dios a los niños y jóvenes, explico la soberanía de Dios de la siguiente manera: La soberanía de Dios es la enseñanza que Dios puede hacer lo que quiera, cuando quiera, como quiera, donde quiera, con quien quiera, por cualquier razón, y no tiene que pedirle permiso a nadie. Quizás la definición es un poco informal, pero sí se entiende.

Uno de los temas más discutidos en el mundo es la relación entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana. Tratar de entender los dos conceptos es un misterio. Por lo general, el estudiante de la Biblia tiende a enfatizar o la soberanía de Dios o la responsabilidad humana. Tenemos que cuidar estos extremos. En el primer extremo se enfatiza que Dios es soberano y no necesita nuestra ayuda. En el segundo extremo, el hombre considera que Dios es incapaz de cumplir su plan sin nuestra cooperación.

Pensemos en esto tomando Nehemías como ejemplo. Si el hubiera optado por el extremo de la soberanía de Dios, él habría quedado en Persia. Habiendo sido informado de la condición del pueblo de Israel en Jerusalén, él hubiera respondido de esa manera: “Bueno, Dios sabe lo que está haciendo, y él va a actuar de alguna manera. No se preocupe. Vamos a ver lo que él va a hacer.” Esta respuesta tiende al fatalismo y determinismo que es muy común hoy en día en situaciones de pobreza e injusticia en el mundo.

Pero si Nehemías hubiera optado por el extremo de la responsabilidad humana, él habría respondido de la siguiente manera: “Bueno, la situación es crítica, y es somos responsables por la mala condición allí. Es por falta de oración que la situación se ha deteriorado. Juntemos nuestras fuerzas e intentemos a arreglar el gran problema que nos enfrenta. Oremos todo el día para que Dios haga lo que le pedimos.” Con esta respuesta ya no es Dios quien es soberano. Somos nosotros los soberanos. Se considera que las oraciones presionaría a Dios para que él haga lo que no habría hecho si no hubiéramos orado. Todo depende de nosotros.

¿Cómo respondió Nehemías ante la situación que él enfrentó? Nehemías reconoce la soberanía de Dios, pero también reconoce que él tiene una responsabilidad de ofrecerse para que Dios lo use para cumplir su plan. Las escrituras nos enseñan que cuando Dios quiere cumplir algo, él solicita la participación de su pueblo. El ejecuta su soberanía por medio de la obediencia de su pueblo. En el libro de Nehemías tenemos un diario de un varón de Dios que se disponía ser usado por Dios en cualquier momento, de cualquier manera que Dios quería.

Nehemías nos enseña que la oración no es como alguna poción mágica por medio del cual se producen resultados automáticos e instantáneos. La realidad del balance entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana es que debemos orar y que Dios contesta nuestra oración en el tiempo, y en la manera que le agrada a él. En un sermón sobre Nehemías, Bryn MacPhail, pastor de una iglesia presbiteriana en Toronto, Ontario dice el siguiente,

“Nehemías ora porque él entiende que el remedio va más allá de su propio control. Nehemías ora porque él entiende que su éxito depende de ‘la mano benéfica de Dios’ (1:10) sobre él. Y aún así, Nehemías entiende que él es parte del proceso divino. Él no se sienta con la oración. Él se prepara para servir y para participar en la reconstrucción de Jerusalén.”[1]

En sus actividades y en sus oraciones, Nehemías enseña la soberanía de Dios al pueblo de Israel. Note, por ejemplo, que la oración de confesión en Nehemías 9 empieza con un reconocimiento de la soberanía de Dios,
“5Levantaos, bendecid a Jehová vuestro Dios desde la eternidad hasta la eternidad; y bendígase el nombre tuyo, glorioso y alto sobre toda bendición y alabanza. 6Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran.”(Nehemías 9:5,6)

En Nehemías hay situaciones muy graves. Los enemigos están siempre buscando oportunidades de aprovecharse de la debilidad de los Israelitas y de las ruinas de Jerusalén. Leemos en Nehemías de los ataques, tanto de armas como de palabras y de planes siniestros de los enemigos. Pero los enemigos son nada más que agentes de Satanás quien está detrás de todo los planes de parar el gran plan de Dios para la salvación del mundo por medio de su hijo Jesucristo. Lo que aprendemos de la soberanía de Dios es que aún los enemigos con todos sus planes de destrucción son títeres de Dios, el soberano. Dios es soberano aún sobre la maldad del jefe de mal, Satanás. Dios puede manejar aún el mal para que le sirva para bien. Tenemos montones de ejemplos de eso en la Biblia, inclusive en Nehemías también.

La soberanía de Dios es el concepto clave del progreso de la historia de redención que estudiamos en el segundo capítulo del libro. Dios tiene su plan para mandar un Salvador. Por su soberanía Dios ordena su plan de salvación. Por su soberanía Dios dirige su plan de salvación. Por su soberanía Dios ejecuta su plan de salvación. Y en la ordenación, dirección y ejecución de su plan él usa su pueblo para cumplir su voluntad.

En su soberanía, Dios movilizó Nehemías para que le sirviera en el momento histórico que vivía. Durante todo la historia del mundo, Dios sigue desarrollando su gran plan. Él llama a su pueblo para que seamos obedientes a su Palabra, y para que busquemos la voluntad de Dios en su servicio a fin de que su nombre sea glorificado, y su reino proclamado y extendido. Tanto como él usó Nehemías en su momento histórico, Dios nos llama a nosotros también para que le sirvamos bajo su soberanía en el desarrollo de su plan de salvación del mundo.

Comentario de Nehemías 9:1-37

Todo lo que leemos en Nehemías 9:1-37 es una confirmación de nuestro título del capítulo: El Ladrillo de la Reconciliación. Ya hemos visto cuatro características que forman cada una un ladrillo para la composición de liderazgo cristiano. En el capítulo 9, el libro de Nehemías enfatiza la importancia de la reconciliación, un quinto ladrillo del liderazgo bíblico.

El pasaje se podría dividir en dos partes:

Confesión de Pecado – Capítulos 9:1-37
      a) 9:1-5a – El Pueblo Reúne en Asamblea

      b) 9:5b-37 – La Oración de Confesión
               5b-25 – La Obra Redentora de Dios
               26-35 – La Confesión de Pecado
               36,37 – La Petición de Misericordia

a) 9:1-5a – El Pueblo Se Reúne en Asamblea

En este capítulo, Nehemías nos cuenta de una postura importante del pueblo de Dios. Habiendo leído la ley (capítulo 8) el pueblo ahora responde en una postura de confesión. El capítulo 9 sirve como la fundación de lo que sigue en el capítulo 10 con la reafirmación del pacto con Dios. No se puede reconfirmar el pacto sin tener una confesión verdadera primeramente. Unos comentarios pasan completamente por alto el capítulo 9.[2] Pero no se puede realizar las reformas que siguieron, y presentarse ante Dios para la dedicación (capítulo 12) sin haber confesado los pecados y haber experimentado la gracia de perdón que Dios da.

El pueblo estaba pasando por un avivamiento. El avivamiento venía en tres etapas: La predicación de la Palabra (capítulo 8); el arrepentimiento del pecado (capítulo 9); y un cambio de vida por medio del pacto renovado (capítulo 10).[3]

En el capítulo 8 el pueblo se reunió para escuchar la ley. Aquí en 9:1 leemos que se reunieron para responder a la lectura de la ley con la confesión de sus pecados. Habían pasado 24 días desde que se reunieron para la lectura de la ley. En 8:1 es el primer día del séptimo mes. En 9:1 leemos que es el día veinticuatro del séptimo mes. La fiesta de tabernáculos duró una semana del día 15 al 22 del mes. Había apenas un día de descanso (día 23) antes de reunirse de nuevo. Durante este tiempo de fiesta el pueblo estaba en celebración de júbilo. Y eso fue por mandato de Nehemías, cuando les dijo, “Id, comed grosuras, y bebed vino dulce, y enviad porciones a los que no tienen nada preparado; porque día santo es a nuestro Señor; no os entristezcáis, porque el gozo de Jehová es vuestra fuerza” (8:10). Pero ahora la fiesta se había terminado, y empezaron el ayuno como símbolo de su disposición de tristeza y dolor y contrición por sus pecados.

El ayuno y la oración venían acompañados de cilicio y tierra. El cilicio era un símbolo común de tristeza y dolor. Cuando Jacob oyó las noticias de que su hijo José fue matado por un animal, él rompió su ropa y se puso cilicio (Génesis 37:34). Cuando Abner fue matado por sus compañeros, el rey David pidió a todo el pueblo que se pusiera cilicio como símbolo de luto y dolor (2 Samuel 3:31). Habían muchos ejemplos de esa práctica en la historia de Israel (2 Samuel 31; 21:10; 1 Reyes 21:27). La práctica de echar tierra sobre si fue menos común (1 Samuel 4:12; 2 Samuel 1:2), pero sí fue una costumbre, como por ejemplo de Job cuando perdió todo su familia y sus bienes (Job 2:12).

Nota el sentido de solidaridad corporal en el versículo 2. La solidaridad era no solamente de parte de los que vivían actualmente, sino que incluía las generaciones pasadas. El pueblo asumió responsabilidad de forma mutua por lo que estaba pasando entre ellos. En esta postura de solidaridad, todos se separaron de los extranjeros. Eso fue intentado por Esdras (Esdras 10:11) hacía 13 años, pero el éxito no fue completo. Algunos no lo hicieron, y posiblemente en los últimos 13 años, habían otros que se casaron con los paganos. Con Nehemías, vemos que la separación fue completa por todos.[4] En Keil y Delitzch leemos, “Esa separación de los extranjeros... era un renuncio voluntario de comunicación con los paganos, y de los costumbres paganos.”[5] Eso era un acto de sumisión a la ley de Dios. La confesión que sigue es por pecados cometidos del pueblo judío, y no de los otros. También la renovación del pacto era cosa única para los judíos, y no para extranjeros.

Imagínese cuánto tiempo se oyeron la lectura de la ley para prepararse para la confesión que seguirá. El día (como la noche) se consideraba 12 horas dividido en cuatro partes. Había tres horas de lectura de la ley, seguidas por tres horas de la respuesta del pueblo que consistió en dos cosas: la confesión y la adoración. En la adoración es importante considerar la postura del pueblo. Vimos ya la postura interna de penitencia y confesión. Pero la palabra original en el hebreo que es traducido ‘adoraron’ en el versículo 3 es literalmente, ‘se postraron’. Entonces en su confesión y acción de penitencia, el pueblo estaba de rodillas, con su cara en la tierra, mientras los levitosofrecieron la oración de parte del pueblo (v.4). En  eso se nota la expresión de humildad sincera y la destreza que sentía e pueblo.

En el versículo 5 se mencionan los nombres específicos de los Levitas que ofrecieron la oración. Unos de los nombres son los mismos que se encuentran en el versículo 4, pero hay tres más. Este grupo le pide al pueblo que se levanten de su posición postrada, para expresar alabanza a Dios. Es importante considerar la disposición del pueblo ante Dios. A pesar de la situación, ellos reconocen que Dios está entre ellos. Derek Kidner lo anota así,
“La ciudad con poca habitación, los enemigos paganos alrededor, la pobreza y el aparente insignificado pueblo de los judíos es trascendido por la realidad gloriosa de Dios. No ignoran la realidad, como veremos en la oración que ofrecerán pronto, pero ven la realidad en el contexto de la eternidad (“desde la eternidad hasta la eternidad”) y de la majestad inimaginable (“sobre toda bendición y alabanza”)”[6]

Tomando en cuenta el ladrillo de la reconciliación para el presente capítulo, tendríamos que reconocer que si va a haber alguna reconciliación, uno tendría que enfrentar la realidad de su situación. Uno también tiene que reconocer en cuya presencia uno está. Los levitas se acercan a Dios en oración, reconociendo ‘el nombre tuyo, glorioso y alto’ (v.5). Esa asignación a Dios es enseñado por Moisés (Éxodo 20:17) y es repetida en Apocalipsis 15:4. La expresión ‘el nombre glorioso’ ocurre solo cuatro veces en el Antiguo Testamento, pero la frase como es usado aquí se encuentra solamente en Salmo 72:19.[7] Para ser reconciliado con Dios, uno tiene que mantener este concepto de Dios antes que todo.

b) 9:5b-37 – La Oración de Confesión

La oración registrada en este capítulo es la oración más larga de la Biblia. La oración tiene por lo menos doscientas referencias y citas de otras partes del Antiguo Testamento.[8] Es similar a la oración de Esdras 9:6-15. Resume la actividad redentora de Dios, como vemos en otras oraciones en la Biblia también (Salmo 78:5-72 y Hechos 7:2-47). Se podría resumir la oración así: La bondad de Dios a pesar de la ingratitud de su pueblo. Es una confesión y a la vez es una profesión. En la oración el pueblo profesa su fe en Dios y a la vez confesa sus pecados. Es un buen modelo de considerar en nuestra reconciliación con Dios. En los versículos 6-15, Dios es el tema de cada versículo. La oración, un tributo a la naturaleza de Dios, sus obras y su justicia, sirvió de confirmación, reflexión y resumen de lo que se leyó en el libro de la ley.

9:5b-25 – La Obra Redentora de Dios
     
Cuando uno lee la oración, se nota el tema de la obra redentora de Dios. En los versículos 5 y 6, hay un reconocimiento de Dios como creador y soberano de todo (véase el comentario arriba para más comentario sobre la soberanía de Dios).

La oración sigue con una profesión de la fidelidad de Dios, usando Abraham como ejemplo. La fidelidad de Abraham es usada en comparación de la justicia de Dios. Es importante notar que este versículo es la única referencia en el Antiguo Testamento, después de Génesis, del cambio del nombre de Abraham (Génesis 17:5) de Abram (padre exaltado) a Abraham (padre de muchas naciones). No es por casualidad que se incluye eso en la oración. El cambio de nombre es una referencia a la manera en que Dios relaciona a Abraham y su descendencia de forma unilateral. Eso es un enfoque clave de la presente oración.[9] Además, el pacto mencionado en el versículo 8 es la base en que Dios ofrece su gracia, como vemos en la oración. Las naciones mencionadas son las que fueron echadas de Canaán durante el tiempo de su conquista bajo Josué.
   
La oración continúa en los versículos 9-12 celebrando la misericordia de Dios (liberación) usando una referencia al acontecimiento histórico del éxodo relatada en Éxodo 1-19. A eso sigue (vv. 13-15) un reconocimiento de la providencia de Dios (ley y sostén). La primera confesión actual sigue in versículos 16-18 por medio de admitir su rebeldía. Es en los versículos 19-21 que la oración enfatiza la compasión que Dios tiene para con el pueblo. La compasión es mostrada no por la obediencia del pueblo, sino por la compasión de Dios a pesar de la desobediencia del pueblo. La referencia, ‘de ninguna cosa tuvieron necesidad’ (v.21) es la misma palabra en el original que usó David en Salmo 23 ‘nada me faltará’. Eso muestra la profundidad de lo que sentían de la providencia de Dios. Después sigue un reconocimiento de la protección de Dios. Los Israelitas podían vencer los enemigos solamente por la obra de Dios. La promesa de esta protección y bendición (v.23) nos hace recordar de la promesa hecho a Abraham (Génesis 12:1-3; 15:5).

Con todo eso, versículo por versículo, concepto por concepto, se nota el tema de la obra redentora y soberano de Dios.


9:26-35 – La Confesión de Pecado

Es en los versículos 26 a 35 que leemos la confesión seria de los pecados. Note el contraste entre la desobediencia del pueblo y la misericordia de Dios. El contraste es enfatizado con la referencia a ‘pero ellos’ en v.26 y ‘mas tú’ en v. 31. Es un contraste de la gran distinción que siempre existe entre Dios y su pueblo. Pero es un contraste que es reconciliado por la obra redentora de Dios en su hijo Jesucristo.

La confesión contiene palabras con un significado tremendo. Cuando leemos estos versículos, vemos palabras tales como ‘provocaronrebelaronmataronabominacionesafligierondominaronpecaronendurecieronpara describir la disposición del pueblo. Pero a pesar de todo eso, el pueblo recuerda la misericordia de Dios (versículos 17, 19, 27, 28, 31). En el versículo 31, por ejemplo, leemos el siguiente de Dios misericordioso con su pueblo, “Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.” El reconocimiento de la profundidad del pecado siempre es un pre-requisito de la reconciliación con Dios.

En los versículos 26-31 se refiere a la época histórica de los jueces. Son tres ejemplos de desobediencia que el pueblo humildemente reconoce. Uno en los versículos 26, 27. Uno en el versículo 28. Y la tercera en los versículos 29-31. ¡Qué paciencia que tenía Dios para con su pueblo! Pero por lo menos el pueblo asume la responsabilidad individual. Pero aún más obvio en los versículos 32-35 es la responsabilidad corporal. Note en el versículo 32 los adjetivos que describan Dios. ‘Grande’ se refiere a la realidad que Dios es mucho más grande de lo que podemos considerar. ‘Fuerte’ se refiere al poder de Dios. ‘Temible’ se refiere a la distancia que hay entre Dios y su pueblo, una distancia que merece reverencia y respeto. Con todo eso, hay un reconocimiento de que están de acuerdo con el principio de la justicia divina (v.33). Nehemías enfatiza la disposición y la actitud del pueblo por toda la oración.

9:36,37 – La Petición de Misericordia

A final de la confesión el pueblo registró su júbilo por haber podido volver a su tierra. Pero con este júbilo también expresaron dolor que estaban todavía bajo el reino gentil. Eran esclavos (v.36) a pesar de que estaban en su propia tierra, porque no desfrutaron la independencia que antes tenía. La mención de la destreza (v.37) implica una petición que Dios siga mostrando su misericordia, su bondad, y su gracia hacia ellos.  El versículo 38 sirve de conclusión a la oración, aunque en la Biblia hebrea el versículo 38 forma el primer versículo del capítulo 10 sobre el pacto que sellaron. Lo estudiaremos en la próxima sesión como introducción al compromiso y el pacto que Dios hizo con el pueblo. Lo que sí es importante ver aquí es que la oración terminó con un compromiso fuerte de parte del pueblo.[10]


[1] Bryn MacPhailThe Prayer of Nehemiah, <http://www.reformedtheology.ca/nehemiah1.htm>.

[2] Swindoll menciona brevemente la oración en 2 párrafos (p. 158) del capítulo 12 de su libro.
[3] Boice, p. 97.
[4] Packer, p. 85.
[5] Keil & Delitzsch,  p. 236.
[6] Kidner, p. 111.
[7] Spence & Exell, p. 93.
[8] Engle, p. 72.
[9] Boice, p. 101.

[10] Henry, Matthew, Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible, Volume 2, (McLeanVA: McDonald Publishing Company, 1708) p. 1104. <http://www.ccel.org/ccel/henry/mhc2.html>. 

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