jueves, 26 de enero de 2017

EL LADRILLO DE LA ENSEÑANZA BÍBLICA (Nehemías 7:4-8:18)


Dr. Eric Pennings
Extraído de "Nehemías: Ladrillos del Liderazgo Bíblico"

Estamos entrando ahora en la segunda división del libro de Nehemías. En los capítulos 1:1 – 7:3 vimos la restauración física (las murallas de Jerusalén) del pueblo de Dios. En la segunda división del libro, veremos la restauración espiritual del pueblo de Dios. Eso se divida en dos partes: La restauración interna (7:4-10:39) y la restauración externa (11:1-13:30).

Comentario Sobre La Ley De Dios

El pueblo había pasado setenta años en cautiverio, y habían vuelto a Jerusalén. El trabajo en la reconstrucción de la muralla de Jerusalén se había terminado. Pero faltó algo. La condición interna del pueblo siguió en mal estado. En Nehemías 9:36,37 Nehemías nos informe del estado del pueblo por medio de su propia confesión,
“He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien. Y se multiplica su fruto para los reyes que has puesto sobre nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su voluntad, y estamos en grande angustia.“

Durante el tiempo de su cautiverio el pueblo había olvidado sus costumbres, pero lo peor era que se habían olvidado de Dios. Durante el cautiverio ellos habían abandonado su herencia espiritual. Y ellos entienden que la razón por su esclavitud actual es porque ellos habían permitido que su herencia espiritual se perdiera. Por eso consecuente angustia y destreza. Necesitaban una restauración espiritual.

La restauración interna del pueblo de Dios en Nehemías es el primer paso de la restauración espiritual del pueblo. Cuando leemos de la restauración interna, vemos que consiste en la lectura de la ley de Dios, y una respuesta del pueblo que sigue la lectura. En Nehemías 8:1 leemos que el pueblo se había reunido en un lugar, esperando la lectura de la ley:
“Y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel.”

Pero ¿a qué se refiere ‘el libro de la ley de Moisés’ que leyeron? Algunos dicen que era el código sacerdotal (Deuteronomio. 12-26). La opinión más común, y más tradicional, es que era el Pentateuco.[1] El único libro que tenían eran los primeros cinco libros de la Biblia, a los que se llama ‘El Pentateuco’. Escrito por Moisés, según las escrituras[2], es una combinación de la historia del pueblo de Israel desde la creación del mundo y las leyes de Dios que su pueblo debía obedecer y seguir. Leemos que el pueblo se puso de pie mientras el ley fue leído por Esdras y explicado por los sacerdotes (Nehemías 8:1-6).


Tenía que ser explicado, porque muchos del pueblo se habían olvidado del idioma hebreo en el cual Moisés escribió el libro de la ley. Muchos de ellos hablaron arameo, un dialecto de hebreo. Pero en segundo lugar, habrá que considerar que la para la mayoría de los repatriados, las palabras del libro de la ley les eran extrañas. Algunos habrían oído de sus abuelos el contenido de los libros de Moisés. Pero para algunos, eso sería la primera vez que habrían oído la Palabra de Dios.[3] En la lectura aquí en Nehemías 8, se tomaron cuidado para que todo el pueblo entendiera bien lo escrito.

La lectura de la ley se hizo en ocasiones importantes en la historia de Israel. James Watt identifica otras ocasiones[4],
1) Éxodo 24 – Con la ratificación del pacto por el monte Sinaí en la ocasión de la recepción de los diez mandamientos.
2) Deuteronomio 31:9-13,26,27 – En el momento en que Dios exigió que se leyera el libro de la ley cada siete años. Por eso el libro de la ley fue guardado al lado del arca del pacto.
3)  Josué 8:34,35 – La renovación del pacto de Dios por el monte Ebal después de haber conquistado a Hai.
4) 2 Reyes 23:1-3 – En el tiempo del rey Josías cuando el libro de la ley se encontró en la limpieza del templo.
5) Deuteronomio 17:19; Josué 1:8; Levítico 10:11; 2 Crónicas 17:7-9 – referencias misceláneas a la lectura del libro de la ley.

Pero en cada ocasión de la lectura pública del libro de la ley, fue en un momento de reforma, de renovación, de compromiso nuevo a Dios. Lo mismo pasa aquí en Nehemías 8 también. Y esa renovación del pueblo resultó en lloro (v.9) y celebración (v.12) una sed para oír más de la Palabra de Dios (v.13) y obediencia a Dios (vv.14-18). Después de todo eso, leemos en capítulo 9 que la lectura resultó en confesión de pecado y arrepentimiento seguido por un compromiso (9:36) de seguir a Dios en todas sus vidas (capítulo 10).

Ninguna renovación, ninguna reforma, ningún compromiso nuevo a Dios puede realizarse sin una lectura de la ley de Dios, un estudio profundo de ello, y obediencia a las enseñanzas del libro de la ley de Dios, que hoy en día es la Palabra de Dios, la Biblia. Y no es tan difícil entender la Palabra de Dios, como opinan algunos. La enseñanza de la doctrina de la perspicuidad (claridad) de las escrituras enseña que con solo leer la Palabra de Dios uno puede entenderla. El estudio más profundo siempre ayuda, y es importante, pero no es necesario para entender el mensaje básico de la salvación.


Comentario de Nehemías 7:4-8:18

Todo lo que leemos en Nehemías 7:4-10:39 es una confirmación de nuestro título del capítulo: El Ladrillo de la Enseñanza Bíblica. Considerando el tema del pasaje, vemos que después de haber empezado con la base para la reconstrucción de la muralla (el ladrillo de la fe) y siguiendo con el ladrillo de la oración, y de la disciplina, ahora Nehemías enfatiza la importancia de la enseñanza bíblica, un cuarto ladrillo del liderazgo bíblico.

El pasaje se podría dividir en dos partes:

La Palabra de Dios – Capítulos 7:4-8:18
      a) 7:4-73a – La Enumeración del Pueblo
                  7:4,5 –      La Necesidad de Ocupar Jerusalén
                  7:6-73 –    El Censo De los Repatriados

      b) 7:73b-8:18 – La Lectura de la Ley
                  7:73b-8:12 – El Pueblo Escucha La Ley
                  8:9-12 –    El Pueblo Responde con Dolor
                  8:13-18 – El Pueblo Responde Con Obediencia

a) 7:4-73a – La Enumeración del Pueblo

El pueblo había vencido los retos externos de Sanbalat. Ellos pasaron la prueba de la oposición interna de sus propios problemas. La muralla estaba reconstruida, el portón puesto. Ahora parecía que el pueblo podía descansar del trabajo físico, y de la batalla espiritual, ¿verdad?  ¡No! Más bien, lo que leemos en los capítulos 7 y 8 es que el trabajo verdadero de la restauración estaba por empezar. El pueblo había pasado por una restauración externa. Ahora les tocaba una restauración interna. Y esta restauración, como cualquier reforma y renovación interna, empieza con leer y poner en práctica la Palabra de Dios. John MacArthur dice,
“Pero el trabajo no había terminado y Nehemías lo sabía. Una ciudad es más que ladrillo y mortero, murallas y portones. Una ciudad es gente. Y si Jerusalén iba a ser la ciudad de Dios que él proponía que fuera, la ciudad que se proponía ser visitado por el Mesías, tenían que enfrentar inmediatamente la condición rota del corazón del pueblo”[5]

¿Qué hizo la mano de Dios ante esta situación? John MacArthur dice,
“¿El resultado? Jerusalén no solamente era una ciudad con una muralla impresionante; fue una ciudad habitada por un pueblo con un espíritu nuevo, resuelto a vivir a la luz de la Palabra de Dios”.[6]

¿Cómo pasó eso? De eso se trata este capítulo: El papel de la Palabra de Dios en el liderazgo cristiano. Note bien que es el papel no de Nehemías, ni del pueblo de Dios, ni ninguna otra persona o cosa. En el libro de Nehemías se trata del papel de Dios, y la Palabra de Dios. En Nehemías 7:5 – 12:6 hay muy poca referencia a Nehemías sino por referencia como gobernador (8:9; 10:1; 12:26) y en 8:10 cuando él anima al pueblo celebrar. Eso es una confirmación de lo que vimos en el primer capítulo, que Nehemías no es el protagonista de su libro, sino Dios. El enfoque no es ni en Nehemías, ni en el pueblo de Israel, sino en Dios quien es activo desde el principio hasta el fin del libro de Nehemías.


7:4,5 – La Necesidad de Ocupar Jerusalén

Ciento cuarenta años habían pasado desde el primer exilio cuando Jerusalén fue desocupada. Había áreas de la ciudad donde había tan poca gente que no podían defenderse. Nehemías se puso a resolver este problema por medio de reclutar habitantes nuevos. A eso se refiere lo que él escribe en el versículo 5, “Entonces puso Dios en mi corazón”. Es otra referencia más que Nehemías buscaba hacer la voluntad de Dios.

7:6-73 – El Censo De los Repatriados

La mayor parte del capítulo 7 es dedicada a la lista del registro. Con pocas variaciones, la lista es igual a la que se encuentra en Esdras 2:3-67. El registro que encontraron (v.5) podría haber sido el mismo que Esdras había hecho. Es la lista de los que volvieron del exilio con Zorobabel. El propósito del registro era ocupar Jerusalén como veremos en el capítulo 11. Leemos en Nehemías 8:1 que la gente venía de toda parte para estar en sus pueblos de origen para las ceremonias religiosas que debían observar cada año (Levítico 23:23-43).

Pareciera aburrido leer capítulo 7 con todos los nombres tan difícil de pronunciar. Uno podría preguntar ¿Qué significado tiene el detalle de todos los nombres? Unos comentarios lo pasan por alto.[7] Pero el hecho de que esta lista es repetida de Esdras 2:3-67 le da importancia. Lo que se nota sobre la lista aquí se podría decir también de las otras listas de nombres en Nehemías (capítulos 10,11,12).
1)   Es una muestra que Dios conoce a su pueblo personalmente.
2)   Es por medio de gente común y corriente que Dios establece y desarrolla su plan de redención y no solamente por medio de los líderes. De hecho, en Nehemías 7:70-72 veremos que es la gente común que dio de sus bienes para la reconstrucción de la muralla.
3)   La enumeración es parecida a la que se encuentra cuando Dios formó su pueblo después de su salida de Egipto (Números 1; 26; Josué 18,19). Así como formó su pueblo del pacto, así también los re-creó después del retorno de Babilonia.[8]
4)   También era una seguridad de la pureza del pueblo. El registro era una confirmación de los derechos de nacimiento. Sólo los que venían de descendencia judío tenían privilegio de ocupar Jerusalén. Note en particular que en los versículos 61 y 64, vemos que había algunos que fueron excluidos.
5)   Es una consolidación de la primera mitad del libro de Nehemías, porque nos da una lista de los que podían habitar Jerusalén. La lista sirve de preparación para la reforma espiritual que estaba por empezar. Nehemías ya había empezado prestar su atención a este nuevo enfoque.[9]
6)   La enumeración hace un enlace entre el pueblo y su tierra, sus antepasados, y su pacto con Dios para enfocarse en una continuidad histórica.[10]

¿Quiénes podían ocupar Jerusalén? Si revisamos la lista veremos que eran los siguientes: los lideres originales (vv.6,7); judíos laicos (vv.8-38); sacerdotes (vv.39-42); levitos (v.43); cantores (v.44); porteros (v.45); sirvientes del templo (vv.46-56); descendientes de los siervos de Salomón (vv.57-60). Hasta los ‘grandes’ ocuparían a Jerusalén. Según los versículos 70-72, no todos los ricos eran contra Nehemías como habíamos visto (3:5; 5:7). Aquí tenemos ejemplos de ricos que cooperaron con el plan de Dios y que seguían la Palabra de Dios como líderes ejemplares.

En el versículo 6 vemos una semejanza entre Nehemías y Esdras. Esdras empieza la reforma con oración. Eso señaló al pueblo que lo que pasaría ahora, pasaría bajo la dirección y la bendición de Dios. Pero la oración también le puso al pueblo de Dios en una actitud de anticipación. Ellos buscaban la voluntad de Dios en lo que iban a hacer. En el versículo 65 leemos que se comprometieron usar el ‘Urim y Tumim’ para discernir la voluntad de Dios sobre quiénes debían habitar Jerusalén. El ‘Urim y Tumim’ eran dados que se tiraban, uno de los métodos que los sacerdotes usaban para discernir la voluntad de Dios entre los judíos. En este caso sería por medio del Urim y Tumim que decidiría si los de antecedente cuestionable podían vivir en Jerusalén.

b) 7:73b-8:18 – La Lectura de la Ley

7:73b-8:12 – El Pueblo Escucha La Ley

La Septuaginta empieza el primer versículo de capítulo ocho con las última frase de 7:73, “Venido el mes séptimo, los hijos de Israel estaban en sus ciudades.[11] Vimos anteriormente que hay poca mención de Nehemías, pero aquí entra Esdras por primera vez en Nehemías (v.1) quien da lectura a la ley. Esdras servía a Dios desde 458 aC. (Esdras 7:1-10:44). Él era sacerdote y escriba que había venido hacía trece años. La gente lo reconocía como maestro de la ley. Se presupone que Esdras había dirigido las ceremonias anteriormente, y ahora la gente tenía mucho más razón para celebrar. Ahora estaban protegidos del enemigo dentro de la nueva muralla que acababan de haber construido.[12]

La idea era que todo el pueblo entendiera el contenido del libro de la ley. En el versículo 2 leemos, “... así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender...”. La misma frase es repetida en v. 3. Eso indica que la frase es importante. Con la Festival de Tabernáculos, esta es la gente que tenía que estar presentes (Deuteronomio. 31:10-13). La gente escuchó con atención (v.3), con reverencia (v.6), con entendimiento (v.8) y con obediencia (v.17)[13]. En cuanto a los tabernáculos, veremos más de eso en el siguiente pasaje de estudio. Esdras leyó por seis horas, “... desde el alba hasta el medio día” (v.3). En la plataforma para la lectura (v.4) estaban con Esdras trece más hombres quienes tenían la responsabilidad de mostrar su acuerdo con la lectura y posiblemente para ayudar en la lectura si fuera necesario. El pueblo estaba de pie (v.5) como símbolo de respeto y reverencia a la Ley, y como si fueran en la presencia de Dios.

Después de la lectura, o posiblemente acompañado de la lectura, sigue la explicación por medio de los Levitos. Según versículo 8, la ley fue no solamente leída, sino también fue explicada para que la gente pusiera atención no solo a la letra de la ley, sino al significado para sus vidas cotidianas. Tenía que haber explicación por varias razones que vimos en Comentario Sobre la Ley de Dios.

8:9-12 – El Pueblo Responde con Dolor

¿Cómo responde el pueblo? En el versículo 9 notamos que el liderazgo de Israel estaba unido para ayudar en la respuesta esperada de parte del pueblo. Había lágrimas, no de gozo sino de tristeza por su pecado y por el cautiverio que pasaron. Luto y duelo son parte de un corazón quebrantado. El pueblo reconoció la Palabra de Dios por lo que era: una espada de dos filos. Ellos sabían que eran un pueblo pecaminoso, perverso y sin vergüenza en la presencia de un Dios justo, misericordioso y santo.

Considere lo que Nehemías propone en el versículo 10. Él podría haber manipulado la gente directamente a la confesión y avivamiento, aprovechando la psicología corporal. Hoy en día, cuando gente responde de esa manera, líderes lo harían sin esperar. Pero Nehemías no cayó en esta tentación. El pensó que si el luto por el pecado era de Dios, no podía ser suprimido jamás. Además, Nehemías quería que el pueblo se enfocara en Dios, y que no respondiera solamente por sus propios sentimientos.[14] Leemos en los versículos 10-12 que el pueblo celebró porque se dieron cuenta que Dios es Dios no solo de justicia y castigo, sino también de misericordia y gracia. Para más celebración, véase Nehemías 12:43. El pueblo estaba a la orilla de un nuevo inicio de la renovación del pacto entre Dios y su pueblo.

8:13-18 – El Pueblo Responde Con Obediencia

Pero el pueblo también responde de manera muy concreta y práctica. Celebraron la Fiesta de Tabernáculos. Esta fiesta le hizo al pueblo recordar el tiempo en su historia cuando el pueblo vivía en tabernáculos (tiendas) durante sus 40 años de viaje en el desierto, antes de entrar a la Tierra de la Promesa. (Levítico 23:34-43). Eso fue la primera vez desde los tiempos de Josué que habían celebrado esta fiesta (v. 17).

Pero la gente quería más instrucción. Leemos en el versículo 13 que el día siguiente, un grupo recibió más instrucción. Este grupo se formó de las cabezas de familia, junto con los sacerdotes y levitas. La instrucción era para que ellos instruyeran los demás del pueblo (véase Malaquías 2:6,7). El pueblo quiso ser obediente. Derek Kidner describe la íntima relación entre ser enseñado por la Palabra de Dios y seguirla en obediencia. Él dice,
“Las regulaciones dispersas las encontraron y las siguieron con un deseo. El versículo 15 sigue la instrucción dada en Levítico 23:40ff trayendo ramas con hojas; la última oración en el versículo 17 suena con una nota de regocijo según Deuteronomio 16:13-15; y ahora (v.18) nos topamos con la lectura de la ley prescrita en Deuteronomio 31:10-13 en cada séptimo año, y de la asamblea solemne de Números 29:35.”[15]

¿Cómo es posible que la gente respondiera de esa manera? J.I. Packer lo explica de esa manera,
“El Espíritu Santo había trabajado en el pueblo, dándole un interés en Dios, una inquietud para cosas divinas, un deseo para la bendición de Dios que fue fuera de lo ordinario... el Espíritu Santo les habían movido que tomaran en serio la realidad de su identidad como pueblo de Dios, y que lo buscaran por sus vidas. Él les dio un deseo ardiente de ser enseñado por la Palabra de Dios”[16]





[1]    Báez-Camargo, G., Breve Historia del Canon Bíblico, (Mexico: Ediciones Luminar, 1980) p. 12,16,17.
[2] Malick, David, Una Introduction al PentateucoEsp: <http://www.bible.org/page.asp?page_id=3062>.
     Eng: <http://www.bible.org/page.asp?page_id=29>. Los libros dan indicaciones de que Moisés es el autor: A él se le encargó escribir datos históricos (Ex. 17:14; N?3:1-2), leyes (Ex. 24:4, 7; 34:27-fin) y un poema (Deut. 31:9, 22). Moisés se menciona como el autor en el resto del AT: (Josué:7-8; 8:32, 34; 22:5; Re. 2:3; 2 Re. 14:6; 21:8; Esd. 6:18; Dan. 9:11-13; Mal. 4:4). El NT se refiere a Moisés como el autor del Pentateuco (Mat. 19:18; Mar. 12:26; Luc. 2:22; 16:29; 24:27; Juan 5:46-47; 7:19; Hch. 13:39; Rom. 10:5).
[3] Packer, p. 149.
[4] Watts, James W., Public Readings and Pentateuchal Law From Vetus Testamentum 45/4 (1995) 540-57. <http://web.syr.edu/~jwwatts/Public%20Readings.htm>.
[5]    MacArthur, p. 64.
[6]    MacArthur, p. 74.
[7]    En su comentario, Swindoll menciona capítulo 7 brevemente en conjunto con su comentario sobre las listas encontrados en Nehemías 10 y 11.  Véase Swindoll, p. 170.
[8]  Sproul, p. 649.
[9]  Boice, p. 89.
[10]   Tollefson, p. 45.
[11]  Spence, & Exell, p. 80.
[12]  Schultz, Capítulo 16, p. 17.
[13]  Engle, Paul E., The Governor Drove Us Up the Wall, (Philadelphia, PA: Great Commission Publications, 1984) pp. 63,64.
[14]  Boice, p. 98.
[15]  Kidner, Derek, Tyndale Old Testament Commentaries: Ezra & Nehemiah, (InterVarsity Press, Downers Grove, IL, 1979) p. 109.
[16] Packer, pp. 151,156.

0 comentarios :

Publicar un comentario