viernes, 10 de junio de 2016

Respuesta Apologética al Relativismo

Jaime Morales
Extraído del libro "Postmodernidad y Juventud"

I.    Postmodernidad y Relativismo

Dice el profeta Isaías: La verdad se cae en las calles y no puede ser encontrada (Is 59:14-15). ¿Qué es la verdad? Es la pregunta que Poncio Pilatos le hace a Jesús cuando este es juzgado civilmente (Jn 18:38). Es equivalente a la pregunta que la epistemología se hace al preguntarse ¿Qué conocimiento es verdadero?. Esto nos lleva a preguntar ¿Existe realmente la verdad? ¿Se puede hablar de la verdad como algo único? Para un individuo postmoderno la respuesta a está interrogante, sería un negativo. No hay verdades definitivas, a lo sumo existen verdades parciales. La postmodernidad es la era del relativismo. Para el postmoderno todo es relativo, todo depende del ángulo en que observemos las cosas, todo depende del cristal con que se mire; y no hay un solo lente, como lo fue la Escritura en otros tiempos.

La Enciclopedia Encarta 99 nos dice que el relativismo es un término “que posee distintos significados en diferentes ramas de la filosofía. En teoría del conocimiento, se entiende por relativismo la imposibilidad de que existan verdades absolutas; al no existir éstas, sólo se puede conocer en forma relativa al contexto y circunstancia de esas verdades. En ética, el relativismo supone que no es posible considerar algo que sea bueno o malo absolutamente; es decir, que no hay referencias absolutas para la bondad o la maldad: éstas siempre dependen de determinadas circunstancias de la acción”.[1] Desde aquí, podemos ver dos grandes esferas del relativismo, una en el campo de la epistemología o teoría del conocimiento; y otra en el área de la ética o filosofía moral. Además, podemos hablar de una tercera, esfera, esta desde el campo de la antropología, cuando hablamos de relativismo cultural, según el cual cada cultura es un sistema cerrado sobre sí mismo, equiparable moral y funcionalmente a cualquier otra. Aunque realmente,el relativismo ha invadido todas las áreas del pensamiento, inclusive las ciencias exactas como la física, la lógica y las matemáticas han sido afectadas por esta forma de pensamiento. Los físicos nos hablan de la teoría de la relatividad y la física cuántica; los lógicos hoy hablan de lógica difusa (fuzzy logic), el cuál es un tipo de lógica para procesar datos inciertos; en ella, un elemento puede tener infinitas degradaciones entre verdadero y falso. Hubo una época donde dos más dos era evidentemente cuatro, hoy en día la respuesta puede ser diferente, ello dependiendo de la base del sistema numérico con el que estemos trabajando. En geometría al poner en duda el quinto postulado del sistema euclidiano, la suma de los ángulos internos de un triángulo ya no necesariamente suman 180°, sino, que está suma puede ser mayor (geometría elíptica) o puede ser menor (geometría hiperbólica).

En forma llana para efectos prácticos, podemos definir el relativismo como la creencia de que lo que es cierto para usted tal vez no sea cierto para mí, o lo que fue verdadero entonces, puede que ahora no lo sea. La verdad se vuelve una cuestión relativa respecto al tiempo, el espacio y las personas.

Con ello se pierde la habilidad de discernir entre lo bueno y lo malo. La verdad se ha convertido en cuestión de gusto, la moralidad ha sido reemplazada por la preferencia individual. Los jóvenes de hoy están creciendo en una cultura que refleja la filosofía “si te hace sentir bien, hazlo”. Su idea acerca de la diferencia de lo bueno y lo malo es inestable, algo que está sujeto a cambios, algo que es relativo, circunstancial y personal, no permanente o universal. Desde está perspectiva el infanticidio, el adulterio y el homosexualismo podrían ser buenas cosas. El límite entre la diferencia entre lo bueno y malo es casi imperceptible; todo depende de cómo miremos las cosas. Desde una perspectiva monista, que nos recuerda la filosofía oriental del Ying-Yang, el hombre es la manifestación de ambos aspectos de la deidad: lo bueno y lo malo; todo bueno tiene algo malo, y todo malo tiene algo bueno. El personaje del cómic Hellboy, y que luego es llevado al cine, es un buen ejemplo de está dualidad monista. Incluso hombres como Adolfo Hitler pueden ser buenos, ya que al asesinar a tantos libera a muchos de su deuda karmika, o desde sus ideales el nazismo fue su verdad y debe ser respetada; ya que lo único que hizo fue defender su verdad.

En el diálogo entre amigos se ha hecho común la siguiente escena. Cada contertulio presenta su opinión sobre el tema en cuestión. Las posiciones son diferentes e incompatibles entre sí. La reconciliación de conceptos se hace imposible. Antes la solución se hubiera buscado en la continuación del diálogo y en la profundización del tema hasta descubrir el concepto más cercano a lo verdadero. Hoy no. La conversación hoy seguramente terminará con la muy trillada frase: “Esto será verdad para ti, pero no para mí.”[2]

Ahora con el relativismo muchas cosas que se consideraban pecado, se empiezan a observar como “normales”. Ha desaparecido el límite entre la normalidad y la patología. Hay un extraño gusto por lo transexual; el homosexualismo y el trasvestismo se ven como cosas comunes, la psicología no lo ve ya como una parafilia sino como una nueva opción, una forma de vida alternativa. En Inglaterra una nueva ley de derechos humanos permite las relaciones homosexuales entre estudiantes mayores de dieciséis años, así como el trasvestismo en aquellos que lo deseen. A su vez, los profesores podrán ser enjuiciados si tratan de impedir a sus alumnos mayores de dieciséis años mantener relaciones homosexuales. En Estados Unidos, Bill Clinton hizo historia el 11 de junio de 1999 al decretar que el mes de junio sea proclamado como el mes de los homosexuales y lesbianas y animó a todos los norteamericanos a que "observarán este mes con programas apropiados, ceremonias, y actividades". En California se aprobó el 3 de Octubre de 2000 una ley que castigará como "crimen de odio" a todos aquellos que hablen, prediquen o escriban en contra de la homosexualidad. El 25 de abril del 2000, la legislatura estatal de Vermont formulo la "unión civil" como una clasificación legal que permite a parejas homosexuales gozar de todos los derechos y responsabilidades de las parejas casadas. En muchos estados norteamericanos y naciones se está incluyendo la homosexualidad en el curriculum de educación sexual en las escuelas primarias y secundarias, y se esta promoviendo como un estilo de vida normal y deseable. El primero de octubre del 2004 el gobierno español aprobó una reforma al Código Civil que permite a los homosexuales casarse y adoptar hijos lo constituyó un hito histórico a favor de las asociaciones de gays y lesbianas.

También otro elemento que está asombrando es la legalización de prácticas como el aborto y la eutanasia, Holanda escribió historia al convertirse este 10 de abril del 2001 en el primer país del mundo que legaliza la eutanasia al votar mayoritariamente el Senado una ley la permite bajo ciertas condiciones.

El relativismo ha afectado el concepto del pecado provocando una ausencia de  sentimientos de culpabilidad, arrepentimiento, incomodidad, remordimiento y respeto,  y más bien,  ha incrementado precisamente el llevar a cabo el acto de pecar.

Todos estos ideales nos llegan a nuestras casas en Latinoamérica a través de los medios de comunicación masiva, y hemos empezado a emular el mismo tipo de comportamiento. El relativismo que viene de Europa y Estados Unidos cada vez se ve más imitado por los hispanoamericanos. Observamos por los medios en forma casi abierta sin ningún tipo de censura los videos de las “TATU girls”, un dúo ruso de dos jovencitas con aspecto de lolitas que salen abiertamente besándose en la boca, las cuáles quieren transmitir en sus canciones y videos musicales su supuesto lesbianismo y criticar a la sociedad que las “margina”.  Las series televisivas, películas y telenovelas reproducen personajes gays, travestis, y cuanto sujeto sui generis transexual les puede pasar por sus mentes.

Félix Ortiz menciona algunas implicaciones del relativismo[3]:
  • Como mucho podemos aspirar a conocer partes de la realidad.
  • Como mucho, nuestras creencias deberían ser consideradas en un estado de precariedad, ya que son únicamente teorías temporales.
  • Todas las afirmaciones son hechas en base a la fe. Por tanto, ninguna afirmación puede tener una prioridad, precedencia o superioridad sobre otra.
  • Cualquier afirmación de poseer la verdad con mayúscula es totalmente ridícula.
  • Quien intente imponer sus puntos de vista sobre otro es un ser despreciable.
  • La tolerancia se convierte en la principal virtud social.

Cada una de estás implicaciones nos ofrece grandes retos para la pastoral juvenil evangélica. ¿Cómo hablar de la veracidad del Evangelio, cuando es considerado una verdad parcial? Decir que tenemos la verdad es para muchos ridículo, y se queremos difundir la Verdad que Dios nos llamado a transmitir a toda criatura, somos seres despreciables e intolerantes.

No hace demasiado tiempo la mayoría de las personas en los países de cultura occidental sabían con total y meridiana claridad qué era correcto y qué era incorrecto[4]. Ahora ha desaparecido el consenso cultural. El consenso cultural occidental fundamentado sobre las bases del cristianismo se ha derrumbado, sus pilares fueron destruidos y el edificio se vino abajo. Ya la gente no sabe lo que es correcto, o depende de puntos de vista.

Un ejemplo de esto se puede observar en la película “Avión Presidencial” (Air Force One) en la cuál el presidente dice hacer lo correcto – una afirmación de absoluto. El terrorista le pregunta a la hija del presidente sobre cual es la diferencia entre él y su padre, si ambos han asesinado personas. Aquí vemos dos puntos de vista totalmente distintos, donde ambos creen hacer lo correcto. Para los islámicos los pilotos que chocaron contra las torres gemelas del World Trade Center eran héroes mártires, para la mayoría de occidentales asesinos.

Es lo que llamamos desde la antropología, el relativismo cultural. La verdad depende de la cultura en que se nace. Por ejemplo, los derechos humanos es un concepto occidental; por lo que no tiene sentido luchar contra problemas como la circuncisión u oblación femenina; la muerte de niñas en algunas culturas orientales; las prácticas deshumanizantes hacia las mujeres de la cultura musulmana; entre muchas otras; porque ello está mal sólo dentro de la cultura occidental, por esto se debe respetar y tolerar estas tradiciones y costumbres del mundo oriental.

La fuerza se convierte en el único remedio para resolver los conflictos entre los valores sostenidos por grupos diferentes cuando estos valores son enfrentados o contradictorios. La fuerza hace que el ganador esté en lo correcto y el perdedor en lo incorrecto. Se convierte pues en una auténtica ley de la selva. Un imperio del más fuerte[5]. Mucho de esto es lo que hemos visto en las cruzadas y “guerras santas” entre las grandes potencias occidentales y el mundo musulmán.

Al respecto y de manera profética Francis Schaeffer, el gran filósofo cristiano, en fecha tan temprana como el año 1984 escribió lo siguiente en su libro El gran desastre evangélico:

No existe una edad de oro en el pasado que podamos idealizar –Ya sea en los años tempranos de los Estados Unidos, la Reforma o la iglesia primitiva. Pero hasta hace muy pocas décadas existía algo que correctamente podía ser denominado un consenso cristiano que dio de un modo definitivo una forma distintiva a la sociedad occidental y a los Estados Unidos. Ahora, ese consenso se fue para siempre y las libertades que trajo se destruyen ante nuestros ojos. Estamos en un tiempo en el que el humanismo está llegando a su conclusión natural en moralidad, valores y legislación. Lo único que la sociedad tiene hoy en día son valores relativos basados en resultados estadísticos, o la decisión arbitraria de aquellos que tienen el poder político o legal[6].

II.    El Relativismo y la Iglesia

El relativismo es una de las corrientes que más difícilmente ha penetrado en la iglesia latinoamericana, que siempre se ha caracterizado por su moral conservadora. A excepción de algunos “cristianos” influenciados por teologías liberales, la gran mayoría de cristianos, son en muchos lugares identificados como el grupo que no fuma, no toma licor, no escucha música secular, etc. Una definición del perfil cristiano más prohibitiva que positiva; lo cuál tiene sus pros y sus contras.  Así que es más bien en las nuevas generaciones cristianas que podemos ver mucho más claro el influjo de las posturas relativistas.

Uno de los aspectos donde vemos fácilmente la influencia del relativismo es en el concepto de familia. La cultura postmoderna ha derribado los esquemas de pensamiento predominantes, ha derrumbado las grandes estructuras tradicionales. Así podemos hablar de familias alternativas. Ya no es raro considerar una familia a tres hombres homosexuales viviendo juntos. Josh McDowell en su libro “Es bueno, es malo” nos sorprende con la definición de familia que dan los jóvenes cristianos norteamericanos en una investigación, estos en su mayoría (60%) definen una familia como “los que lo aman profundamente a uno o a quienes uno ama” con este nuevo concepto de familia se pueden englobar las parejas que viven en unión libre y las uniones homosexuales como familias legítimas[7].  Se han resquebrajado los mismos cimientos de la sociedad, incluso relativizando la estructura social primaria, la misma familia.

Los muchachos están confundidos en cuanto a sí existe una verdad absoluta y quién la determina. Su incertidumbre radica en que desconocen cuáles son las verdades absolutas y lo que hace que sean absolutas. En consecuencia, están tomando decisiones basadas en las circunstancias, optando por lo que parece la mejor alternativa del momento, sin referirse a ningún conjunto fundamental de preceptos o principios básicos que guíe su comportamiento.

Hace un tiempo una adolescente de mi iglesia me preguntaba, porque los cristianos discriminábamos tanto a los homosexuales; ella decía “ellos tienen derecho a vivir así”. Por otro lado, adolescentes evangélicos dicen que copiar en un examen es “ser solidario con los compañeros”; realmente ellos no lo ven como deshonestidad. Y es que muchas de estás prácticas se han vuelto tan habituales, que ya no se ven como pecado. Cuando yo era un joven de dieciocho años e iniciaba mis estudios teológicos realmente quede pasmado al observar como un compañero, el cual era pastor de una iglesia, estaba copiando mis respuestas en un examen del Instituto Bíblico. ¿Cómo es posible que pastores de la grey preparándose para la obra del Señor en una institución teológica no caigan en cuenta de lo pecaminoso de este acto y sean tan inconsistentes con los requisitos que demandan su llamado? 

Los adolescentes ya no ven como pecado ciertas caricias sexuales como tocar los senos de una jovencita, acariciarse los genitales o incluso el tener relaciones sexuales con su pareja de noviazgo. Según la investigación antes citada realizada por Josh McDowell y sus colaboradores, el 36% de los jóvenes creyentes encuestados dicen que es moralmente aceptable que las personas acariecien los pechos o se dejen acariciar, el 33% lo ha hecho; el 29% considera que es moral acariciar los genitales; el 25% admite haberlo hecho; el 20% aprueba las relaciones sexuales fuera del matrimonio; el 15% las ha tenido[8].

Muchas cuestiones que la iglesia tradicionalmente ha visto como pecado son puestas en entredicho por los adolescentes. Muchas veces teniendo ellos razón, muchas veces estando equivocados.

La iglesia en esto ha caído nuevamente en la ley del péndulo. Estamos muchas veces en el otro extremo. Hemos caído al creer que no todo es relativo a creer que no hay nada relativo. Y si hay cuestiones relativas. Hemos reaccionado contra la afirmación de que no existen absolutos, a absolutizar cuestiones que son relativas. Muchas veces en vez de promover principios bíblicos, queremos promover convencionalismos sociales de la cultura evangélica. No todo es blanco o negro, hay grises; pero aún existen los tres: blanco, negro y diversas tonalidades de gris. Ambos elementos coexisten.

El absolutismo de la modernidad se ha casado con el evangelicalismo tradicional. El hecho de que creamos ciertas cosas no significa que ellos también las crean y mucho menos que nuestros argumentos sean realmente bíblicos. No estoy hablando de cuestiones donde la Biblia afirma un absoluto, sino en aquellas donde he hecho mi propia vivencia como pastor o líder un absoluto. Un pastor predicaba que “si se tiene una novia es para casarse” y lo afirmaba categóricamente como una verdad a ser cumplida, cuando el noviazgo no es un fenómeno bíblico, sino un invento del siglo XX. Otro pastor me decía con respecto al baile que eso era malo, su argumento era “yo recuerdo que cuando yo iba a bailes en la adolescencia, lo que buscaba era ver que le podía tocar a la muchacha”, haciendo de su vivencia un absoluta. Otro pastor predicaba “Usted, joven hermano. No sabe lo que siente un hombre cuando una mujer lo abraza, y siente los senos de la joven en su pecho”, exhortando a las adolescentes de la iglesia ha no abrazar a los adolescentes. Es cierto que el hombre es más sensible, la relación de testosterona es 1 a 20, pero, nuevamente muchas veces desde el púlpito absolutizamos nuestra vivencia como si fueran argumentos de peso bíblico. 

En muchas cosas queremos imponer nuestra creencia como si fueran un absoluto cuando la evidencia muestra la relatividad del asunto. En algunos países europeos tomar café es pecado, en cambio los latinos somos buenos consumidores de está bebida. El consumo de cerveza es normal en cristianos alemanes, el consumo de vino en cristianos franceses; y para nosotros ello es pecado. Tengamos claro si existen verdades absolutas, pero también existen cuestiones en este mundo que son relativas.

III.    Respuesta Pastoral y Apologética al Relativismo

El relativismo habla de la imposibilidad de las verdades absolutas; y mucho menos una Verdad con mayúscula. En esto el cristianismo se sale de la línea al pregonar a viva voz que sí existe una Verdad y que es absoluta. Dios es la Verdad Absoluta y esa Verdad es reflejada por medio de su Palabra revelada a través de las Sagradas Escrituras. Ante los interrogantes de los jóvenes creyentes podemos afirmar que sí existe la verdad absoluta; esta supone dos cosas: que lo verdadero en un tiempo y lugar es verdad en todo tiempo y lugar, y que lo verdadero para una persona es verdad para todas las personas. Hay una verdad absoluta que depende del único ser al que podemos llamar el Absoluto, es decir, la verdad absoluta depende exclusivamente de Dios. Jesucristo afirmó en Juan 14:6: "Yo soy la Verdad". Dios es la Verdad Absoluta Máxima y quién define las verdades absolutas.

Ahora, debemos aclarar que existen cuestiones que son relativas - especialmente, algunas culturales - pero, no todo es relativo, existen los absolutos; debemos enseñarles a las chicas y chicos que hay relativos, y enseñarles a ser críticos para que estos puedan discernir las cuestiones relativas de las absolutas. Dice el profeta Isaías “!!Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! (Isaías 5:20).” La Palabra nos exhorta a seguir lo bueno y desechar lo malo (Ro 12:9; 3 Juan 1:11; 1 Ts 5:16-17). 

Por ello, los valores deben ser enseñados partiendo de la naturaleza y carácter divino, deben fundamentarse en la semejanza a la imagen de Dios, en la suprema meta del cristiano el ser como Cristo; y estos, deben ser enseñados desde la infancia a los miembros de nuestra iglesia, tomando como principal modelo de estos valores el hogar mismo.

Debemos estar agradecidos que los cristianos si tenemos quién defina los valores correctos y este es el Dios Supremo que se ha revelado a sus criaturas a través de las Sagradas Escrituras. Ahora, no quiero decir, con esto que ante la pregunta de ¿Por qué cierto valor es un absoluto? Debemos responder simplemente: "Porque la Biblia lo dice"; sino, más bien, "Por qué Dios es así". Por ejemplo, debemos ser honestos porque Dios es Verdad; debemos huir de la inmoralidad sexual porque Dios es amor, es puro y es fiel; y así hay un sin número de ejemplos. En conclusión, hay que enseñar a los niños y jóvenes ha discernir claramente lo que es bueno y lo que es malo a la luz de la naturaleza de Dios; son las características del Ser Divino las que definen la verdad absoluta. Esto es un reto para la iglesia, y debemos enfrentarlo confiando en que Dios cuida de su iglesia y su Espíritu Santo está con nosotros.

También evaluemos lo que creemos, que tanto de ello parte de la Biblia, y que tanto es resultado de la propia vivencia. Enseñemos realmente la Biblia y no reproduzcamos sencillamente convencionalismos sociales de la cultura evangélica. Dios es el que define lo bueno y lo malo, no lo define la iglesia, y mucho menos los pastores o líderes de jóvenes; la Palabra de Dios es la máxima autoridad, no la palabra del pastor. Recordemos, el salmo dice “El Señor es mi pastor” no “El pastor es mi señor”. Tengamos cuidado en no imponer nuestros tradicionalismos poniendo más peso a los jóvenes de lo que demanda nuestro Dios y seamos como los fariseos (Mt 23:4).

Apologizemos el relativismo, demostremos la falsedad de está ideología. La misma afirmación “todo es relativo” es una afirmación de un absoluto, la misma frase cae por su propio peso.  Geisler nos dice “si el relativismo fuera cierto, entonces debe haber algo respecto a lo cual todas las cosas son relativas, pero que no sea relativo en sí mismo. Algo tiene que ser absoluto antes de que podamos ver que todo lo demás es relativo a eso”.[9] Hay que reconocer que nuestra moralidad surge en un Absoluto superior a nosotros, esto es evidencia de la existencia de Dios. Hay cuestiones que son universalmente reconocidas como malas, por ejemplo, la crueldad hacia los niños, la violación, el asesinato, etc; esto supone que un Ser Superior definió estos principios morales que rigen a la humanidad. Esto es lo que se conoce como “argumento axiológico” de la existencia de Dios. Dios nos ha creado Imago Dei, y el ha puesto su moralidad en nosotros, nos ha comunicado sus perfecciones, sus atributos. Si no hay absolutos no hay ética, ¿Cómo podemos juzgar entonces como cruel la práctica de la oblación femenina?, ¿Cómo podemos afirmar que Osama Bin Laden es un hombre malvado? ¿Cómo podemos decir que vender a nuestros hijos como esclavos es una práctica cruel? No podríamos afirmar nada porque todo dependería del cristal con se mirará.  Cuando los postmodernos pluralistas defienden su “tolerancia” lo están haciendo un valor absoluto, pero ¿como la tolerancia es un valor absoluto, si todo es relativo?. Todos estos son argumentos que demuestran que el relativismo como posición filosófica no puede ser sustentado.

Conclusión
         No todo es negro o blanco, existen los grises; pero aún así sigue existiendo el negro y el blanco. Existen los absolutos pero también existen los relativos. Los absolutos los define Dios, los relativos el ser humano dependiendo de su propio contexto y cultura. No debemos caer en el extremo de absolutizar todo pero también no debemos caer en el extremo de relativizar todo. Tengamos esto muy claro como líderes de jóvenes que muchas veces queremos absolutizar lo que creemos casi elevándolo a la revelatio dei, sin reconocer que hay cuestiones relativas. Por otro lado, enseñemos a los chicos a reconocer en su vida al Absoluto, el Gran Alfa y Omega, y principio de todas las cosas. 


[1]"Relativismo (filosofía)", Enciclopedia Microsoft® Encarta® 99. © 1993-1998 Microsoft Co.
[2] Martinez, José. La Verdad sobre la verdadhttp://www.menteabierta.org/html/articulos/ar_laverdad.htm

[4] Idem. 
[5] Idem.
[6] Ortiz, FélixPostmodernidadhttp://www.paralideres.org/sections/section_139.asp
[7] McDowell, Josh. Es bueno, es malo, pp. 313-314.
[8] Ibíd. p. 289.
[9] Geisler, Norman y Brooks, Ron. Apologética, p. 332.

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