jueves, 2 de junio de 2016

Respuesta Apologética al Individualismo


Jaime Morales
Extracto del libro "Postmodernidad y Juventud"

I.            Postmodernidad e Individualismo

La sociedad postmoderna es la época del individualismo, una época donde lo que importa es la propia felicidad, el propio bienestar, el bien de mí mismo, y no el bien común; ya no se busca el bien colectivo, sino el autocomplacerse y el autobeneficio. Al ser uno mismo la prioridad, no se deja lugar para los demás, a menos, por supuesto, que le traigan algún tipo de beneficio. La era del “yo-yo”, primero yo, después yo y luego yo; donde el individuo se preocupa solamente de sí mismo y se olvida de las otras personas. Todo esto sumado al anonimato urbano donde la persona es reducida a un número, a la masa, promueve un individualismo insano que margina a nuestros jóvenes.

Hoy en día, una de las profesiones que se encuentra en boga, es la de la psicología; hay un verdadero, auge de psicólogos, consejeros, orientadores, y profesiones similares; esto debido a que nadie quiere escuchar los problemas de los demás. La mera verdad es que al ser humano postmoderno el prójimo no le interesa. Su frase preferida al hablar de los problemas de otros es “es su problema, que lo resuelva el mismo”. Pero sí quiere que escuchen sus problemas, a veces por la simple catarsis, de ahí la primacía de los sistemas rogerianos.

         La época moderna se caracterizo por seguir el ideal de Prometeo. Un titán de la mitología que enseña a los hombres a construir casas con ladrillos, trabajar la madera, conocer las estaciones, los números y las letras, entre otras cosas; este al robarse una parte del fuego que los dioses rehusaban al hombre, es castigado por los mismos. En cambio, la época postmoderna sigue el ideal de Narciso, el hombre que enamorado de sí mismo rechaza el amor de la ninfa Eco, y cuyo castigo divino fue el morir de la angustia de desearse a sí mismo. Cuanta diferencia hay entre ambos ideales. La sociedad posmoderna le ha dado un espejito a cada habitante para que viva su vida preguntándose "espejito, espejito ¿quién es el mas bonito?". Ya no se mira a través del vidrio del amor al prójimo sino que se mira en el espejo del narcisismo. Este afán de presumir ante los demás ha llevado al hombre a sucumbir ante el consumismo y el imperio de la moda.

El culto al cuerpo surge como consecuencia del narcisismo, convirtiéndose en uno de los más altos valores de la época postmoderna. “El cuerpo ya no es – como pensaba Santa Teresa – la cárcel del alma, sino la totalidad de la persona”[1]. Se ha asumido una postura reduccionista del valor del ser humano al reducirlo solamente al cuerpo; una postura básicamente corporicista. Las personas ya no se definen por su existencia, sino por su apariencia. Lo importante hoy no es “ser” sino “parecer”. Mostrar un buen look. Es más importante lo de afuera que lo de adentro. Vivimos en la sociedad de la apariencia, en el imperio de lo efímero[2]. Hay una obsesión por lo atlético, el maquillaje, la apariencia. Las revistas que leen los adolescentes contienen múltiples consejos sobre como maquillarse, vestirse, alimentarse, etc. Abundan los mensajes publicitarios que nos venden productos “light”, “in line”, macrobióticos, pastillas, máquinas y un sin número de métodos para adelgazar y “estar en forma”. 

Además de ello, ha surgido una sociedad adolescentizada, donde se ha colocado al adolescente como un modelo a seguir. La publicidad ha hecho del cuerpo del y de la adolescente el ideal; la estética se ha definido en términos de la adolescencia. La forma de vida del adolescente se ha convertido en la ideal, sin las muchas responsabilidades que conlleva el ser adulto, y sin las limitaciones de ser un niño. Una etapa con muchas libertades y muy poca responsabilidad. Los niños, por tanto, ansían llegar a esta etapa, los jóvenes de hoy en día buscan mantenerse todo el tiempo posible en ella, y los adultos buscan regresar a ella imitándoles en lo más posible. Hoy en día encontramos a muchas personas que a los treinta años no han podido independizarse ni tener un proyecto de vida. La brecha generacional ya casi ni existe, debido a que los padres se están comportando y vistiendo igual que sus hijos; en consecuencia, los muchachos tienen una ausencia de modelos de referencia con quiénes identificarse en la búsqueda de la síntesis propia de la identidad individual, lo que ha resultado en una imitación y casi clonación, sin elaboración propia, sin estilo personal. Lo que más hace sufrir a los adolescentes es ver que los padres tratan de vivir a imagen de sus hijos y quieren hacerles la competencia, ellos entonces se ven obligados a ser padres de sí mismos, sin tener la preparación para autocontrolarse en medio de tanta libertad y dejando a la televisión como su única fuente referencia.
              
Los medios de comunicación por su parte han contribuido a construir un hedonismo superlativo en torno a la imagen. Las atletas, las heroínas de televisión son adolescentes y sobre todo las llamadas "lolitas", modelos que, en su mayoría, tienen menos de 16 años. Estas son el paradigma de la imagen femenina vendida desde los medios. Se exalta la delgadez. Las revistas están plagadas con fotos de mujeres con cuerpo adolescente y recomendaciones de dietas para tener la cintura ideal. Recuerdo haber leído, ya hace unos años, que Valeria Mazza - la modelo más destacada de Argentina en los '90, con medidas 88-60-90 fue excluida de un desfile por "gorda".[3] Hasta se ha cambiado la imagen de las muñecas barbies, hace algunos años estás muñecas tenían cuerpo de adulta con figuras bastante esbeltas, hoy en día más bien se asemejan al cuerpo de una adolescente.

Se nos dice que hay que cuidar la imagen, y lo cierto es que la estética ha llegado a ser el factor fundamental en la valorización de un individuo. Rolando Pisanú, conocido como el cirujano de las modelos en los '90, dice: "Es muy común que vengan chicas de 16 y 17 años con fotos de modelos de tapa o televisión y pidan esa nariz, las "lolas" de esta actriz o la boca de aquella otra.". La imagen, con su versión de "belleza", ha postergado otros valores culturales, intelectuales, espirituales y hasta biológicos, ya que muchas veces esa búsqueda de una apariencia perfecta se torna una agresión a la salud[4].

Este culto a la apariencia tiene efectos devastadores en los adolescentes de nuestras iglesias. Primero, porque muchos de ellos caen en la idolatría a la apariencia buscando verse mejor por medio de modas, ejercicios, medicamentos, dietas y productos estéticos. En segundo termino, porque la adolescencia es una época de grandes cambios, y muchos jóvenes no saben cómo asumirlos. Muchos aceptarán su imagen pero otros la rechazarán; algunos se sentirán horribles, torpes, deformes más aún en está sociedad corporicista.

Ha algunos el cambio del tamaño de su cuerpo los hará sentirse torpes, al haberse dado el “estironzazo” y aún no estar acostumbrado a manejar las nuevas proporciones; a otros el acné les hará sentir como que en vez de cara tienen una gran espinilla, las niñas púberes pueden tender a pensar que son demasiado obesas, muchas se preocuparán porque son muy “planas” y otras porque sus amigos las molestan de tener muy buena “pechonalidad”, sintiéndose casi como si fueran “vacas lecheras”; a los adolescentes varones, por su parte, les preocupa mucho también el ser muy flacos, o muy gordos, y como siempre está en muchos el complejo del pene pequeño; más si se comparan con los sujetos de las revitas pornográficos que tienen miembros de proporciones exageradas. Estos comentarios que a algunos les pueden resultar algo exagerados, no son fruto de mi imaginación sino de mi experiencia en el trabajo con adolescentes.

Otro aspecto que puede causar algún tipo de perturbación es la maduración temprana o tardía en los adolescentes. El adolescente tiende a querer ser igual a su grupo de pares y si su desarrollo es más pronto o después de lo usual puede generarle toda una gama de sentimientos que difieren entre chicos y chicas. Según las investigaciones los varones que desarrollan más rápidamente, tienden a madurar más rápido, son populares, tienen una más sana autoestima, son más equilibrados, calmados y tienen un mayor liderazgo. Esto tiene la ventaja de fortalecer su autoestima, ser mejor en los deportes y mayormente atractivos para las chicas. La desventaja que presenta esto es que se les exige que actúen con la madurez que aparentan y tienen poco tiempo para prepararse para los cambios de la adolescencia. Los hombres que maduran más tarde se sienten desadaptados y rechazados, dependientes, agresivos, inseguros, con baja autoestima y rebelan en mayor forma contra los padres. Pueden comportarse por más tiempo como niños y no tienen que afrontar las exigencias de la adolescencia, pueden ser más flexibles a la hora de enfrentar el problema de ser más pequeños. A diferencia de los varones en la mayoría de los casos a las adolescentes no les agrada madurar temprano, ellas son más felices si su maduración se da en el mismo momento que el resto de sus amigas. Las chicas que maduran más pronto son menos sociables y expresivas, son equilibradas, introvertidas y tienen baja autoestima. Los adultos pueden tratarlas con rigidez y desaprobación y otros adolescentes la pueden someter a presiones sexuales para las cuales no está preparada. Puede unirse a jóvenes mayores y ser más fácil presa de manipulaciones. Tienen más bajos logros educativos y ocupacionales; aunque esto está muy relacionado con el contexto general que rodea el ambiente social de la joven[5].

Querer ser más alto o musculoso, o tener unos senos y cadera proporcionados pueden generar muchas inquietudes para los adolescentes. No es de extrañar ante todo este panorama que los y las adolescentes caigan en patologías como la anorexia, la bulimia, la vigoretxia y la ortorexia; ya que se les exige mantener una imagen estética acorde al patrón idealizado, donde el obeso es obsceno y el muy delgado “cadavérico”.

Los ancianos antes visto como personas llenas de sabiduría, hoy en día son percibidos como estorbos. Hay una imagen y estereotipo negativo con respecto a la vejez, la cual ha sido asociada con dependencia, enfermedad, aislamiento, y decrepitud entre otros. Peor aún, si hablamos de personas que tienen defectos físicos como la parálisis, el síndrome de Down, entre otros. ¿Cómo los percibe la sociedad de la apariencia?.

De este culto a la apariencia se deriva la veneración hacia las personas célebres. De las celebridades hacemos verdaderas apoteosis, así como los paganos de antaño. La apoteosis era para los griegos y romanos el acto por el cual se elevaba un mortal al rango de los dioses.

El adolescente postmoderno es llamado a celebrar a las personas celebres, quiere parecerse a ellos, los imita y los usa como modelos, sigue sus vidas y los idolatra. Es la época del sensacionalismo relacionado con las celebridades, la Generación MTV[6]. No es extraño que los programas “Reality Show” como el llamado “Big Brother” tengan tanto rating en la cultura hispana, que los paparazzis nos inunden con fotos de la vida privada de las celebridades y abunden notas acerca de las intimidades de los individuos de la farándula en los medios de comunicación.

Inclusive han surgido verdaderos cultos a las celebridades como la llamada Iglesia Maradoniana, la cuál casi deidifica al astro del fútbol argentino Diego Armando Maradona, teniendo sus diez mandamientos, sus apóstoles, sus herejes, e incluso hablan de años D.D. (después de Diego).

Aún  en medio de todo este culto a las celebridades subyace la verdad que son solamente ídolos pasajeros, ya que prevalece la envidia narcisista del individuo postmoderno, donde lo importante es sí mismo y no los otros.

Las sectas por su parte, aprovechando está idolatrización de las celebridades se promueven por medio de sus personajes famosos. Un ejemplo de ello es la cienciología, que utiliza a adeptos como las actores Tom Cruice, John Travolta y el cantante Chick Corea para cultivar su imagen; así Tom Cruice inaguró en setiembre del 2004, con un espectáculo digno de Hollywood, la sede española de la Iglesia de la Cienciología en el centro de Madrid. Cruise dijo ante cientos de seguidores de esta secta que la desesperanza en la que había caído por conflictos personales y laborales la superó "hace 20 años, cuando encontré la Cienciología", aseguró que en esta iglesia había encontrado "soluciones" a los problemas de su vida, que le ayudó a hallar la felicidad y que "todo lo que he conseguido en la vida, como hombre, padre y artista, ha sido gracias a la Cienciología".

II.         El Individualismo en la Iglesia

¿Es posible que esta ola de individualismo este afectando la iglesia? Mi respuesta es positiva. En la iglesia contemporánea hay mucha indiferencia ante las necesidades de los otros, es notable la indolencia de las personas por el dolor ajeno; por ejemplo, en muchos países latinoamericanos ya es normal ver las noticias de farándula y las de masacres como si fueran lo mismo. Nos hemos acostumbrado tanto a la dosis sensacionalista de los diarios y noticieros, que más que experimentar dolor por el ser humano, lo que sentimos es un morbo pecaminoso o una indiferencia ante la realidad ajena.

El transformar la sociedad no es siquiera buscado y el evangelismo pierde fuerza dado que el individualismo ha provocado que los demás no sean importantes. Lo importante somos nosotros mismos, el crecimiento propio y nunca las almas perdidas. Queremos que las almas lleguen a la iglesia, no queremos ir a las almas. Somos una fuerza centrípeta y no una fuerza centrífuga. 

Se nos ha olvidado nuestro llamado a ser “luz y sal” (Mateo 5:13-16). Atrás han quedado los días donde los creyentes luchaban por erradicar los males de la sociedad, como la esclavitud, los vicios, etc. Donde quedo el legado de los grades cristianos como el pastor alemán Dietrich Bonhoeffer que murió ejecutado por participar un complot contra Hitler, como el evangelista Billy Sunday en su lucha contra el licor en los Estados Unidos, Wilberforce y su participación en la abolición del tráfico de esclavos, los misioneros como Willian Carey oponiéndose a las costumbres de la India de lanzar niños al Río Ganges y de quemar a las viudas en la pira fúnebre con sus esposos, entre muchísimos ejemplos históricos.

Ahora, quedamos pasmados cuando nos damos cuenta que megaiglesias y grandes denominaciones ofrendan sumas casi ínfimas, a las misiones transculturales. El porcentaje anual ofrendado en muchas iglesias a las misiones es tan pequeño que pocas veces alcanza el 1% de las entradas de muchas congregaciones. ¿Dónde queda el llamado a ser luz a las naciones?. ¿Cómo vamos a llegar hasta la último de la tierra, cuando ni siquiera llegamos a nuestra Jerusalén? (Hch 1:8). El evangelismo  y la misión de la iglesia en todas sus dimensiones ha decaído.

Hemos estado hablando de los perdidos, pero también podemos observar está realidad cuando hablamos de nuestros hermanos. Hay megaiglesias donde el anonimato abunda, donde el individuo entra y nadie le saluda, nadie le conoce y nadie se interesa por él. La persona ha llegado a ser solamente un número, importante únicamente, para las nuevas estrategias pastorales de iglecrecimiento. Hemos muchas veces llegado a reducir a las personas solamente a números, sin darnos cuenta de su valor integral.

Preguntémonos, ¿Estamos realmente intercediendo en nuestras oraciones por los otros, o estamos tan insertos en orar por nuestras propias necesidades que olvidamos las de los otros? ¿Oramos por nuestros hermanos, vecinos, familiares y amigos? ¿Estamos orando por nuestros gobernantes? ¿Oramos por aquellos que son víctimas de desastres naturales, guerras, terrorismo u otras desgracias humanas? ¿O pasamos impasibles ante las necesidades de los otros, y ni siquiera podemos elevar una plegaria al cielo intercediendo por nuestro prójimo?

Por otro lado, la iglesia también está influenciado por el culto a la imagen y a las celebridades. En vez de invertir en misiones y proyectos de acción social, invertimos en aire acondicionado, proyectores de video, tecnología y cuanta necesidad ficticia nos ha creado la sociedad postmoderna. La iglesia busca verse atractiva, tener una buena imagen para que la gente se sienta cómoda, para atraer a las almas perdidas, haciendo del evangelio solamente un “look” para satisfacer a las personas, muchas veces con el ideal de poder competir ante los otros, en este mundo de mercadotecnia, en el cuál también ha entrado la iglesia. La iglesia sigue creciendo pero por parecer atractiva, no por permanecer fiel al mensaje original del Evangelio de Jesucristo.
 
Hay megaiglesias concentradas ante un líder carismático. Se llenan estadios completos en las famosas cruzadas con los evangelistas y predicadores del momento. En vez de seguirnos las señales como evidencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, se ha alterado el orden y ahora nosotros seguimos las señales. Donde vemos un líder carismático que le siguen señales y prodigios, ahí va la iglesia a escucharle. Hemos engrandecido a muchos predicadores, convirtiéndoles en “grandes siervos de Dios” en vez de llamarles “siervos del Gran Dios”.

         Seamos sensibles, y tomemos conciencia de cómo las filosofías de la postmodernidad han penetrado hasta las mismas entrañas de lo que llamamos el cuerpo de Cristo: La iglesia. Pongamos nuestras barbas en remojo, arrepintámonos y pidamos perdón por la iglesia que somos cada uno de nosotros, los que se nos ha dado el privilegio de ser llamados hijos de Dios.

III.       Respuesta Pastoral y Apologética al Hedonismo

El individualismo no es otra cosa que el pecado de egoísmo y la indeferencia. El yo va al encuentro del tú para volver al yo. El otro es solamente mi satélite. El individualista no será capaz de decir “nosotros” porque para el sólo existe el yo. El individualismo es la negación del amor - el valor principal del cristianismo y su gran mandamiento (Mt 22:39), el principal fruto del Espíritu (Gá 5:22-23), la esencia de Dios reflejada en la imagen y semejanza de sí mismo que Él nos ha dado (1 Jn 4:7-8)-. Recordemos el texto Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (RVR). Si somos cristianos debemos amar a nuestro prójimo, demostrar ese amor ágape que el ha implantado en nuestros corazones, el amor de 1 a los Corintios, capítulo 13.
En el amor ágape el yo va al encuentro del tu para llegar al nosotros. Este amor como capacidad de donación, supone entrega; pensar primero en el otro. Dovstoievsky decía “amar es querer a la otra persona tal como la piensa Dios”, tenemos que mirar a los otros con los “ojos de Dios”, y reflejar ese amor cristiano, cuya palabra en latín es charitas, de donde viene nuestra palabra castellana “caridad”.

El amor en las Escrituras no es solamente una expresión de un sentimiento o una emoción, sino que en la cosmovisión bíblica las palabras referidas a estados interiores connotaban siempre al mismo tiempo, su correspondiente expresión exterior. Así, el amor la cuál nuestra sociedad occidental la relaciona con un estado de ánimo, tiene una connotación diferente para las culturas de la cuenca del Mediterráneo del siglo I. Así, la expresión amar a Dios se puede parafrasear como tener apego a Dios, o estar entregado a Dios. Puedo o no haber afecto, pero lo que realmente implica el amor es el sentimiento interior de adhesión junto con la conducta exterior que lleva consigo esa adhesión. Así, amar a Dios con todo el corazón, significa adhesión total a él con exclusión de otras divinidades; el amar al prójimo como a uno mismo, implica estar vinculado a la gente del vecindario, a la gente de mi ámbito social, lo mismo que a la propia familia. En correspondencia “odio” significaría desadhesión, falta de apego, indiferencia y por tanto, lo que hoy llamamos individualismo[7]

Se debe solidarizarse con los necesitados y sobretodo demostrar un testimonio cristiano real dado que las personas no quieren doctrina quieren hechos, quieren observar personas que realmente vivan el Evangelio. Jesús realmente demostró con sus acciones y su vida la caridad, la compasión y la misericordia que nosotros como creyentes debemos vivir (Mt 6:34; 14:14; 15:32). Realmente nos interesan los perdidos, ¿queremos evangelizar las prostitutas? ¿los homosexuales?. A veces nos topamos a una persona con no muy buena apariencia física en la calle, y lo primero que pensamos es en nosotros, nos preocupamos de que nos pueda asaltar, y nunca sentimos misericordia o compasión como lo haría nuestro Maestro.

Hoy como creyentes debemos fomentar el sentido de bienestar social y enseñar que definitivamente cada uno "es guarda de su hermano" (Gn 4:9), como creyentes debemos preocuparnos por los demás, por aquellos que están en necesidad. El modelo compasivo de Jesucristo debe llevarnos a la acción, a poner en hechos el don del servicio cristiano.

Por otro lado, ante el énfasis de la apariencia, debemos argumentar una antropología bíblica más integral. El ser humano es una unidad esencial, no es puramente biológico; sino es un ser material y espiritual a la vez; tiene cuerpo y alma. Somos criaturas con un cuerpo material y un alma no material. Distinguimos entre cuerpo y alma pero no lo separamos, esto sería un dualismo. El separar el cuerpo del alma es un ideal maniqueo y de corrientes helenistas. Los maniqueos – una secta del siglo tercero - creían que el espíritu del hombre es de Dios pero el cuerpo del hombre es del demonio. En el hombre, el espíritu o luz se encuentra cautivo por causa de la materia corporal; por lo tanto, creen que es necesario practicar un estricto ascetismo para iniciar el proceso de liberación de la luz atrapada. Desprecian por eso la materia, incluso al cuerpo. Hoy en día se da un maniqueísmo a la inversa, sobrevalorando el valor de la apariencia, de la imagen es decir, del cuerpo. El ser humano es una dicotomía pero no un dualismo, el cuerpo y el alma no son vistos como dos sustancias incompatibles que coexisten en constante tensión, sino como dos partes integrantes de un todo. La posición bíblica es que toda la totalidad del ser humano – alma y cuerpo - fue corrompida por el pecado.

Amar, pensar, querer son reacciones de carácter integral. Mis reacciones son integrales, amar no es sólo espiritual porque debe manifestarse en forma corporal. Peca el alma y el cuerpo, el todo de la persona. Las emociones brotan del alma pero se expresan corporalmente, “de un colerón me puede dar un infarto”, “si me siento triste se me ve en la cara”.  De hecho, cuando los creyentes lleguemos a tener un cuerpo glorificado se cumplirá esa integralidad a la perfección.

Por supuesto, el cuerpo humano es una maravilla por su gran complejidad, su belleza, y perfección; pero su apariencia no es lo más importante; cuerpo y alma son importantes en forma equivalente, y en sí constituyen una unidad indivisible. Por tanto, es necesario el ejercer una buena mayordomía del cuerpo, ya que somos templo del Espíritu Santo. Recordemos que nuestro cuerpo no nos pertenece, realmente pertenece a Dios, somos de él como porque Él nos hizo y nos ha comprado a precio de sangre (1 Co 6:19-20; 1 Co 7:23).

Una buena mayordomía de nuestro cuerpo no sólo incluye el abstenerse de vicios y de pecados sexuales como se reduce muchas veces en nuestras iglesias. Sino que incluye, una adecuada cultura física que debe reflejarse en el consumo de una dieta balanceada, dormir las horas necesarias, descanso y recreo en su momento, ejercicio físico, cuidado dental, etc.

Cómo mentores espirituales debemos enseñar a nuestros chicos y chicas a aceptar su cuerpo tal y como es. Dios nos ha creado a cada uno como un ser especial. Cada ser humano es único e irrepetible, somos un pequeño universo de complejidades, un microcosmos creado a la imagen de Dios. Así, Dios valora a cada persona en sus distintas etapas de desarrollo. Dios aprecia tanto la oruga, como la crisálida como la mariposa; así debemos enseñarle a nuestros adolescentes que ellos tienen valor en cada etapa de su vida, por lo que son, porque son hechos a imagen de Dios y son criaturas diferentes y especiales; ayudándoles a comprender el proceso por el cuál están pasando, atendiendo sus inquietudes y preocupaciones sobre los cambios en su aspecto y apariencia corporal.

Por otra parte, el culto a las personas celebres no es otra cosa que una idolatría, y por tanto, una violación al primer mandamiento. Una apoteosis no duradera de simples seres humanos. Evidencia, de algo más profundo, la dura verdad de los adolescentes no tienen modelos reales, por eso, ante esta ausencia deben seguir a los ficticios, los tomados de la televisión, los deportes, y el cine. Si hubieran modelos reales los adolescentes no tendrían que utilizar a estos para utilizarlos como referentes en la formación de su propia identidad. Los chicos y chicas quieren y necesitan modelos reales, no modelos adolescentizados. No podemos vestirnos igual que ellos, ni hablar como ellos, así no podemos servir de referentes. Los jóvenes necesitan líderes y padres que se comporten como adultos, como creyentes maduros; líderes a quién imitar. Debemos ser verdaderos modelos de la Palabra, cartas abiertas y leídas por todos los hombres. El pastor juvenil deberá hacer lo que dice, ser un modelo de Cristo en miniatura. Debemos poder ser dignos de pronunciar como Pablo "sean imitadores de mí, así como yo lo soy de Cristo" (1ª Cor. 11:1), "hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros"(Fil. 3:17), "lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced" (Fil 4:9). Hay que enseñar y vivir la verdad, sino mostrarla. Esto es presentar a los jóvenes la manera de presentar defensa, la manera de vivir la fe en Jesús. Es llevar los postulados y principios bíblicos a las decisiones diarias. Que hacer ante las presiones sexuales, cual es la manera de pensar y actuar de un adolescente cristiano en medio de la crisis familiar, el derrumbe de valores, el relativismo, etc.

Claro, debemos buscar puentes de contacto contextualizados. Jesús nos dio el mayor ejemplo en su kenosis al humillarse y tomar forma de hombre para llegar a nosotros (Fil 2:6-8). Pablo decía que se hacía de cierta manera para llegar a otros (1 Co. 7:19-22), pero lo que el hacía era buscar puentes de conexión; al evangelizar a los creyentes de en Atenas utiliza como puente el altar “al Dios no conocido” para presentar el mensaje del Evangelio; así nosotros debemos establecer puentes de contacto, conociendo de primera mano la situación sociocultural donde se mueven la juventud, sus intereses, sus pasatiempos, su contexto, etc. Pero es muy diferente predicar un mensaje contextualizado a comportarnos como adolescentes. El mensaje es “sed imitadores de mí” no “imitad al servido” para poder servirle con efectividad.  En relación al individualismo, realmente debemos ser una contracultura, chocando contra el muro de una perspectiva de vida diametralmente distinta a una cosmovisión bíblica y cristiana.

Por otra parte, se debe recuperar la relación vertical del culto eclesial como una unidad tan importante en la época de la Reforma. El culto en la iglesia es un diálogo entre Dios y su iglesia; no entre Dios y cada individuo como se fomenta en las iglesias en la actualidad. La alabanza, adoración, oración y cada actividad litúrgica debe reorientarse en su forma congregacional. Jesús en su oración modelo no dijo: Padre mío, sino, Padre Nuestro.

Conclusión
         El individualismo, el narcicismo y el culto al cuerpo no son más que otra cosa que el pecado hecho filosofía de vida. El individualismo nos recuerda el egoísmo de este mundo, el narcisimo nos recuerda el egocentrismo, y el culto al cuerpo nos trae a la memoria  la vanidad y la envidia. Las tres filosofías tienen en común el pensar solo en el bien propio y olvidarnos de los demás. Por tanto, estos valores de la postmodernidad son opuestos a los valores del Reino de Dios. Nuestras vidas y nuestras palabras deben exhortar a los chicos en contra de este modo de pensar y actuar, y debemos ayudarles a sensibilizarse mediante actividades de proyección social y sobretodo con el poder transformador del Espíritu Santo que opera a través de la Palabra de Dios.


[1] Cruz, Antonio. Postmodernidad, p. 76.
[2] Ibid, p. 81.
[5] Papalia y otros. Psicología del Desarrollo, p. 609-611.
[6] MTV son siglas de Música por Televisión.
[7] Malina, Bruce y otro. Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Comentario desde las ciencias sociales, p. 330.

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