miércoles, 1 de junio de 2016

Respuesta Apologética al Hedonismo


Dr. Jaime Morales
Extracto del libro "Postmodernidad y Juventud"

I.    Postmodernidad y Hedonismo

La Nueva Era y el Postmodernismo no tienen nada de nuevo; son solamente un resurgimiento del paganismo que siempre ha existido en la humanidad. De la misma manera lo es el hedonismo. Ya en tiempos del Nuevo Testamento, se veían trazos del hedonismo en el movimiento filosófico llamado epicureísmo. Este era un sistema filosófico basado en las enseñanzas del filósofo griego Epicuro; para este el summo bonum y meta de la vida no es otra cosa que el placer.

Precisamente en la postmodernidad lo que se da es una actualización de la máxima epicúrea “Comamos y bebamos, que mañana moriremos” (1 Co. 15:32). Esto debido a que frente al fracaso de la modernidad el hombre postmoderno ha sencillamente optado por el disfrute, por el deleite, por el placer; así ha decidido en vez de tratar de cambiar el mundo, el disfrutar del mismo, del momento presente. El fin supremo de la vida es conseguir el placer. O al menos evitar al máximo cualquier tipo de dolor, bien sea este físico, psicológico o moral.[1] Ya la Palabra de Dios nos anticipaba acerca de estos “tiempos peligrosos” donde habrá hombres “amadores de los deleites antes que de Dios” (2ª Tim 3:4).

La búsqueda del placer se ha convertido en un valor predominante en nuestra cultura. El Dr. In Sik Hong  afirma sobre el individuo postmoderno “Todo lo que le interesa es pasarla bien; a partir de la perdida de la confianza en los proyectos de la transformación de la sociedad, sólo concentra sus esfuerzos en la realización personal”[2].

La frase cristiana que decía es mejor un día en tus atrios que mil fuera de ellos, ha sido cambiada por los medios de comunicación al decirnos "es mejor un día de diversión que 100 días de trabajo". Es la gran paradoja que se predica por los medios de comunicación, ellos nos dicen "disfruta y luego pagas el precio", mientras que la laboriosidad reclama "paga el precio y después disfruta". Lástima que el precio que se debe pagar por el hedonismo es en muchas cuotas y muy elevadas.

La filosofía de los jóvenes de hoy es “nada importa, sólo hay que pasarla bien”; “nada me importa, nada me duele, nada me afecta”, solo importa que seamos felices. Lo que vale es el “aquí y ahora” que divierte enseguida, prometiendo una sensación positiva. La ropa, el tiempo libre, el coche, el pasarlo bien se gestionan para que todo reciba el sello de la aventura, sea bello y provoque sensaciones agradables. Esto se llama “La sociedad de la aventura”.[3]

Hay una tendencia al facilismo, a la comodidad, a la ley del menor esfuerzo: se trata de ganar plata fácil, lograr metas a muy corto plazo, hacer dietas milagrosas o utilizar objetos que adelgazan mágicamente, recurrir a comidas instantáneas o a artefactos eléctricos que hacen todo velozmente. Todo debe ser rápido, instantáneo, mágico[4]. Muchos cargan su tarjeta de crédito en los shoppings, se desconectan del entorno con sus Discman, iPods, y MP3 Players; miman sus senos desnudos al sol, se drogan o se entregan a diversos estímulos placenteros.

Basado en este hedonismo la imagen de amor que se vende en los medios de comunicación es la de un amor romántico "rápido", apasionado, pero fácil, intenso y a la vez poco duradero, indisolublemente asociado a la relación genital[5]. Es un amor "desechable", el amor de "usar y tirar" con la simple meta del placer. Esto afecta especialmente a los adolescentes, debido al despertar sexual que se da por la pubertad que cada vez es más precoz  y que aumenta el período de espera y control de su sexualidad; sumado a la fuerte presión que ejercen los pares en este período se vuelve un elemento muy importante a considerar por aquellos que se desenvuelven en la esfera de la pastoral juvenil.

Incluso en la educación formal se ha visto la influencia del hedonismo al querer cada vez, los maestros buscar el placer en la educación, tratando cada vez de hacer lecciones más amenas y divertidas; en el paradigma educativo del “aprender jugando”.

El hombre posmoderno busca la felicidad basada en el hedonismo y, por consiguiente en el consumismo. El ser humano posmoderno es alguien lleno de la necesidad compulsiva de consumir, que busca productos cada vez más estimulantes, impactantes, nuevos y refinados[6].

El ansia de "tener cosas", de "poseer cosas" ha llegado a ser más importante que "ser persona". Es necesario adquirir bienes materiales por encima de todas las cosas. La mayoría de estos considerados "necesarios" solamente debido la publicidad comercial, que crea nuevas necesidades la mayoría ficticias. La cambiante moda hace que cada vez se deseen más cosas y que continuamente haya que cambiarlas. Se ha creado una patología de la infelicidad debido a que siempre los hombres "quieren algo mejor, más caro, otra cosa. Nada les parece bien, y no hay forma de que se vayan contentos"[7].

La publicidad por lo general va enfocado especialmente a los adolescentes y su necesidad de pertenencia, lo que ha hecho que estos sean el principal mercado meta de la sociedad de consumo. "Se brinda la felicidad en las ofertas de productos de limpieza, de perfumería; en medicamentos, en alimentos, en aparatos electrodomésticos, en pólizas de seguros. Así lo afirma la propaganda comercial por la boca y figura de unas fotomodelos radiantes de felicidad"[8].

En los jóvenes pronto el materialismo práctico se vuelve su único proyecto de vida válido, creyendo que este bienestar material los llevará a la felicidad, sin darse cuenta que esa felicidad es solamente pasajera, que es la sensación placentera del momento en que el instinto natural alcanza el objetivo, las necesidades son ficticias y por tanto, no satisface nada real. Por esto, surge de nuevo el ansia de poseer cosas que son más nuevas y mejores, provocando un ciclo infinito que nunca lo llevará  a una felicidad de carácter definitivo.

La televisión también ha favorecido al consumismo, ya que sin ella, muchos de nuestros muchachos y muchachas no tendrían ni la más mínima idea de todas las cosas que "deben comprar para ser felices", y por tanto, no les haría falta.

Por otra parte, la doble imagen que es transmitida nos resulta a veces tan inconsistente, pues aunque al pie de publicidades se diga que el fumar es nocivo para la salud, o que el alcohol no debe ser vendido a menores de 18 años; la imagen transmitida puede resumirse en “fumando y tomando serás ganador, feliz, saludable, tendrás éxito, popularidad, belleza, etc.”

Las nuevas catedrales del consumismo, los llamados “Mall”, son inundadas, en ellas semana tras semana – especialmente los fines de semana-, muchos compran, llevan la familia, consumen comoda rápida en los multirestaurantes o food court, casi en una forma ritual cuasi o pseudo-religiosa donde el homo religious ha hecho de cosas seculares su religión.

II.    El Hedonismo en la Iglesia

La sociedad postmoderna también ha afectado la iglesia cristiana, así como los pueblos páganos afectaron el desarrollo del pueblo de Israel y de Judá. El hombre postmoderno ha creado la imagen de un Dios que nunca pide, sólo parece estar dispuesto a dar, el llamado “Dios ambulancia”. Es un Dios empleado exclusivamente en el servicio del ser humano. Hay un verdadero consumismo religioso, donde lo que importa es la propia felicidad espiritual y la descarga del yugo pesado que lleva el individuo en su vida.

En la cultura postmoderna la imagen del supermercado self service parece describir muchas de las iglesias del continente. Esta imagen hace del evangelio un producto, convierte la iglesia en un gran supermercado, al ser humano en un consumidor y al pastor en un gerente. Dentro de esta cultura la principal preocupación de la iglesia es como vender ese producto[9].

Se ha expandido el paradigma de iglecrecimiento de la iglesia light, donde los congregantes llegan solamente a escuchar por el placer de escuchar, máxime si el predicador tiene carisma y sus sermones son divertidos. Una iglesia que reduce la acción y participación eclesial al mínimo esfuerzo, a lo absolutamente necesario, tienen el mínimo de cultos para no quitarle el tiempo a las ajetreadas agendas del creyente contemporáneo, una iglesia que predica bonito, lo que la gente quiere escuchar, para que no se vayan de la iglesia. Una iglesia cuya actitud siempre es de recibir de Dios y nunca de dar. Una iglesia cuya liturgia ha sido globalizada, ya que no hay mucha diferencia  entre como se desarrolla un culto en una iglesia  neopentecostal a una de corte bautista que haya entrado en el espíritu de la llamada “renovación de la alabanza”[10]. Por qué las iglesias tienen esta liturgia globalizada, la respuesta es sencilla, es lo que le gusta a la gente. La tendencia es a volver cada vez más espectacular el culto.

Se sustenta y promueve un “cristianismo descafeinado” que se hace evidente en los sermones sin “kerigma”,  cantos sin teología,   testimonios sin vida,  ofrendas sin gratitud,  adoración sin adoradores, reuniones que no reúnen, espiritualidad sin Espíritu y fe sin Evangelio.  El Evangelio se presenta como un producto y tiene que ser ofrecido litúrgicamente en un formato que no espante a la clientela dominical.  Debe ser atractivo y llamativo, por lo que debe “vaciarse” de todo aquello que pueda interpretarse como compromiso, sacrificio, esfuerzo, y entrega. Debe ser estético y  lucir bien, por lo que tiene que deshacerse de todo lo que carezca de belleza, es decir que no sea “fashion”.[11] 

III.    Respuesta Pastoral y Apologética al Hedonismo

El principal problema del hedonismo está en su misma esencia. El supremo fin del ser humano no debe ser el placer, sino debe ser el agradar a Dios. Nuestro propósito es darle la gloria a Dios en todo (1 Co. 10:31). Está es la razón por la cuál Dios nos creó. Es la razón de ser del cristiano. Toda nuestra vida debe glorificar a Dios, hagamos lo que hagamos. Debemos vivir de una forma distinta demostrándole a todos que no buscamos el propio placer sino el servir a Dios, el vivir de acuerdo a los ideales del Evangelio, el glorificarle en todo aquello que somos y hacemos.

Ahora, al hacer una apología del hedonismo hay que tener mucho cuidado, ya que muchas veces el protestantismo se ha mimetizado con la modernidad; y en este caso, valores como el esfuerzo, la laboriosidad y el trabajo, como valores precursores del cambio en la modernidad fácilmente pueden ser confundidos con el cristianismo.  Por supuesto, la Palabra de Dios defiende el trabajo y la laboriosidad, recordemos el texto “Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (1 Ts. 3:10). Pero, la Vox Dei también defiende el descanso y el placer que se da en forma sana. Recordemos que el mismo Dios descanso el sétimo día (Gn 2:1-3). Por otra parte, Jesús llamó a sus discípulos a descansar (Marcos 6:31). En muchas ocasiones la sociedad postmoderna enfatizo el trabajo a expensas del descanso, y la iglesia ha veces caído en lo mismo, sacralizando el trabajo y satanizando el placer.

Muchos creyentes han caído en el extremo de condenar los placeres, sin discriminar entre aquellos que nos son permitidos de los que no lo son; consecuencia de conceptos erróneos, acerca de la santidad, el recreo y el tiempo libre.  Cuando al contrario, el no descansar o disfrutar sanamente del tiempo de recreo puede ser un grave pecado del que no estamos conscientes, al no ejercer una buena mayordomía de nuestro tiempo, desgastando nuestro cuerpo, el cuál es templo del Espíritu Santo, y por tanto, pecando contra nuestros propios cuerpos.

El permanecer en santidad nada tiene que ver con el abstenerse de placer; esto es más un ideal monaquista que bíblico. En una iglesia en una zona rural de mi país el pastor les decía a los chicos que no podían ir a jugar fútbol en la plaza porque esto era pecado; otro pastor les decía a sus congregantes que era pecado asistir a los festejos populares de la zona. A veces seguimos arrastrando la idea de que el pecado original se hallaba en el placer.

Aún, el placer sexual está bien dentro de los límites del matrimonio, es parte del goce que quiere Dios que experimentemos como creyentes. El problema son las pasiones desordenadas fuera de los límites de la Escritura. El amor nunca debe ser asociado al simple placer, sino a una verdadera entrega. El hacer el amor no es lo mismo que tener relaciones sexuales, eso es simplemente coito; el amor supone una relación integral, duradera y pura dentro de lo que Dios ha diseñado para nosotros, el matrimonio. Esa es una gran verdad que debe ser transmitida a nuestros chicos y chicas.

La Biblia nos llama a disfrutar sanamente de nuestro tiempo libre. La idea no es enseñarles a los jóvenes que el placer es malo, sino que este debe disfrutarse dentro de los límites; por ello, debemos ayudarles a desarrollar una sana mayordomía de su tiempo libre.

Dios quiere que disfrutemos en abundancia lo que Él creó. Dios nos pide en sus Escrituras que nos deleitemos en la buena comida (Gn 2:9, 1 Co 10:31), en el amor conyugal (Cnt 2:3, 7:6; Pr 5:19), en la amistad cristiana (Sal 133:1), en las fiestas (Sal 36:7-9, Jn 2:1-11), en la música (Sal 81:2), en la creación de Dios (Ec 11:7, Mt 6:25-34) y en un sin número de bendiciones que nos da y nos quiere dar en forma continua.

Debemos enseñarles a nuestros jóvenes a redimir el tiempo que Dios les ha dado (Ef 5:16, Col 4:5). La gran verdad es que hay un tiempo para cosa, hay un tiempo para el goce así como también hay tiempo para trabajar (Ec 3:1-8). “No podemos hacer del ocio el sentido de la vida, o del disfrute de lo temporal un estado permanente”[12].

Una premisa importante para determinar si lo que hacemos en nuestro tiempo libre glorifica a Dios es la que se encuentra en Filipenses 4:8 “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Las diferentes acciones que hacemos en nuestro tiempo libre debemos buscar cumplan con los principios enunciados en las Sagradas Escrituras. Los jóvenes deben evaluar si los deportes que practican, el uso de Internet, los videojuegos, la televisión, el cine, la música, el tiempo que pasan con sus amigos, y otras cosas que hagan en su tiempo libre realmente cumplen con la premisa evaluativo de Filipenses 4:8 y con otros principios escriturales.

Los libros y revistas podrán ser buenos en general, pero no todo lo que está impreso es bueno; el cine, la música y televisión pueden ser buenos, pero no todas las películas, series o videos musicales son buenos. Recordemos que aún podemos hacer uno de estos pasatiempos un vicio adictivo, convirtiéndole en idolatría y en esclavitud. “Todas las cosas me son lícitas”, pero, hay tres parámetros, “no todas convienen”, “no me dejaré dominar de ninguna” y “no todo edifica”. Dios no legitima todas las cosas, sino aquellas que son convenientes, buenas y edificantes. Y aún en ello debemos considerar al débil en la fe.

Satanás nos tentará en nuestros momentos de ocio, al igual que lo hace en nuestros momentos de laboriosidad, por ello debe siempre filtrar nuestras acciones con la Palabra de Dios confiados en el discernimiento que nos da el Espíritu Santo de Dios.

Cuando el cristiano enfoca su vida en Cristo, aprovecha el disfrute de su tiempo libre para glorificar a Dios, porque en todo, ve la poderosa mano del Creador. Sin embargo, no toma eso como una licencia para abusar, sino como un privilegio para disfrutar[13]. En este mundo terrenal hay una multiplicidad de cosas que Dios nos ha dado para llenar nuestra vida de goces significativos, a través de estos, desea enriquecernos y bendecirnos, todo ello resultará en un mayor rendimiento de nuestras vidas y por tanto, estaremos sirviendo con un alto grado de excelencia y cumpliendo con el mandato de ejercer una buena mayordomía del cuerpo del cuál no somos propiedad, sino que es propiedad de Dios.

Por otro lado, debemos enseñar que la verdadera felicidad no se alcanza por medio del bienestar material, el cuál dentro de los límites correctos podría ser una bendición, sino, más bien, el negarse a sí mismo entregándose a la obediencia de la Palabra de Dios. El consumir productos que llenan necesidades ficticias, nunca nos llenará; solamente, podemos experimentar el goce pleno y satisfacción de necesidades cuando creemos y confiamos en el Señorío de Cristo en nuestras vidas.

Hay que dar esperanza al que no tiene esperanza. Recordemos que si el postmoderno busca el placer como el summo bonum es porque el ser humano se ha rendido en su búsqueda por cambiar el mundo presente, y por ello se entregado solamente al disfrute. Los creyentes tenemos la esperanza bienaventurada, el retorno de Jesucristo; nuestra mirada está puesta en la gloriosa eternidad.  En vez de la carrera del consumismo debemos correr la carrera del Consumador que tiene el gozo delante (Heb. 12:2-3).

Frente a la mentalidad hedonista, debemos ser capaces de plantear y construir proyectos de largo plazo.  En esto la utopía del Reino de Dios es clave para animar a tanta gente sin esperanza y sin rumbo e incluso le da sentido al fracaso[14]. Va a llegar el día donde el ser humano será perfecto y pleno, una época donde dejará de pecar, y entonces, los ideales del Reino perfecto serán cumplidos a cabalidad en la Nueva Creación y en los Nuevos Cielos y Nueva Tierra prometidos en las Sagradas Escrituras. Dios nos permita transmitir esa esperanza y que nuestra forma de vida sea testimonio de esa Verdad.

Conclusión
         El buscar el placer como bien supremo no es otra cosa que idolatría ya que le roba la gloria a Dios, el verdadero summo bonum del ser humano. Es nuestra responsabilidad desenmascarar está forma de pensamiento tan común en las personas en nuestra sociedad, y ayudarle a los muchachos y muchachas a reconocer que antes que el vivir en la eterna búsqueda del placer debemos vivir en la eterna búsqueda del agradar a Dios con nuestras vidas.



[2] In Sik Hong, Tomasini y otros. Ética y Religiosidad en tiempos postmodernos, p. 20
[4]In Sik Hong, Tomasini y otros. Ética y Religiosidad en tiempos postmodernosp 60.
[5] Cruz, Antonio. Postmodernidad, p. 79.
[6]In Sik Hong, Tomasini y otros. Ética y Religiosidad en tiempos postmodernos, p. 21.
[7] Meves, Christa. Juventud Manipulada y Seducida, p. 14.
[8] Ibíd, p. 14.
[9] Henríquez, César. Culto, Teología y Postmodernidadwww.selah.com.ar/database/images/2393A01.DOC
[10]Henríquez, César. Culto, Teología y Postmodernidadwww.selah.com.ar/database/images/2393A01.DOC
[11] Idem.
[12]Dellutri, Salvador. Guía Pastoral: “El Tiempo Libre”, p16.
[13] Sáenz, Luis Nahum. Guía Pastoral: “El Entretenimiento y el Cristiano”, vol 3-3, p15.
[14] Rey, Victor. Biblia y Cultura Postmodernahttp://www.unapab.cl/vrey1.html

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