miércoles, 8 de junio de 2016

Respuesta Apologética al Emocionalismo

Jaime Morales
Extraído del texto "Postmodernidad y Juventud"

I.    Postmodernidad y Emocionalismo

La iglesia en muchas ocasiones se ha mimetizado con la modernidad y esto es especialmente cierto con relación al racionalismo, una corriente nacida desde la época moderna. El racionalismo nace en Francia en el siglo XVII con René Descartes como corriente epistemológica, aunque puede rastrearse desde filósofos como Platón. Para el racionalista la causa principal del conocimiento reside en el pensamiento, en la razón. Afirma que un conocimiento sólo es realmente tal, cuando posee necesidad lógica y validez universal. La realidad puede ser explicada únicamente “razonando”, otorgando un valor extremo a la razón entendida como la única facultad susceptible de alcanzar la verdad. Así, en la época moderna la razón fue la principal fuente del conocimiento. En mucho la iglesia protestante se identifico con este movimiento, dejando llevar por este énfasis en la razón humana.

Pero hoy las cosas han cambiado radicalmente. El “pienso, luego existo” ha cambiado a “siento, luego existo”. La razón no trajo la era dorada de prosperidad profetizada por la modernidad, así que lo que importa es la vivencia del momento presente, el sentir en forma plena, inmediato y lo más duradero posible. El mesianismo atribuido a la ciencia moderna ha sido falso, puesto que no ha traído, ni mucho menos, la liberación de la humanidad[1], por ello, estamos viviendo bajo la filosofía “No hay que pensar, solo hay que sentir, no hay que razonar sólo hay que experimentar,  pon tu mente en blanco y déjate llevar”[2].

El racionalismo ha llegado a aburrir a la juventud. Los chicos y chicas no quieren detenerse a pensar, quieren vivir. No quieren razonar sino dejar que las cosas sucedan naturalmente. Félix Ortiz nos cuenta acerca de un graffiti en el metro de Madrid que decía así: La sabiduría me persigue, pero yo corro más[3]El desear sentir puede ser motivo del aumento de las relaciones sexuales en los adolescentes, del hecho de que no se usen métodos anticonceptivos y proliferen los embarazos no deseados y las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS). También este emocionalismo explica la preferencia por el uso de drogas naturales como la marihuana que hipersensibiliza a la persona y de drogas sintéticas como el éxtasis que provoca una sensación de calor en el que las utiliza. 

El matrimonio Obiols, en su libro Adolescencia, pos-modernidad y escuela secundaria, destaca cómo ha cambiado nuestra constelación de palabras. Poco tiempo atrás, se hablaba de futuro, ideal, proyecto, progreso... Ahora, el léxico popular incluye expresiones como relax, light, diet, imagen, consumo, fin de la historia.., y la lista puede seguir. El cambio de connotación es claro: las primeras hablan de objetivos sociales mediatos; las últimas corresponden a la satisfacción inmediata de los sentidos[4]. El adolescente quiere satisfacer sus deseos en forma inmediata, teniendo poca capacidad de postergación para obtener un mejor galardón.

En educación y en ciencias sociales se habla de que ya no tiene la misma importancia el coeficiente intelectual (IQ) sino que ha sido desplazado con el innovador concepto de la inteligencia emocional. En la época moderna se resalta la inteligencia de un individuo por su coeficiente intelectual, concepto enfatizado por los exámenes creados por Lewis Terman, psicólogo de Stanford; en la época postmoderna resaltamos la inteligencia emocional. Este es un concepto derivado de las inteligencias múltiples de Gardner, y básicamente une las llamadas inteligencias intrapersonal e interpersonal. Sternberg y Salovey son dos psicólogos de Yale que han desarrollado más a fondo este concepto; la desarrollan en cinco esferas principales: conocer sus propias emociones, manejar las emociones, tener motivación propia, reconocer las emociones ajenas, y manejar las relaciones sociales. En la inteligencia emocional individual cada persona tiene fortalezas y debilidades dependiendo de las áreas. Daniel Goleman, uno de los autores de libros más vendidos sobre inteligencia emocional nos habla de distintos componentes de la misma como el autoconocimiento, el manejo del estrés, el dominio y comprensión de los sentimientos, el asumir responsabilidades, entre otras habilidades sociales. Todo esto una evidencia ineludible de la preponderancia que han tomado las cuestiones relativas a los sentimientos y emociones en la cultura postmoderna.

Otra evidencia interesante es que antes se daba un énfasis en lo racional a expensas de lo sobrenatural, ahora es alrevés. Josh McDowell en su libro “Evidencia que exige un veredicto, volumen II” nos habla de la premisa antisobrenaturalista, es decir, el dar por sentado la no existencia de Dios, ni su intervención dentro del orden natural del universo[5]. El racionalismo descarto a priori la viabilidad de fenómenos de orden espiritual o sobrenatural dentro del orden natural. Ahora es todo lo contrario se cree en todo lo sobrenatural a expensas de lo racional. Se cree en brujas, supuestas manifestaciones del Espíritu Santo, fantasmas, estigmas, astrología, extraterrestres y cuanta porquería paranormal y esotérica se nos presente.

II.    El Emocionalismo en la Iglesia

El cristianismo siempre se ha movido en el péndulo entre la razón y el sentir. De un extremo vamos al otro, enfatizando demasiado la razón o sobrevalorando lo subjetivo. Del montanismo (s. II) con sus ideales ascéticos en el cual se enfatizaba la revelación directa en Montano, Prisca y Maximila fuimos al gnosticismo (s. II-III), en su búsqueda del verdadero conocimiento, de la “gnosis” iluminadora; del monasticismo (s. III-X) como ideal del encuentro personal en el desierto con Dios, caemos al escolasticismo (s.XI-XIV) con sus monumentales obras teológicas como el Proslogium de Anselmo y la Summa Teológica de Aquino; del misticismo de Kempis, Duns Scoto y el Maestro Eckhart (s. XIV-XV) al liberalismo con sus grandes teólogos modernistas como Tillich, Bultmann, y Barth; y ahora hemos caído en los movimientos neocarismáticos y neopentecostales, nuevamente en extremos extraemotivos y experienciales.

También en la era postmoderna no nos hemos escapado de está “ley del péndulo”. En la mentalidad postmoderna la espiritualidad se ha subjetivado. Ya no se habla de religiosidad sino de espiritualidad, y está se traduce como resultado de una búsqueda, de un encuentro de una elaboración personal. La religión se ha privatizado, se  ha individualizado y se ha subjetivizado[6]. Son famosas las frases “Dios existe, porque yo lo he encontrado”, recayendo todo el peso en la propia experiencia y subjetividad del creyente.

Debido al auge del sentimiento la fe se ha vuelto más a la búsqueda de experiencias de éxtasis que a doctrina intelectual.  El creyente actual busca experimentar la presencia de Dios dejando de lado la racionalidad y objetividad del cristianismo.

Así, en muchos cultos neopentecostales se buscan experiencias emocionalistas, surgiendo una teología emocional, más basada en la propia experiencia subjetiva que en elementos de orden escritural. Está teología emotivo-experiencial se fundamenta en elementos que surgen de la vivencia personal o colectiva y se desvanecen por su poca profundidad bíblica.

El hecho que sea la “era del Espíritu” como lo afirma una buena parte de la teología neopentecostal, no implica que Dios hable a parte de su Palabra. El afirmar que se ha tenido una u otra experiencia espiritual no debe ser probado por el simple “yo lo viví, por eso lo creo”; sino que debe ser demostrada por argumentos basados en la única verdadera autoridad del creyente: La Palabra de Dios.

Por otra parte, las iglesias se han convertido en comunidades emocionales, donde se pretende intensificar los vínculos afectivos. Donde lo importante son las vivencias personales.  Dios se hace presente “para hacerme sentir “bien”, para hacerme vibrar de gozo, para provocar en mi las emociones más fuertes, para “llenarme” de paz. La alabanza, que ahora ocupa más de 70% del tiempo del “culto”, se convierte en espacio de “psicoterapia espiritual”, y la hegemonía de los sentidos se hace presente por medio de cantos cuyos contenidos abundan en expresiones tales como: “sentir”, “palpar”, “tocar”, “ver”, “llenar”[7].




III.    Respuesta Pastoral y Apologética al Emocionalismo

La modernidad y la postmodernidad ambas son eras de extremos. La modernidad era el extremo del “homo sapiens” y la postmodernidad del “homo sensibilis”. Hay que integrar ambos, los dos son parte de la imagen y semejanza de Dios que hay en los seres humanos; además, no debemos olvidar integrar la dimensión volitiva del ser humano. Una verdadera cosmovisión bíblica guardará un sano equilibrio entre las tres dimensiones, sin enfatizar ninguna y sin menospreciar la otra.

Hay que entresacar lo precioso de lo vil (Jeremías 15:19); rescatemos el concepto acerca del ser humano presente en la postmodernidad que reconoce un componente afectivo o sentimental. No solamente la razón nos diferencia de los animales, la afectividad también es parte de la Imago Dei que Dios ha puesto en nosotros y que constituye parte esencial de nuestra humanidad. El problema no es ser emocional el problema es ser emocionalista; el problema está en el extremo, lo saludable es el equilibrio. Somos seres afectivos y relacionales de la misma manera que es Nuestro Creador. La dimensión espiritual del ser humano refleja la imagen divina que tiene tanto componentes racionales, como afectivos como volitivos; así que no debe despreciarse ninguno de estos aspectos, en detrimento de los otros. Está mal el pensamiento postmoderno “siento, luego existo” pero también esta incorrecto el pensamiento cartesiano “pienso, luego existo”. Realmente el pensamiento bíblico-integral es “existo; por esto pienso, siento y actúo”.

         En antropología bíblica está dimensión espiritual del ser humana, es llamada “alma”, nefesh en hebreo y siempre está relacionado con los componentes internos del ser humano. La Escritura constantemente se refiere al corazón (Josué 5:1 1 Samuel 2:1; etc), las entrañas (Sal 5:9; Pr 18:8; 23:16), los riñones refiriéndose al alma o componente no material del ser humano. Esta esfera espiritual nos habla de la integralidad de estos tres componentes – racionalidad, emotividad y voluntad – en el ser humano, los cuáles nunca deben ser desligados, recordemos que cada uno de estos aspectos ha sido contaminado por el pecado. Un buen ejemplo de cómo estos elementos se integran y no deben disociarse, lo encontramos en la salvación del hombre, donde cada uno juega su propio papel. Por el componente racional comprendemos el mensaje, por el emotivo podemos llegar al arrepentimiento, y por el volitivo el hombre toma la decisión de entregarse a Cristo. La conversión es un giro de 180 grados en nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar. Si solo se convierten las emociones será sentimentalismo, si solo se convierte la razón será liberalismo y si solo se convierte la voluntad será moralismo, pero ninguno de ellos será conversión a Dios.

Ante la valoración de la subjetividad y del sentimiento en la postmodernidad, integremos sentimiento, pensamiento y voluntad.  Abrámonos a la subjetividad de los otros, aceptando el desafío de construir sentidos comunes, significados y significantes compartidos.  Que cada uno se entienda "en-relación".  Que seamos capaces de discernir entre sensaciones, emociones, y sentimientos, haciendo de ellos elementos vehículadores de la comunicación para el enriquecimiento mutuo[8].

Hay que ir contra corriente, somos una contracultura, ante la primacía del sentimiento, hay que enseñarle a los adolescentes a pensar. No debemos amoldarnos a la época y cometer suicidio intelectual, debemos esforzarnos en promover el pensamiento crítico basado en los parámetros escriturales (1 Ts 5:21-22); el cristianismo es una fe razonable y objetiva. Por medio de la razón llegamos a la fe; y la fe ilumina la razón. Por medio de la razón podemos comprender la veracidad y singularidad de la fe cristiana y la superioridad de la misma sobre otras creencias que dicen ser la verdad.

La razón no contradice la fe, no debemos caer como los teólogos liberales en negar las cuestiones espirituales desde posturas antisobrenaturalistas. El enfatizar la razón puede llevarnos a tener un cristianismo farisaico o intelectual, donde no siempre el conocimiento y la vivencia tienen verdadera consistencia y congruencia. 

La razón no es la única forma de obtener conocimiento, hay conocimiento que es intuitivo y otro que es revelado que por la mera razón no puede ser obtenido. El conocimiento intuitivo se refiere a aquel que sabemos por la mera intuición sin mediar la razón y el conocimiento revelado es aquel que no podríamos obtener por la simple revelación general de Dios en su creación, sino aquel que la única forma de obtenerle es por medio de su revelación especial al hombre en la forma de su Hijo Jesucristo y en las Sagradas Escrituras, la palabra encarnada y la palabra escrita. Como conocimiento revelado podemos pensar en la Trinidad, la doble naturaleza de Cristo, la gracia salvadora, etc. Este conocimiento no es contrario a la razón, pero, si no fuera por la revelación de Dios al hombre no podríamos conocerla.

Por otra parte, hay que enseñarles a los chicos y chicas a postergar dentro de está cultura hedonista que da culto a las sensaciones, y entre ellas, las pasiones sexuales. Es cierto que en la adolescencia las hormonas están en plena revolución y la pulsión sexual se encuentra a plenitud, pero hay que enseñarles a la juventud que el plan de Dios es la vivencia de la plena sexualidad dentro de los límites del matrimonio, sólo de está manera el goce será completo y satisfactorio. Para ello, ante la mercadotecnia que los inunda con el consumo de placeres sexuales, debemos enfatizar una parte esencial del fruto del Espíritu Santo: el dominio propio, llamado templanza en muchas versiones castellanas de la Biblia (Gálatas 5:22-23). La palabra griega para templanza es “egkrate¡a”, está viene de los vocablos ego “yo” y kratos “gobierno”, es decir, gobierno de mí mismo, el autodominio, la capacidad de dominar mis impulsos. Podemos enfatizarles a los chicos que un verdadero hombre es aquel que logra dominarse a sí mismos, no aquel que sucumbe ante los mismos. Esto es especialmente bueno con los varones adolescentes donde uno con estos argumentos puede tocar su masculinidad, aclarando siempre que nuestro modelo de masculinidad siempre es y será, el Señor Jesucristo en su humanidad.  ¿Qué haría Jesús en mi lugar? Recordemos el mensaje WWJD (What would Jesus do?) tan presente en collares y pulsares en muchos jóvenes cristianos. No usemos lenguaje prohibitivo, diciéndoles no hacer esto u lo otro, sino, más bien, retemos. Retemos a los muchachos y muchachos a mantenerse puros, no vírgenes – el concepto de virginidad no es bíblico[9], sino, más bien, el concepto bíblico es la pureza sexual el cual es mucho más amplio y profundo que la simple ruptura del himen o la penetración del miembro masculino. La pureza debe ser el reto, el no dejarse dominarse por sus impulsos, y más bien controlarlos con el poder del Espíritu Santo.

          Ahora bien, Dios nos ha dado la capacidad de sentir, no debemos sobreenfatizarla sino guardarla en equilibrio. Son igualmente importantes en el ser humano tanto su coeficiente intelectual como su coeficiente emocional. Debemos anhelar celosamente la presencia de Dios y su comunión, y  tener una verdadera vivencia con él, pero esta vivencia siempre va ser racional, y sobretodo basada en los preceptos bíblicos. Un creyente que enfatiza la parte emotiva se vuelve un místico y en está contemplación mística no está distante de la meditación de las religiones orientales.

          La capacidad de sentir es una bendición de Dios. Mediados por está capacidad de sentir podemos mostrar afecto, sentir gozo, mostrar compasión, hacer misericordia, y muchas cualidades esenciales de la vida cristiana. Por medio del sentir es que podemos cumplir con el mandato “gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran” (Ro. 12:15). Pero sí hacemos de la capacidad de sentir el summo bonum de la humanidad, esto no es otra cosa que simple y llano hedonismo.

          Debemos aprender a ejercer una buena mayordomía de nuestros sentimientos y emociones; esto es parte de la Imago Dei del ser humano, nuestro Dios es un Dios emotivo. Dios es un Dios de gozo, dice Sofonías 3:17 que Él “se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos”. Es un Dios que se enoja (Jn. 2.13-22), que llora (Jn 11:35), que se compadece (Mt 9:36; 14:14; 15:32) y que en toda la Escritura nos deja ver su amor hacia nosotros, expresado en sumo grado al enviar al Unigénito a morir en la cruz por nosotros (Jn 3:16). Por esa capacidad de sentir podemos sentirnos tristes por el pecado cometido a otros y por el propio y de está manera llegar al arrepentimiento; por está capacidad nos indignamos ante el dolor ajeno y los males sociales como el racismo, la xenofobia, el machismo, etc.

          Una buena mayordomía de los sentimientos, incluye el sentir y actuar adecuadamente. Los sentimientos se deben sentir pero sin pecar; si se reprimen los sentimientos podemos enfermarnos o acumularse hasta que explotamos; por ello deben expresarse de manera sana. Jesús se enojó pero porque la gloria de Dios fue opacada, sólo Él puede enojarse sin pecar; aún, así las Escrituras nos llaman a enojarnos sin pecar (Ef. 4:26). Igualmente podríamos hablar de manejar adecuadamente sentimientos como la tristeza, la depresión, el gozo, etc. Somos responsables por lo que sentimos, es un dualismo no responsabilizarnos por ellos, como si los sentidos nos dominaran. Recordemos, que en la Biblia las palabras referidas a estados internos connotan siempre su correspondiente expresión exterior. En la cosmovisión bíblica los sentimientos y las acciones están estrechamente interrelacionados. El amor no es sólo un sentimiento sino una acción, al igual que cada uno de los aspectos del fruto del Espíritu.

          La cultura de hoy en día pone mucho énfasis en los sentimientos; nosotros en cambio como cristianos que buscamos obedecer la Biblia debemos pensar en forma diferente. Nosotros creemos que las conductas están ligadas a los sentimientos, y no que los sentimientos producen las conductas. Un buen ejemplo de ello está en Génesis 4:3-7 donde Dios le dice a Caín ¿Si bien hicieres no estarías enaltecido?. Hoy en día una respuesta común sobre por que no se actúa es "Es que no me nace", esto es solamente una excusa, un cristiano debe actuar, conforme al bien y esto producirá sentimientos positivos. Cuando damos consejería a los chicos y chicas debemos enseñar el principio de que el comportamiento determina los sentimientos. No podemos hablar bíblicamente sobre "problemas emocionales"; cuando una persona está deprimida, ansiosa, hostil, etc.; el problema no reside en sus emociones sino en su comportamiento. Las personas se sienten mal a causa de sus malas acciones (Gn 4:6-7; 1 P 3:16).

Por último, no hay que olvidar el componente volitivo del ser humano, esa esfera desicional del mismo, que siempre va ligada a la acción; y que al mismo tiempo está intrínsicamente ligado a la razón y al sentir. Este componente activo de la Imago Dei es el que nos lleva a producir, a generar, a crear. Por supuesto, nuevamente sin enfatizarlo para no convertirnos en meros activistas y en la esfera de la fe en homo religius.

Conclusión
         El ser humano es un ser integral, en el hay aspectos tanto volitivos, como racionales como afectivos. El enfatizar las emociones u otro de estos aspectos es caer en un extremo que no es fiel a nuestra multidimensionalidad. Mantengamos siempre el sano equilibrio entre estos tres componentes, y enseñemos a los chicos a reaccionar desde esta perspectiva holística antropológica.



[1] Ureña, Manuel. Cristianismo y Modernidad. http://www.mercaba.org/DOSSIERES/modernidad.htm
[2] Henríquez, César. Culto, Teología y Postmodernidad.www.selah.com.ar/database/images/2393A01.DOC
[3] Ortiz, Félix. Postmodernidadhttp://www.paralideres.org/sections/section_139.asp
[5] McDowell, Josh. Evidencia que exige un veredicto II, p. 29.
[6]In Sik Hong, Tomasini y otros. Ética y Religiosidad en tiempo, p. 9.
[7] Henríquez, César. Culto, Teología y Postmodernidad.www.selah.com.ar/database/images/2393A01.DOC
[8] Rey, Victor. Biblia y Cultura Postmodernahttp://www.unapab.cl/vrey1.html

[9] Con ello no quiero decir que la Palabra no nos llama a mantenernos vírgenes, sino al hecho de que muchas veces se identifica la virginidad como la ruptura del himen en una mujer o la primera relación sexual con penetración de un hombre o una mujer; excluyendo del mismo tipos de relaciones como el sexo oral, la masturbación, los tocamientos en la pareja, etc. El concepto bíblico es más bien la pureza sexual, el cuál además del abstenerse de relaciones coitales fuera del matrimonio, nos llama a permanecer puros y no participar de las prácticas antes mencionadas. En resumen, el concepto de pureza bíblica es mucho más amplio que el de virginidad tal como lo define el mundo.

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