jueves, 26 de mayo de 2016

El Origen del Mal y la Libertad Humana


Por Cornelio Hegeman
Extraído de "Apologética Integral"

INTRODUCCIÓN

La conclusión  (#4) del siguiente argumento es correcta.
1.     Si Dios fuera toda bondad, destruiría el mal.
2.     Si Dios fuera omnipotente, podría destruir el mal.
3.     Pero el mal no es destruido.
4.     Por lo tanto, no existe tal Dios.

La conclusión es correcta porque no existe tal Dios que es bueno y omnipotente solamente. Las premisas de estos argumentos que llevan a la conclusión son falsas. El Dios verdadero, por su gracia soberana, no ha destruido todo el mal para darnos tiempo para arrepentirnos de argumentos tan contradictorios como los presentados más arriba.
Para conocer el bien y el mal, hay que conocer al Dios verdadero. Además, es tan importante conocer la perspectiva de Dios. Conocemos la perspectiva de Dios por medio de la revelación especial de Dios, la Biblia. Génesis es el libro de los orígenes. Los primeros tres capítulos son fundamentales para conocer el origen del mal y la condición de la libertad humana.

LA CREACIÓN Y LA CAÍDA

  1. Una consideración muy importante sobre el mal es, ¿quién define el mal?
 
1.1.    Por definición, la maldad se opone a la bondad. Para conocer el mal hay que conocer el bien. Si el bien no existe como una categoría absoluta, entonces, tampoco existe el mal. Para conocer el mal hay que conocer la definición del bien. Dios es el ser más competente para definir el bien. Él lo hace por medio de sus mandamientos.
1.2.    Por implicación, si existe el bien y el mal, el bien debe a corto o largo plazo vencer al mal. Si no es así, la justicia y el juicio son vanos.
1.3.    Dios es perfectamente bueno, justo y soberano. Él nunca puede ser malo. Su santidad, su separación del pecado, no lo permite. Dios es el único ser en el universo que posee una santidad  perfecta (Isaías 6.3). Él es el único agente moral capaz de definir el bien en forma perfecta, de mantenerlo en justicia y de asegurar la victoria final sobre el mal.
1.4.    Si Satanás tuviera la capacidad de definir el bien y el mal, entonces todo lo que él hace, pudiera ser bueno. Sin embargo, sabemos que las obras de Satanás no son buenas, pues él no puede ser  un definidor absoluto del bien y del mal. Un criminal no debe establecer las normas o parámetros de la justicia.
1.5.    Si los humanos, que tampoco son perfectos, definen el bien y el mal, corren el riesgo de hacer decisiones imperfectas, como ha sido muy evidente en la historia humana.
1.6.    Si la sociedad define el mal, pues, esta definición dependerá de los valores, costumbres y leyes sociales de un grupo. La antropología cultural muestra que hasta las sociedades aisladas de otras sociedades tienen algunas normas en común. La ley universal no viene de un grupo u otro sino que viene de la revelación general de Dios para todas las sociedades.
1.7.    Puesto que la perspectiva de Dios es diferente a la perspectiva de Satanás, acerca del hombre y de la sociedad hay que saber cómo Dios expresa su voluntad. La voluntad de Dios es expresada por su revelación.
1.8.    Si los seres humanos y los ángeles quieren hacer la voluntad de Dios deben obedecer a Dios. Los humanos y los ángeles pueden participar en la voluntad de Dios por obedecer los mandatos de Dios. Sin embargo, la obediencia a los mandatos de Dios nos muestra que no somos buenos sino que los mandatos son buenos.
1.9.    Puesto que el ser humano nunca ha logrado ser bueno por sí mismo, la única solución es ser transformado por la gracia de Dios. La transformación del ser humano viene por fe en Cristo. El Espíritu de Dios regenera al ser humano y le da una naturaleza nueva. Por fe en Cristo el creyente está libre para morir al pecado y participar en la bondad de Dios.
1.10. El que defina lo que es la bondad, debe ser un Dios absoluto, santo, justo, soberano y lleno de gracia. Jesús tenía razón en decir: “Ninguno hay bueno, sino sólo Dios” “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (Lucas 18.19, 27). Sólo por fe en Cristo es posible morir al pecado y vivir en la bondad de Dios.

  1. La introducción del bien y del mal en la vida humana es presentada en Génesis 2.

2.1.    La definición del bien y del mal es revelada por Dios soberano en la forma del mandato de Dios (Gén. 2.15-17).
2.2.    La definición del bien y del mal está relacionada con obediencia a la Palabra de Dios.
2.3.    La bondad no es intrínseca  al ser humano sino que corresponde a nuestra obediencia a la revelación de Dios.  Véase Lucas 18.18-30. El joven rico obedeció la ley, que es buena, no porque él era bueno.
2.4.    La implicación moral de la existencia del bien y del mal es que el hombre, para vivir bien, debe obedecer los mandatos de Dios. Un niño, para sobrevivir en el mundo, debe obedecer a la intervención y los mandatos de sus padres. Si dejamos a un niño completamente por sí mismo, morirá. Nosotros somos como niños en cuanto al reino de Dios.
2.5.    Dios no considera al hombre, incluso antes de la caída, intrínsecamente bueno y autónomo. El hombre fue creado con la capacidad de escoger entre el bien y escoger el mal dentro los parámetros establecidos por Dios.
2.6.    La implicación eterna de conocer el bien y el mal es que el hombre, para vivir eternamente, tiene que vivir por la gracia de Dios. No poseíamos la vida eterna y tampoco Dios ha prometido entrada al cielo por nuestra buena conducta.  El imperfecto no puede heredar al perfecto. Sólo Dios, por su gracia, puede salvarnos. En la salvación provista por Dios, la perfección de la persona y vida del Hijo de Dios es imputada a nosotros. Así, el creyente vive por los méritos de Cristo y no por sus propios méritos.
2.7.    Además de las responsabilidades dadas a los humanos,  Dios permite el mal. El mal es permitido para expresar la soberanía de Dios sobre todas las cosas en el universo. Solo un Dios soberano puede controlar el universo y derrotar al mal.
2.8.    Dios no es autor del mal. Dios tiene conocimiento de todo el mal que puede existir. Él es omnisciente. Dios tiene poder sobre el mal. Él ha decidido destruir el mal por medio de la obra de su Hijo, Jesucristo. La destrucción del mal es un proceso que incluye la restauración del hombre por fe en Cristo.
2.9.    El hecho de que Dios permita el mal no muestra una debilidad en su omnipotencia sino la grandeza de su gracia soberana.

  1. La entrada del mal a la raza humana es descrita en Génesis 3:1-7.

3.1.    Por el engaño satánico los mandatos absolutos de Dios son negados.
3.2.    El engaño es presentar la verdad de tal manera que la verdad es cambiada.
3.3.    La mentira es distorsionar la verdad
3.4.    Por los sentidos humanos la verdad fue negada
3.5.    El ser humano usó todos los sentidos para pecar.
3.6.    Usar los sentidos no es pecado, el mal uso de los sentidos sí lo es.
3.7.    Por las relaciones humanas el mal fue extendido. Eva tentó a Adán
3.8.    La maldad pasó de una generación a la otra, como se demostró en el homicidio cometido por Caín.
3.9.    La persona caída pierde la capacidad de reestablecer una relación con Dios. Solo Dios puede reestablecer una relación con el hombre. El pacto es el término bíblico usado para describir la relación entre Dios y su pueblo.
3.10. La entrada del mal al mundo por medio de los ángeles y las personas humanas muestra que sólo Dios  es perfecto y que la gracia de Dios es nuestra única esperanza para ser salvo.

  1.  Las consecuencias del mal son descritas en Génesis 3.

4.1.    Las consecuencias del mal están directamente relacionadas con los mandatos de Dios dados antes de la caída. Las consecuencias no son arbitrarias sino una perfecta extensión del juicio de Dios.
4.2.    La muerte fue predicha antes de la caída: “Morirás.”  Hay una muerte física. Es un proceso que termina en la terminación de la vida natural (muerte natural). Hay una muerte espiritual. Es instantánea. Es la ausencia de vida espiritual en el ser humano. Fuera de Cristo, estamos muertos un nuestros delitos y pecados (Ef. 2.1-3) y destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3.23). Nuestra destitución espiritual se demuestra en nuestra incapacidad de creer, obedecer y glorificar a Dios en todo.
4.3.    El libre albedrío es definido como la habilidad para efectuar una decisión no forzada entre dos o más alternativas (Geisler, 1995, 75). Albedrío, la capacidad de elegir según su voluntad, ahora, por la caída, choca con la voluntad absoluta Dios. El ser humano usa su libertad para contradecir y negar la voluntad de Dios. Por el libre albedrío el ser humano escoge el mal libremente. El hombre pecador continua voluntariamente pecando (Ro. 3.10-17).
4.4.    La Palabra de Dios define la rebeldía del hombre caído en términos de muerte (Efesios 2.1), injusto (Ro. 3.10) y destituido de la gloria de Dios (Ro. 3.23).
4.5.    La libertad humana, en la condición de la caída, solo tiene la capacidad de usar su libertad para  el mal. Para hacer el bien, el ser humano debe renunciar su libre albedrío y someterse a la voluntad de Dios como es expresada en los mandatos de Dios.
4.6.    El creyente es una persona regenerada por el Espíritu Santo. El Espíritu da una naturaleza nueva al creyente. Por medio de esta naturaleza y la obra del Espíritu Santo, el creyente ejerce el fruto, los dones y los talentos dados por el Espíritu (2 Pedro 1.3-7).
4.7.    La auto justificación es otra consecuencia de la caída.  Adán: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol”. Eva: “La serpiente me engañó...”
4.8.    El conflicto espiritual (Gén. 3.15) resulta por causa de la caída. 1) Dios declara guerra contra Satanás y su simiente. 2) Dios promete la victoria por la simiente de la mujer (Cristo). 3)  Satanás perseguirá a los creyentes
4.9.    Las consecuencias personales y sociales son múltiples: Dolor en la crianza de hijos (Gén. 3.16); Señorío en el matrimonio (Gén 3.16); Trabajo difícil (Gén. 3.17-19); La muerte (Gén. 3.19) y Peregrinaje afuera de Edén (Gén. 3.23).
4.10. La consecuencia más importante de la caída es que ahora sólo Dios puede salvar y restaurar al ser humano. Dios inició el proceso de salvación declarando guerra a Satanás y prometiendo la victoria   (Gén. 3.15). La salvación viene de Dios. Dios no vino para salvar a los inocentes o a los que son parcialmente pecadores, sino que Él vino para rescatar a los que son 100% pecadores.

CONCLUSIÓN

A.    El que defina lo que es la bondad, debe ser un Dios absoluto, santo, justo y soberano y gracioso. Jesús tenía razón en decir: “Ninguno hay bueno, sino sólo Dios” “Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios (Lucas 18.19, 27). Sólo por fe en Cristo es posible participar y morir al pecado y vivir en la bondad de Dios.
B.    El hecho de que Dios permite el mal no muestra una debilidad en su omnipotencia sino la grandeza de su gracia soberana.
C.    La entrada del mal al mundo por los ángeles y la raza humana muestra que sólo Dios es perfectamente santo y bueno y que la gracia de Dios es nuestra única esperanza para ser restaurados.

D.    La consecuencia más importante de la caída es que ahora solo Dios puede salvar y restaurar al ser humano. Dios inició el proceso de salvación declarando guerra a Satanás y prometiendo la victoria   (Gen. 3.15). La salvación viene de Dios. Dios no vino para salvar a los inocentes o a los parcialmente pecadores, sino que Él vino para rescatar a los que son completamente pecadores.

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