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jueves, 16 de febrero de 2017

EL LADRILLO DEL TESTIMONIO (Nehemías 13:1-13:31)


Comentario Sobre la Misión en Nehemías

La Biblia es un libro misionero, por que es la palabra de Dios al mundo. La esencia del mensaje de la Biblia es la proclamación de las buenas noticias de Dios al mundo. Para tener un entendimiento claro del concepto de ‘misión’ en la Biblia hay que tomar en cuenta el concepto de la historia de redención (véase Comentario Sobre la Perspectiva Histórica Redentiva en el capítulo 2). La misión de Dios es el desarrollo de su plan de salvación del mundo, enfocado en la persona y obra de Jesucristo.

Dentro de la historia de redención hay dos etapas en que se desarrolló el plan de salvación. Las dos etapas se dividen entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Las etapas pasan de una a la otra con el nacimiento, ministerio, muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo. La misión en el Antiguo Testamento seguía el modelo centrípeto (de afuera hacia el centro). La misión en el Nuevo Testamento sigue el modelo centrífugo (del centro hacia afuera). Un entendimiento de eso es importante si vamos a estudiar el concepto de ‘misión’ en el libro de Nehemías.

El modelo de la misión centrípeta en el Antiguo Testamento es el modelo en el cual Dios mantiene su pueblo con todos los reglamentos dados el Pentateuco. El enfoque se concentraba en los judíos como el pueblo de Dios. La atracción de los gentiles (no-judíos) era por medio de que ellos venían de afuera para vivir con los judíos en su tierra. Así ellos aprendieron la ley de Dios y las costumbres dictadas por Dios. En palabras claras, se puede decir que el modelo centrípeto es ‘venga y vea’.

El modelo de la misión centrífuga en el Nuevo Testamento es el modelo en el cual Dios manda a su pueblo a proclamar las buenas nuevas a las naciones. Este modelo empezó en el día de Pentecostés. El libro de Hechos nos cuenta toda la historia de la nueva iniciativa, mandado por Jesucristo, ‘id y haced discípulos’ (Mateo 28:16’20). Este modelo es el que seguimos hoy en día hasta que venga el Señor en la segunda venida. El enfoque se concentra no en los judíos, sino en los gentiles. La atracción de los gentiles es por medio de que los cristianos vamos afuera para buscar los que el Señor ha llamado para ser su discípulo. En palabras claves, se puede decir que el modelo centrífugo es ‘vaya y proclama’.

El contexto misionero de Nehemías es lo del Antiguo Testamento. Sigue el modelo misionero centrípeto. En el Antiguo Testamento había muy poco ejemplo de extranjeros que formaron parte de los judíos, pero sí los hay (e.g. Rut y Rahab). También se nota que por lo general, cuando entraron extranjeros paganos a vivir en Israel, los judíos tendían a seguir a la religión de ellos en vez de que los extranjeros adoptaran la fe de los judíos. Eso es el contexto particular de Nehemías. Cuando el vino, el pueblo se había olvidado de Dios y se habían adaptado a la religión de los gentiles paganos que vivían entre ellos. Después de la reforma que dirigió Nehemías, él volvió a Persia y ¿qué pasó? El pueblo volvió a seguir falsos dioses, falsas enseñanzas y falsas prácticas.

Es en este contexto misionero que debemos entender los pasajes en Nehemías que tienen que ver con su relación con los gentiles paganos de los países alrededor de ellos. Nehemías insistió que se apartaran de ellos (Nehemías 9:2; 13:23-27). Es porque los extranjeros influían a los judíos en vez de que el testimonio de los judíos cambiara a los que venían de afuera. La idea era que el pueblo vivía en santidad y unidad con Dios en relación fiel del pacto de Dios para ser un ejemplo a los paganos de lo que es ser pueblo verdadero de Dios.

Lo que pasa en el libro de Nehemías es que la misión de Dios tenía que extenderse no a los paganos que vivían alrededor de Jerusalén y Judá. Más bien, la misión tenía que impactar al pueblo de Israel mismo, porque se habían alejado de Dios. Nehemías tenía que restaurar el pueblo para que pudiera servir de testimonio fiel hacia los extranjeros. Por eso había que transformar no solamente la ciudad, sino el corazón de la gente judía.

La misión de Dios en la época de la historia de redención que vivía Nehemías era la de volver de presentar la palabra de Dios a su propio pueblo para transformarlo. Eso se hizo por medio de la lectura de la ley (capítulo 8). El pueblo respondió con confesión de pecado (capítulo 9) y luego con la afirmación del pacto de Dios (capítulo 10). La afirmación del pacto es como una misión cumplida. Solo que Nehemías tenía que volver a hacerlo de nuevo por que el pueblo volvió a apartarse (capítulo 13).

Pero el modelo que siguió Nehemías en la misión de Dios era un modelo de transformar la comunidad de fe para que pudiera servir de testimonio de la gloria de Dios al mundo. Las dos veces que Nehemías dirigió sus reformas en el pueblo, él siguió el mismo modelo de poner atención a la Palabra de Dios y buscar una respuesta a ella. Esta es la misión de Dios, ¿verdad? La misión de Dios que todo el mundo escuche la Palabra de Dios y que responda a ella por fe en Cristo, por medio de la obra del Espíritu Santo.

Kenneth Tollefson escribe un artículo muy bueno en cuanto a la misión de Dios en el libro de Nehemías.[1] En su artículo, Tollefson nota que todo el libro de Nehemías es un libro en que se puede hacer un bosquejo que muestra las etapas de la restauración de lo que el llama ‘la comunidad de Dios’. El bosquejo que él propone se resume así:

1) Capítulo 1 – Reformulación – Estableciendo una visión de una sociedad del pacto
2) Capítulo 2 – Comunicación – Compartiendo la visión y reclutar apoyo
3) Capítulo 3 – Organización – Asignando el trabajo a líderes y grupos de trabajo
4) Capítulos 4-6 – Adaptación – Respondiendo estratégicamente a oposición
5) Capítulos 7-10 – Transformación – La reestructuración de la sociedad
6) Capítulos 11-13 – Rutinización – Integración a la vida comunitaria

El enfoque que Tollefson da a la misión se concentra en el desarrollo de la comunidad. El pone mucho enfoque en los aspectos sociales, económicos, políticos etc. que él cree debe ser transformado por el evangelio presentado en la Palabra de Dios. En la misión de Dios, uno tendrá que tener cuidado en no ir al extremo de una transformación  social  (comunitario) sin el acompañamiento de una transformación espiritual. Pero de igual manera, uno tampoco debe proponer una transformación espiritual sin esperar una transformación social (comunitario).

El modelo de misión que Jesucristo modela en su ministerio era la de identificarse con su pueblo por medio de la encarnación. Él desarrolla su misión por medio de efectuar una transformación espiritual del hombre que impacta una transformación social (comunitario) del cual es parte, de una manera integral. Eso es el modelo de la misión que Nehemías sigue. Con la reconstrucción de la muralla de Jerusalén (Nehemías 1-6) Nehemías se identifica con el pueblo y gana su confianza. Después él procura dirigir una transformación espiritual del pueblo de Dios (Nehemías 7-10) y espera que esa transformación impacte a la comunidad del pueblo (Nehemías 11-13). Este es el modelo a que Dios llama su iglesia cuando da ‘el orden de marchar’ de la iglesia en la gran comisión de Mateo 28:19, “Id, y haced discípulos a todas las naciones”.

Comentario de Nehemías 13:1-13:31

Hemos llegado al último capítulo de Nehemías, y también al último capítulo del curso. Lo que leemos en Nehemías 13:1-13:30 es una confirmación de nuestro título del capítulo: El Ladrillo del Testimonio. Ya hemos visto siete características que forman cada uno un ladrillo para la composición del liderazgo cristiano. En el último capítulo de Nehemías, él enfatiza la importancia de la acción de gracias por medio del testimonio del siervo de Dios, un octavo ladrillo del liderazgo bíblico.

El pasaje se podría dividir en cuatro partes:

13:1-13:31 – Acción de Gracias en Servicio
      a) 13:1-14 – Reformas del Templo
      b) 13:15-22 – Reformas del Día de Reposo
      c) 13:23-29 – Reformas de la Familia
      d) 13:30,31 – Resumen de las Reformas

13:1-13:31 – Acción de Gracias en Servicio

Se esperaría un fin de esperanza y júbilo en el libro de Nehemías, pero lastimosamente leemos el opuesto en el último capítulo. El libro termina con un acontecimiento ante-climático de desánimo, puesto que leemos que el pueblo entró en un tiempo de apostasía a nivel nacional, volviendo a sus prácticas viejas como siempre hacía en su historia.

En el duodécimo año de la estadía de Nehemías en Jerusalén, él volvió a Persia como era el acuerdo con Artajerjes, rey de Persia. El permiso original que Artajerjes le concedió para ir a Jerusalén era para estar allí por un tiempo definido. En Nehemías 2:6 leemos, “¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.” La duración de su tiempo in Babilonia es desconocido, pero después de cierto tiempo, Nehemías volvió a pedirle permiso a Artajerjes regresar a Jerusalén (Nehemías 13:6). Nehemías recibió noticias de la situación y regresó de Persia para volver a hacer unas reformas en el pueblo. Con esta segunda llegada de Nehemías, él venía con el apoyo del pueblo, la autoridad del estado, y el prestigio del imperio Persa.

Durante su ausencia, el pueblo se había olvidado de sus compromisos recordados Nehemías 8-12. Ellos volvieron a la rutina que seguía antes de la venida de Nehemías. Samuel Schultz lo describa así,
Durante el tiempo de la ausencia de Nehemías, prevaleció la laxitud religiosa. Eliasib, el sumo sacerdote, había concedido a Tobías el amonita, una cámara en el atrio del templo. No se habían pagado las retribuciones a los levitas y los cantores del templo. Y desde que el pueblo había descuidado en llevar las ofrendas diarias, para lo cual se había acordado el diezmo y los primeros frutos a los levitas, éstos salieron al campo a hacer su vida.”[2]

Nehemías estaba preocupado por el testimonio del pueblo. Él sabía que la gloria de Dios y el honor del nombre de Dios estaba en juego dependiendo del testimonio que vivía el pueblo que llevaba su nombre. El profeta Ezequiel, quien profetizó durante el tiempo de la primera deportación de los Israelitas a Babilonia, lamente el mal testimonio del pueblo de Dios. Él profetizó en cuanto a la razón por lo cual les permitiría volver a Jerusalén. Tenía que ver no con el pueblo, sino con el nombre de Jehová que estaba tan estrechamente identificado con el pueblo de Israel,
Pero he tenido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde fueron. Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado.”

Nehemías 13 se divide entre tres grupos de reformas que Nehemías llevó a cabo: la reforma del templo (vv.1-14), la reforma del día de reposo (vv.15-22) y la reforma de la familia (vv.23-30). Si comparamos eso al compromiso que hizo el pueblo anteriormente, es importante notar que estas tres reformas coinciden precisamente con los tres compromisos hechos en el capítulo 10. Cada uno de los compromisos, hechos con tanta seriedad, fue olvidado por el pueblo después de la salida de Nehemías.

El pueblo de Dios vivió un mal testimonio. Pero comparamos eso al testimonio bueno y consistente de Nehemías, como ejemplo de un testimonio que se presta a un liderazgo bíblico de integridad. El testimonio de Nehemías siempre quedaba firme, constante y consistente a través de todo su tiempo como líder entre los judíos. Y note que una vez más es la lectura de la Palabra de Dios (como en los capítulos 8, 9, y 13) que invoca e introduce las reformas que Nehemías llevó a cabo al volver a Jerusalén[3]

Ahora veremos uno por uno el mandato de Dios que desobedecieron, después el problema, seguido por la solución.

a) 13:1-14 – Reformas del Templo

En cuanto al cuido del templo, había dos asuntos de desobediencia:
1) Permitieron a los extranjeros participar en las asambleas religiosas (vv.1-9)
2) Retuvieron los diezmos y ofrendas (vv.10-14).

El problema es introducido en los versículos 1-3. Nehemías enfatiza el ejemplo de Balaam (Números 22-24) que resultó en una amonestación que el pueblo no se mezclara con las naciones alrededor de ellos. Él sigue con una reflexión del descuido del templo. Dios pidió puridad espiritual en las asambleas, pero el pueblo ignoró eso.

En los versículos 4-9 leemos que Eliasib convirtió unos cuartos (apartados para guardar las ofrendas de grano, aceite y vino) en apartamentos para Tobías. Tobías era el compañero Amonita de Sanbalat que molestó tanto a Nehemías durante la reconstrucción de la muralla (4:3,7,8). ¡Imagínese la influencia increíble que Tobías hubiera tenido desde esa posición! La ley decía que no debían casarse con los extranjeros paganos, y que los paganos no debían acercarse al templo. ¡Tobías rompió con ambos reglamentos de Dios! Y todo eso ocurre muy poco después de que el pueblo se había comprometido apartarse de estas prácticas. Veamos lo que escribe en Nehemías 10:39,
“Porque a las cámaras del tesoro han de llevar los hijos de Israel y los hijos de Leví la ofrenda del grano, del vino y del aceite; y allí estarán los utensilios del santuario, y los sacerdotes que ministran, los porteros y los cantores; y no abandonaremos la casa de nuestro Dios.”

La solución de los dos problemas se introdujo por la lectura de la Palabra de Dios para servir de agente purificador. Se supone que la lectura incluía Deuteronomio 23 donde Moisés presente los reglamentos de las asambleas. La lectura siguió con la primera solución de echar Tobías del templo (vv. 8,9) y volver los cuartos al uso originalmente indicada.

El segundo problema era que el pueblo retenía los diezmos y las ofrendas. Dios pidió que el pueblo proveyera para los servicios del templo (10:32-29). Pero no lo hacían, por lo cual los levitas no podían seguir con sus responsabilidades, pues dejaron sus puestos y salieron a los pueblos. La solución de Nehemías era que los regañó (v.11) y después delegó cuatro varones fieles para restaurar la práctica de diezmar y ofrendar (v.13).

b) 13:15-22 – Reformas del Día de Reposo

El segundo punto que Nehemías tocó tenía que ver con el Día de Reposo. Dios pidió al pueblo que guardara el Día de Reposo (Éxodo 20:4-6; Nehemías 10:31)

El problema (vv.15,16) era que el pueblo compraba y vendía y hacía sus negocios siete días de la semana, incluyendo el Día de Reposo. Eso violó el cuarto mandamiento de los diez mandamientos.

La solución (vv. 17-22) de Nehemías era que reprendió a todos (vv.17,18) y después él cerró los portones de Jerusalén en el Día de Reposo (v.19) y puso guardas para que nadie pudiera entrar y salir. Aún no permitió negociantes esperar afuera del portón para esperar que el Día de Reposo terminara (v.20,21). Sin duda Nehemías tenía en mente lo que debe pasar si el pueblo abandonara el Día de Reposo (Jeremías 17:19-27).[4] Después insistió en una purificación formal de la gente (v.22)

c) 13:23-29 – Reformas de la Familia

Sigue por último unas reformas de la familia. Dios pidió que se apartara de los extranjeros y que se mantuvieran puros (Deuteronomio 23:3-5; Malaquías 2:10-16).

El problema (vv.23,24) era que el pueblo volvió a la práctica de casarse con los vecinos paganos. Eso violó la ley de Dios pero también el pacto que hicieron (10:30).

La solución (vv.25-28) es que los reprendió (v25), y hasta hirió algunos y les arrancó el pelo.  También les instruyó sobre la razón por qué esa práctica era tan mal y debe ser castigado duro, usando el ejemplo de Salomón (v.26). Eliasib era el sumo sacerdote que se casó con la hija de Sanbalat (el que se opuso más que los demás a la reconstrucción de la muralla). Para enfatizar la enseñanza, Nehemías usó Eliasib como ejemplo y lo quitó de su puesto.

Talvez tengamos problemas con la manera en que Nehemías mostró su ira (v.25). Por un lado, habrá que recordar que lo que hizo era una costumbre común oriental. Pero también tenemos que tomar en cuenta lo que explica J.I Packer,
“... debemos reconocer que fue por un sentimiento de ira profunda que se expresó no tanto en auto-resentimiento ni en hostilidad personal, sino en la angustia del corazón que tanto anheló la gloria de Dios y que odió todo lo que lo oscureciera que le sirviera de obstáculo a la gloria de Dios.”[5]

La situación en el tiempo de Nehemías no era tan distinta de la situación del relativismo y pluralismo que vivimos hoy en día. Es un mal testimonio que está destruyendo nuestra nación, no solamente, sino que está entrando hasta dentro de la iglesia misma.

En el versículo 29 tenemos el tercer ejemplo en Nehemías (véase 4:4,5 y 6:14) de una oración que se llama ‘oración imprecatoria’ (una oración que pide una maldición al enemigo).

d) 13:30,31 – Resumen de las Reformas

En este último capítulo note las oraciones de Nehemías después del relato de cada reforma, y repetidas al final del acontecimiento. Él ora ‘acuérdate de mi’. Es un refrán usado periódicamente en Nehemías (1:8; 5:9; 6:14) y cuatro veces en el capítulo 13 (vv.14,22,29,31). Nehemías invoca esta frase tras cada una de las tres reformas que cuenta en el presente capítulo. Y el último refrán también invoca estas palabras. Es una indicación de que Nehemías tomó su responsabilidad en serio, con el sentido de la presencia de Dios, y con un deseo de agradar a Dios.

Los versículos 30,31 concluyen las reformas del capítulo 13. Pero también forman una conclusión al libro de Nehemías. Unas traducciones de estos versículos señalan tres verbos (purificar, poner, proveer) en estos versículos. Pero la Reina Valera 1960 correctamente señala solo dos verbos. Eso concuerda con el hebreo original. Los dos verbos (purificar y poner) muestran lo que Dios cumplió en Jerusalén por medio de Nehemías. El purificó todo el pueblo y el puso líderes, servicios del templo, y costumbres agradable a Dios.

Desafortunadamente, el libro no termina contando un relato de éxito, sino de fracaso. A pesar de todo el esfuerzo de Nehemías, el pueblo no había llegado a su lugar de descanso.[6] Pero ¿cómo debemos definir ‘éxito’? Nehemías cumplió su oficio con celo y con eficiencia. Él siguió a Dios con fidelidad. Dios le llamó para llamar al pueblo al arrepentimiento. Y lo hizo. La Biblia nos enseña que la fidelidad en seguir el llamado de Dios es, de hecho, un éxito. Dios promete en Isaías 55:11, “... así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.” J.I Packer comenta sobre el ministerio de Nehemías de la siguiente manera, “La pasión de Nehemías era ser fiel; él no sabía si el fuera nombrado para tener éxito, pero sí sabía que fue llamado a ser fiel a la Palabra de su Dios en todo que hacía.[7]



[1]    Kenneth Tollefson, The Nehemiah Model for Christian Mission. Missiology: An International Review, Vol. XV, No. 1, January, 1987. pp. 31-55.
[2]    Schultz, Capítulo 16.
[3]    Kidner, p. 128.
[4]    Kidner, p. 130.
[5]    Packer, p. 182.
[6]    Sproul, p. 685.
[7] Packer, p. 211.

miércoles, 15 de febrero de 2017

EL LADRILLO DE LA ACCIÓN DE GRACIAS (Nehemías 11:1 – 12:47)


Comentario Sobre La Gratitud

A nosotros nos gusta celebrar el día de Acción de Gracias. Algunos países tienen días apartados especialmente para esta ocasión. Es una buena costumbre sacar un día para dar gracias a Dios. Pero me pregunto ¿por qué tenemos que apartar un día especial para dar gracias a Dios? ¿No es cierto que realmente cada día deba ser un día para dar gracias a Dios? Sea lo que sea, la realidad es que hoy en día tenemos los días especiales de Acción de Gracias.

Pero el dar gracias a Dios ¿cuando se originó? ¿Acaso se originó con algún momento histórico en algún país en particular? En Nehemías 12, tenemos un ejemplo de un día de Acción de Gracias. Pero si leemos la Biblia, notaremos que hay muchas ocasiones en las que el pueblo de Dios le daba gracias. Revisémonos algunos de estas ocasiones.

En Génesis 4 tenemos la primera ocasión registrada en la Biblia de acción de gracias. Es el ejemplo del sacrificio de Abel. Leemos in Génesis 4:4, “Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas.” No tenemos indicación por qué Abel ofreció su sacrificio. Todavía no hay mandato de Dios que se requería algún sacrificio. Se presume que Abel sintió gratitud por lo que Dios le había proveído, por lo cual quería devolver algo a Dios para expresar su gratitud. La sangre derramada en los sacrificios de Abel señalaba la sangre de Cristo quien vendría y quien derramaría su sangre como sacrificio para los pecados del mundo. Realmente, eso es el motivo primario para nuestra acción de gracias. Leemos que Dios aceptó el sacrificio de Abel en el mismo versículo 4, “Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda.

Sin duda había otras ocasiones de acción de gracias de parte del pueblo de Dios. Pero la próxima ocasión bíblica notable es el sacrificio de Noé después del diluvio, registrado en Génesis 8. Sabemos lo que pasó. Todo el mundo fue destruido por el diluvio salvo a Noé y ocho miembros de su familia. Leemos en Génesis 8:20, “Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar.” Imagínese la gratitud que debía haber sentido la familia de Noé después de haber sido rescatado del diluvio solamente por la gracia de Dios. Dios les había escogido a Noé y a su familia para que de su linaje viniera el Mesías, Jesucristo. Tal como Noé y su familia fueron salvados de la muerte, así nosotros somos redimidos de nuestros pecados por el sacrificio de Cristo en la cruz. Dios respondió con favor al sacrificio de acción de gracias de Noé. Leemos in Génesis 8:21, “Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.”

Pero Dios sigue proveyendo las necesidades de su pueblo. Leemos de los sacrificios de Abraham, Isaac, Jacob y de sus familias. En el pasado de tiempo vino otra ocasión notable para ofrecer gratitud a Dios con la pascua. Habiendo estado 430 años bajo esclavitud en Egipto, Dios proveyó una liberación milagrosa por medio de las diez plagas y luego del mar rojo. Faraón intentó destruir no solamente los Israelitas, sino con ellos el plan de Dios para la redención del mundo. Pero una vez más, por la gracia de Dios, él vence al enemigo, y los Israelitas son liberados. Como símbolo de esta liberación, Dios instruyó al pueblo que celebrara la pascua. La pascua fue establecida por Dios como una fiesta de acción de gracias por lo que él les había hecho. Eso fue una señal más de Dios que mandaría a su hijo Jesucristo para ofrecer salvación del gran enemigo Satanás. En Éxodo 12:14 leemos el siguiente en cuanto a la celebración de la pascua, “Y este día os será en memoria, y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis.

En Deuteronomio 8 tenemos otra ocasión de gratitud a Dios porque el pueblo estaba por entrar a la tierra prometida. Allí leemos que durante 40 años de viaje en el desierto, Dios les había proveído agua y comida y no les había gastado su ropa. Ahora estaban por entrar en la tierra de que Deuteronomio 8:7 dice que era, “...buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes.”

Pero Dios conocía bien a su pueblo. Él sabía que el pueblo sería cómodo con todo los bienes de la tierra y que tarde o temprano se olvidaría de él. Eso es también lo que pasó en el contexto de Nehemías. El pueblo se había olvidado de Dios. Pero en Deuteronomio 8:11-14 leemos,
“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.”

Luego leemos en Deuteronomio 8:19,20 de lo que pasaría si nos olvidamos de Dios y si no le damos la gratitud que él merece. Allí leemos,
“Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios. “

Eso es exactamente lo que pasó con Israel. Y en el contexto de Nehemías, el pueblo reconoció eso. Leyeron la ley (Nehemías 8), confesaron sus pecados (Nehemías 9), reafirmaron el pacto (Nehemías 10), habitaron Jerusalén de nuevo (Nehemías 11), y ahora, con todo eso, en el capítulo 12, Nehemías y Esdras dirige el pueblo en una dedicación, un sacrificio de acción de gracias a Dios.

Comentario de Nehemías 11:1 – 12:47

Todo lo que leemos en Nehemías 11:1 – 12:47 es una confirmación de nuestro título del capítulo: El Ladrillo de la Acción de Gracias. Ya hemos visto seis características que forman cada uno un ladrillo para la composición del liderazgo cristiano. En los últimos tres capítulos de Nehemías, él enfatiza la importancia de la Acción de Gracias, un sexto ladrillo del liderazgo bíblico. Con eso entramos en la tercera división de Nehemías, dividido en dos partes: Acción de Gracias en Culto (capítulo 7) y Acción de Gracias en Servicio (capítulo 8). En la primera división del libro de Nehemías (1:1-7:3) vimos la restauración de la muralla de Jerusalén. En la segunda división (7:4-10:39) vimos la restauración interna del pueblo de Dios. Ahora, entrando en la tercera división veremos la restauración externa del pueblo de Dio.

El pasaje se podría dividir en tres partes:

11:1-12:47 – Acción de Gracias en Culto
      a) 11:1-36   –   Ocupando Jerusalén
      b) 12:1-26   –   Lista de los Exilios Que Volvieron
      c) 12:27-47 –   La Dedicación de la Muralla


a) 11:1-36 – Ocupando Jerusalén

Para entrar en un estudio de Nehemías 11, tendríamos que atrasar un poco en el libro de Nehemías hasta Nehemías 7:4. Allí tenemos una presentación de un problema en Jerusalén: había muy poca población en la ciudad. Allí leemos, “Porque la ciudad era espaciosa y grande, pero poco pueblo dentro de ella, y no había casas reedificadas.” ¿Por qué había tan poca gente en Jerusalén? Consideremos varias razones[1]:

1) En 586 AC los Babilonios capturaron la ciudad, destruyendo la infraestructura y la muralla y llevando la mayoría de la gente.
2) Después de 70 años, algunos de los exilios volvieron, pero la muralla quedó destruido por 72 años más (444 AC). ¡Eso fue un total de 142 años! Los habitantes fueron muy desanimados y salieron para los pueblos.
3) Habían muchos ataques de parte de los Árabes y los Samaritanos. En Nehemías 11:6 leemos que los que quedaron en Jerusalén eran ‘fuertes’. Los pocos que ocuparon Jerusalén tenían que ser valientes en este ambiente de alto riesgo. La mayoría no quería someter sus familias a estos ataques.
4) Los pocos que quedaron tenían que asumir mucho trabajo con mucha responsabilidad.

Según este capítulo y haciendo una comparación con lo que leímos en 1 Crónicas 9, después del nuevo arreglo de la población, unos dicen que habían unos 10,000 habitantes en Jerusalén[2], otros estiman que habían hasta 20,000 habitantes.[3] El número exacto no es tan importante. Pero eso quiere decir que si ellos escogieron la décima parte para habitar a Jerusalén (11:1), entonces la población total de los exilios que volvieron era un número entre 100,000 y 200,000.

En la lista que Nehemías da de los que habitan a Jerusalén, él menciona solamente los representantes de los tribus de Judá, Benjamín y de los levitas. Según 1 Crónicas 9, notamos que había unos representantes de otras tribus también. Pero los que Nehemías menciona formaron el núcleo de los nuevos habitantes de Jerusalén, porque ellos fueron las tribus que formaron el reino de Judá (el reino del sur) que no fue llevado por los Asirios en 772 AC. Eso es importante, porque recordamos que tenemos que ver todo eso en la perspectiva de la historia de redención. Jesucristo vendría de la tribu de Judá que forma gran parte de este núcleo de nuevos habitantes de Jerusalén, ciudad de David, de cuyo linaje vendría el Mesías y Redentor.
En el versículo 1, leemos que se decidió que además de los jefes de los pueblos, una décima parte de los que vivían en los pueblos ocuparían Jerusalén. Es una aplicación creativa del principio del diezmo. El pueblo ‘echó suertes’ para decidir quienes debían vivir en Jerusalén. Antes de que el canon de las escrituras cerrara, el echar suertes era la manera de buscar la voluntad de Dios. Ellos creyeron lo que escribió Salomón en Proverbios 16:33, “La suerte se echa en el regazo; Mas de Jehová es la decisión de ella.

A Jerusalén Nehemías le da el nombre ‘ciudad santa’. Esta referencia a Jerusalén no es muy común. Hay referencia a eso también en el versículo 18. Isaías también refiere a Jerusalén como la ‘ciudad santa’ (Isaías 48:2; 52:1). La santidad se va expandiendo: los utensilios santos (Esdras 1:7; 8:28); los sacerdotes (Esdras 8:28); el pueblo (Esdras 9:2); el lugar santo (Esdras 9:8); los portones (en Nehemías 3:1); la palabra traducido ‘arreglar’ en el original es ‘consegrar’; el Día de Reposo (9:14) --- la ciudad entera es santa ahora. La ciudad con todo lo que había en ella llegó a ser santa, una ‘casa de Dios’ que Dios propuso construir (Hebreos 3:1-6).”[4]

Además de los que fueron escogidos a ocupar Jerusalén por suertes que echaron, parece que adicionalmente había también algunos que pasaron a vivir en Jerusalén voluntariamente (v.2). Posiblemente eso era unos de los familiares de los escogidos por suerte. Los ‘hombres de gran vigor’ (v.14) se refieren no tanto a ‘hombres de valor’ sino a ‘hombres capaces para servicio en la casa de Dios.[5] Las personas mencionadas en los versículos 25-36 son los que ocuparon los pueblos alrededor de Jerusalén. Comparando esta lista de Nehemías con la de Esdras 2:21-35 se nota una vez más que Esdras y Nehemías vienen de la misma época de la historia de Israel.

b) 12:1-26 – Lista de los Exilios Que Volvieron

En los primeros 26 versículos de Nehemías 12 tenemos la lista de los que volvieron del exilio. Es la cuarta lista de nombres en el libro de Nehemías (capítulos 3, 7 y 10). Con eso se nota la importancia de los detalles de listas de nombres. En los versículos 1-9 Nehemías menciona las familias de los sacerdotes y de los levitos que volvieron del exilio. La lista es de los que volvieron con Zorobabel, haciendo una conexión entre los últimos capítulos del libro de Nehemías y los primeros capítulos del libro de Esdras.

Algunos comentarios sobre esta lista merecen atención. Zorobabel era descendente de David, nieto del rey Joacim. Él fue el líder responsable para la construcción de la fundación del templo (Esdras 3:8-10). Jesúa fue el sumo sacerdote durante el mismo tiempo (Zacarías 3:1; Hageo 1:1). El Esdras mencionado aquí no es el mismo Esdras que escribió el libro de Esdras y de quien leemos en Nehemías 8 y 9. Él no venía hasta unos 80 años después de Zorobabel, mientras la lectura aquí dice que el Esdras listado aquí vino del exilio con Zorobabel. En los versículos 10 y 11 tenemos la sucesión de seis generaciones de los sumos sacerdotes desde Jesúa hasta Jadúa. En los versículos 12-21 se mencionan las cabezas de familia de los sumos sacerdotes en el tiempo de Joiacim. Por último, en los versículos 22-26 están anotados los levitas anteriores (vv.22,23) y en el tiempo de Joiacim (vv.24,25) junto con sus cabezas de familia.

c) 12:27-47 – La Dedicación de la Muralla

Es importante aclarar que en actualidad, la dedicación no es solamente para la muralla, sino para el templo también cumplido y la nueva comunidad que ahora vive en Jerusalén. La dedicación sigue el ejemplo establecido por la dedicación dirigido por Salomón del templo original (2 Crónicas 5-7), y la dedicación dirigida por Esdras del segundo templo (Esdras 6:16-18). La celebración incluyó gratitud (v.17,24), confesión (v.30), sacrificio (v.43), gozo (v.43), y ofrendas (v.44).

Algunos comentarios consideran que según Nehemías 13:6, la dedicación se llevó a cabo unos 12 años después cuando Nehemías volvió por segunda vez de su tiempo en Persia.[6] Pero la mayoría considera que era unas semanas después.[7] Para ver un mapa de las actividades de la dedicación, véase Apéndice 5: Jerusalén en el Tiempo de Nehemías.

Nehemías podría haber escrito el acontecimiento de la dedicación de la muralla después del capítulo 7:3, cuando terminaron el muro. Pero él redacta su libro para que el hecho de la dedicación cayera como un clímax de los acontecimientos. La dedicación no era solamente una acción de gracias por la muralla. Era una dedicación celebrada después de haber leído la ley (capítulo 8), confesado sus pecados (capítulo 9) y renovado el pacto (capítulo 10). La dedicación con todo el júbilo que la acompañó era para dar gracias a Dios por lo que hizo en restaurar físicamente su ‘ciudad santa’ y su pueblo santo. En esa acción de gracias el pueblo le rindió culto a Dios por la renovación tanto externa (la muralla) como interna (el corazón del pueblo). Por eso la dedicación tenía que ocurrir y su acontecimiento anotado en el libro de Nehemías después de que la renovación había sido completo.

El tema dominante de la dedicación es la gratitud. La palabra que se traduce como ‘coros’ en la Reina Valera 1960 es la palabra hebrea ‘towdah’ (תֹּודָה). El significado de la palabra en el hebreo es,
“Confesión, alabanza, gratitud para a) dar alabanza a Dios,  b) gratitud en cánticos de culto litúrgico o himnos de alabanza, c) coro de gratitud o procesión o línea o compañía, d) ofrenda o sacrificio de gratitud, o e) confesión”[8]

La misma palabra es usada también en los versículos 27, 38 y 40 de Nehemías 12. Son las únicas referencias a esta palabra en todo el libro de Nehemías. Cuando una palabra se encuentra muy poco en algún libro de la Biblia y se encuentra cuatro veces dentro del mismo capítulo y de hecho cuatro veces dentro de 14 versículos, es una indicación que es una palabra muy importante. Pero desafortunadamente, en ninguna versión bíblica española más conocida[9] se traduce con referencia a ‘gratitud’. En el contexto de nuestro pasaje, los cuatro significados podrían ser utilizados. Pero la tercera opción es la mejor. Cada uno de los cuatro usos de la palabra en Nehemías 12 debe ser traducido tomando en cuenta la tercera opción de la traducción mencionada arriba, “coro de gratitud o procesión o línea o compañía”. Matthew Henry escoge correctamente este uso en su comentario cuando él traduce esta frase, “la compañía de los que ofrecen gratitud”.[10]

Eso también es la razón por la cual vemos que el ladrillo de liderazgo bíblico que se muestra en este capítulo es el ladrillo de la gratitud o la acción de gracias. Es muy interesante notar que esta palabra es usada tanto para el ‘coro de gratitud’ que iba para la derecha (v.31) como para el ‘coro de gratitud’ que iba para la izquierda (v.38), uno dirigido por Esdras (v.36) y el otro acompañado de Nehemías (v.38).

No está indicada dónde se empezó la procesión. Pero hay mucha semejanza entre la descripción de esta procesión y la ruta que Nehemías tomó para revisar el muro originalmente (2:12-16). Podrían haber empezado en el mismo lugar, la puerta del Valle, y de allí cada ‘coro de gratitud’ marchando en su respectiva dirección.[11] Pero no hay duda en cuanto al destino final: el templo (v.40). Allí, después de seguir los requisitos de la purificación (véase 1 Crónicas 23:28) el pueblo rindió culto a Dios.

Todo eso afirma que la reconstrucción de la muralla no era un monumento a la fuerza de Judá, sino era un monumento para la perpetuación de la gloria y de Dios, su nombre, y el progreso de la historia de la redención. El clímax fue los sacrificios, dando gratitud a Dios, y eso con mucho júbilo. La acción de gratitud está enfocada en Dios como vemos en el versículo 43, “Dios los había recreado con grande contentamiento”. La profundidad del júbilo del pueblo es expresada allí mismo diciendo que “el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos.” Note que la respuesta del pueblo (v.44) a los acontecimientos de la dedicación era que ofrendaron de sus bienes en una acción de gratitud a Dios. Es una muestra del compromiso que hicieron (capítulo 10) de cuidar el templo y proveer las necesidades del mismo.

Con todo eso, se ve que la intención de Nehemías era de notar que la intensidad de celebración y la respuesta del pueblo aquí era igual a la festividad en el tiempo de Esdras (Esdras 6:16,22).



[1]    Engle, p. 86.
[2]    Boice, p. 118.
[3]    Barnes, p. 478.
[4]    Sproul, p. 681.
[5]    Spence & Exell, p. 118.
[6]    Barnes, p. 481.
[7]    Engle, p. 88.
[8]    Brown, Francis & Driver, S.R. & Briggs, Charles A., The New Brown, Driver, and Briggs Hebrew and English Lexicon of the Old Testament, (Lafayette, Indiana: Associated Publishers and Authors, Inc., 1981) p. 392.
[9]    Reina Valera 1960, Reina Valera 1995, Nueva Versión Internacional, Biblia de las Américas
[10]   Henry, p. 1111.
[11]   Kidner, p. 126.

martes, 31 de enero de 2017

EL LADRILLO DEL CARÁCTER DEL LÍDER (Nehemías 9:38-10:39)


Dr. Eric Pennings
Extraído de "Nehemías: Ladrillos del Liderazgo Bíblico"

Comentario Sobre el Pacto

En Nehemías 10 Nehemías escribe sobre la reafirmación del pacto con Dios de parte de los Israelitas. Note bien que no era una iniciativa nueva, sino una reafirmación de un pacto ya establecido, pero que en ese momento lo reafirmaron. Consideremos ese pacto. ¿Qué es? ¿Cómo se inició? ¿Cuáles son los elementos? ¿Qué importancia tiene?

El pacto es la relación entre Dios  y su pueblo, iniciado por Dios en el cual él dice, “Yo soy tu Dios” y su pueblo responde, “Nosotros somos tus hijos”. El pacto es iniciado por Dios, y los términos del pacto tienen su origen en Dios.

Gresham Machen, fundador del Westminster Theological Seminary, describe el pacto de la siguiente manera,
“Dios sigue siendo el soberano absoluto en los pactos que establece como en todo lo que hace. El hombre no hace un contrato con él en nada que se parezca ni remotamente a igualdad. El pacto es una expresión de la voluntad de Dios, no del hombre, y el hombre debe aceptar las condiciones que se le proponen, confiar en Dios en que son santas, justas y buenas, y ordenar su vida en consecuencia.”[1]

En el pacto con Dios, hay cuatro elementos. Son los siguientes:
1) Los partidos – Dios y el hombre son los dos partidos.
2) Las promesas – Dios compromete ser Dios del pueblo y el pueblo compromete ser el pueblo de Dios. Con esta relación del pacto venía la promesa de vida eterna.
3) Las condiciones – Si el hombre cumple perfectamente los mandamientos de Dios, Dios le dará vida.
4) La pena – Dios no puede romper el pacto, pero si el hombre rompe el pacto, la pena es la muerte espiritual.

El pacto es una muestra de la gracia de Dios para con el hombre. Es cierto que hay condiciones. Pero el problema es que después de la caída de Adán en el huerto del Edén, es imposible que el hombre satisfaga la condición de obediencia perfecta. Pero este problema se resuelve cuando Dios hace una promesa a los que él ha llamado ser sus hijos. A ellos Dios da todo lo que se necesita para cumplir con el pacto por medio de la obediencia perfecta de Jesucristo en la cruz.

En el Antiguo Testamento hay varias administraciones del pacto[2]:
1)   El Pacto de Obras – Génesis 2:16,17 – En el huerto del Edén Dios hizo un pacto cuando él dice, “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
2)   La Primera Revelación del Pacto – Génesis 3:15 – El contenido de los pactos de gracia en el Antiguo Testamento es basada en la promesa de Jesucristo (la simiente de Eva) que vendrá, cuando Dios dice a Satanás, “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”
3)   El Pacto con Noé – Génesis 9:11 – Dios promete que no volverá a destruir toda ser viviente con un diluvio, “Estableceré mi pacto con vosotros, y no exterminaré ya más toda carne con aguas de diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra.”
4)   El Pacto con Abraham – Dios formalice por primera vez su pacto de gracia. El contenido de este pacto, formalizado simbólicamente en Génesis 15, y ratificado en Génesis 17 con la circuncisión, se encuentra en Génesis 12:2,3, “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.
5)   El Pacto Sinaítico – Éxodo 19:5 – Es una confirmación del pacto con Abraham cuando Dios le dice a su pueblo, “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.” Las condiciones del pacto son registrados en los diez mandamientos en Éxodo 20:1-17, y es formalmente ratificado en Éxodo 24.
6)   El Nuevo Pacto – Romanos 4, Gálatas 3 – El pacto viejo del Antiguo Testamento es desarrollado y cumplido en el pacto nuevo del cual Jesucristo es el mediador. En el Nuevo Pacto no solamente los judíos son incluidos, sino se hace universal, extendido a todas las naciones.

El pacto se renovaba periódicamente en distintas formas durante la historia de Israel. Pero siempre es el mismo pacto, con el contenido y la historia presentada arriba. En Nehemías 10, tenemos un ejemplo más de la reafirmación del mismo pacto de parte del pueblo. En su comentario sobre Nehemías 10:1, Matthew Henry dice,
“Cuando Israel primeramente entró en el pacto con Dios, se hizo por medio de sacrificio y con aspersión de la sangre (Éxodo 24). Pero aquí se hizo en una manera más natural y común por medio de sellar y confirmar los artículos del pacto que los comprometió a nada más de lo que fue su deber.”[3]

Este pacto es el mismo pacto que regula nuestra relación con Dios hoy en día también. Los mismos elementos, el mismo contenido, la misma gracia de Dios por medio del Mediador del pacto, el Señor Jesucristo. Tal como Dios prometió vida eterna al pueblo de Dios por medio de su pacto en el tiempo de Nehemías, así nos promete hoy lo mismo. Es este pacto que forma la base del carácter del líder bíblico como veremos en el pasaje bajo estudio para esta sesión.

Comentario de Nehemías 9:38-10:39

Todo lo que leemos en Nehemías 9:38-10:39 es una confirmación de nuestro título del capítulo: El Ladrillo del Carácter del Líder. Los primeros cinco ladrillos de liderazgo cristianos que hemos estudiado forman parte del carácter del líder hemos visto. Pero en la presente sesión veremos que el compromiso personal del discípulo ante Dios es el ladrillo que muestra la sinceridad y actitud espiritual que es tan importante para el carácter del líder cristiano. El capítulo 10 del libro de Nehemías desarrolla el carácter del líder en la presencia de Dios, un sexto ladrillo del liderazgo bíblico.

El pasaje se podría dividir en dos partes:

9:38-10:39 – Un Compromiso Renovado
      a) 9:38-10:29 –Los Firmantes Del Pacto
                9:38 – Introducción al Pacto
                10:1-27 – Los Líderes Firman
                10:28,29 – El Pueblo Afirma Su Acuerdo

      b) 10:30-39 – El Contenido del Pacto
                v. 30 - La Familia
                v. 31 - El Día de Reposo
                vv. 32-34 - El Templo
                v. 35 - Las Primicias
                v. 36 - Los Primogénitos
                vv. 37-39 - Los Diezmos

a) 9:38-10:39 – Un Compromiso Renovado

Hemos visto la lectura de la ley (Nehemías 8) y la respuesta de confesión y reconciliación con Dios (Nehemías 10). Ahora, con el presente capítulo, veremos el compromiso del pueblo por medio de reconfirmar el pacto con Dios. Como vimos en Comentario sobre el Pacto, lo que reconfirmaron no era un pacto nuevo, sino una reafirmación del mismo pacto que Dios había hecho con el pueblo. Según la ley de Moisés, después de un período de que el pacto haya sido ignorado, hay que renovarlo (Éxodo 34; 1 Samuel 12; 2 Reyes 23). La renovación del pacto significa un compromiso a la relación con Dios. Y la relación con Dios es la que forma el carácter del líder bíblico. Nehemías mostró el ejemplo de eso en su disposición. De eso se trata la presente sesión.

9:38-10:29 – Los Firmantes Del Pacto

9:38 – Introducción al Pacto

La Biblia hebrea empieza el capítulo 10 con Nehemías 9:38. La verdad es que esta redacción tiene más sentido. Aunque es cierto que el versículo forma una buena conclusión a la confesión que se encuentra Nehemías 9, el versículo sirve mejor de introducción a la renovación del pacto de que se trata el capítulo 10.


La reafirmación del pacto que dirigió Nehemías es el cumplimiento de lo que profetizaron los profetas Jeremías yIsaías. Jeremías profetizó en Jeremías  50:5, “Preguntarán por el camino de Sión, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos a Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.” Isaías lo confirma en Isaías 44:5, “... el otro se llamará del nombre de Jacob, y otro escribirá con su mano...”.

Matthew Henry anota algunas cosas importantes en cuanto al acuerdo que el pueblo estaba por sellar: [4]

    1) ‘hacemos fiel promesa’ – Fue una resolución profunda sin posibilidad de anular.

    2) El pacto se hizo con consideración serio, respondiendo a la lectura de la ley (capítulo 8), ayuno y oración (capítulo 9).

    3) ‘y la escribimos, firmada...’ – Fue sellada para ser archivado permanente, para que pudiera ser testimonio contra ellos si algún día lo ignorara.

    4) ‘firmados por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes’ – Fue un consenso mutuo y unánime para dar más seriedad y confirmación al acto.

Algunos comentarios sobre unas palabras en el hebreo original son importantes en el versículo 38. La palabra ‘promesa’ se podría traducir como ‘pacto’ porque la palabra ‘hacemos’  en v.38 viene de la raíz de la palabra hebrea ‘karat’ (trk). Esa palabra es la que se usa cuando se habla del pacto entre Dios y su pueblo. Por ejemplo, en Génesis 15:18 leemos, “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram...”. La palabra traducido ‘hizo’ en este versículo es la misma palabra ‘karat’ que se usa en nuestra pasaje para ‘hacemos. Eso quiere decir que lo que sucede en Nehemías 10 no es un acuerdo o promesa cualquier. Es una renovación del pacto que Dios hizo y renovaba con su pueblo durante la historia del Antiguo Testamento (véase el comentario arriba para más información sobre ‘el pacto’). Y ahora, en este capítulo tenemos el acontecimiento de la renovación bajo el liderazgo de Nehemías y Esdras.

10:1-27 – Los Líderes Firman

Es interesante que Esdras no esté incluido en la lista de los que participaron en el acuerdo. Él estaba bien involucrado en capítulos 8 y 9. Pero ahora su misión fue cumplida, porque ahora la gente leía la ley y la entendía sin ayuda. Los que firmaron el pacto eran unos representantes de los príncipes. También levitos y sacerdotes fueron escogidos para firmar el acuerdo de parte del pueblo.

Lo firma primero Nehemías (10:1) para ser ejemplo de lo que se esperaba de los demás y Sedequías (posiblemente su asistente[5]). A él le siguen 21 sacerdotes (vv. 2-8). Los 17 levitos (vv. 9-13) siguen en la lista. Después siguen 44 nombres de otros líderes. Todos los firmantes siguen la dirección de Nehemías y representan al pueblo, cada uno en su oficio o puesto de liderazgo, reconocidos por el pueblo.
10:28,29 – El Pueblo Afirma Su Acuerdo


Además de los firmantes formales, leemos en el versículo 28 que todo el pueblo se pusieron de acuerdo con el contenido del pacto: El resto de los sacerdotes y levitos, los porteros, los cantores, los siervos del templo, los que se separaron del los extranjeros (véase 9:2), y todos las esposas e hijos de ellos. Algunos consideran que los siervos del templo a que se refiere, son descendientes de los Gabaonitas (Josué 9:3) quienes hicieron trabajo de mano en el mantenimiento del tabernáculo (Esdras 8:20)[6]

Según el versículo 29 todos ellos hicieron dos cosas: “se reunieron con sus hermanos y sus principales”, y “protestaron y juraron que andarían en la ley de Dios”. Es decir que se unieron para comprometerse a Dios no solamente individualmente, sino corporalmente como pueblo entero.

El jurar era un acto legal del pacto de Moisés en que dos partidos, Dios y el pueblo, se comprometían. A través de la historia de redención, todos los pactos con Dios piden obediencia que procede de fe en Dios. Uno de los principios de la hermenéutica bíblica es que se debe comparar la escritura con otra escritura para entenderla bien. Tenemos un buen ejemplo de ese principio por medio de ver que la Biblia nos explica el concepto de lo que significa ‘jurar’ en otra parte, aparte del libro de Nehemías. La palabra se encuentra en Hebreos 6:16, donde leemos, “Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación.” Aplicando eso al contexto de Nehemías, vemos que el pueblo está jurando a uno que es mayor que ellos, Dios mismo, que es soberano sobre todo.

b) 10:30-39 – El Contenido del Pacto

Hay tres características generales del pacto:[7]

1) La autoridad de la Palabra de Dios – Cada una de las promesas responde a alguna declaración de la ley que ellos leyeron (capítulo 8).

2) La importancia del templo – La mayor parte de la redacción del pacto tiene que ver con cuidar el templo, los que atienden el templo, y sus servicios religiosos. Nehemías sabía que la intención de Dios era que el templo significaba su presencia entre ellos. Howard Vos lo explica bien, “El templo... proveyó el cemento religioso y social para unir a los miembros de la comunidad los unos con los otros, y sobre todo a Dios y su servicio.”[8]

3) La responsabilidad del pueblo – Una de las palabras claves es ‘nosotros’ en referencia al pueblo en comunidad. Se comprometieron corporalmente a guardar la ley de Dios.

Los particulares específicos del pacto está resumido en versículo 29, “...que andarían en la ley de Dios...”. James Montgomery Boice resume los particulares en seis divisiones,[9] resumidos como los siguientes:

1) La Familia - v.30 – Dado que los padres de familia arreglaron los matrimonios, entonces ellos fueron los que tenían responsabilidad para mantener matrimonios puros. La práctica de no casarse con extranjeros no era por razones de racismo, sino por razones religiosas. Nehemías enfrenta este tema también en el capítulo 13:23-29. Otros líderes también dirigieron enseñanzas en cuanto a eso (Malaquías 2:10-16; Esdras 9:1ff). En el Nuevo Testamento, parece que el problema seguía, porque el apóstol Pablo refiere a eso con una pasión intensa en 2 Corintios 6:14 – 7:1.

2) El Día de Reposo - v.31 – El guardar el Día de Reposo era el cuarto mandamiento de los diez mandamientos (Éxodo 20:4-6). Algunos consideraron que comprar de los negociantes extranjeros no les ponía a los judíos a trabajar, entonces consideraron que no había problema. Pero aquí se nota que el pueblo reconoció que cualquier transacción en el día de Día de Reposo era contra el cuarto mandamiento. En el capítulo 13:15-22 Nehemías trata el tema con franqueza. Veremos eso en la última sesión.

3) El Templo - vv.32-34 – El pueblo ofrecía hacer sus diezmos voluntariamente, y no por obligación. El compromiso era de proveer las necesidades del templo para los sacrificios diarios, semanales y para las fiestas. Se comprometieron proveer la madera regularmente, familia por familia, para los sacrificios. Hasta ahora los siervos del templo tomaron responsabilidad para eso, pero según Nehemías 7:60, solamente 392 volvieron del exilio. Nehemías inició este sistema[10] para atender a la necesidad de mantener fuego constante en los altares.

4) Las Primicias (v.35) – Estas fueron presentadas como acción de gratitud a Dios por la cosecha.

5) Los Primogénitos (v.36) – Tanto de sus familias (para servicio a Dios) como del ganado (para los sacrificios).

6) Los Diezmos (vv.37-39) – Se usaron para mantener los levitos y los sacerdotes.

La última línea del capítulo (v.39), “y no abandonaremos la casa de nuestro Dios” resume la inquietud que tenía el pueblo por el templo y sus servicios. Este tema es central en los últimos tres profetas (Hageo, Zacarías y Malaquías) quienes profetizaron durante esa misma época.[11] El hecho que se preocupaban por el cuidado del templo es una indicación que el pueblo tomó en serio su reafirmación del pacto. El pacto regulaba su relación con Dios. Y el templo fue el símbolo de la presencia de Dios entre ellos.


[1]    Gresham Machen, El Hombre http://www.iglesiareformada.com/El_Hombre.html, capítulo 13.
[2]    El comentario de las administraciones del pacto tiene su origen en el libro de Louis BerkhofTeología Sistemática. (Jenison, MI: T.E.L.L.) 1969. En particular las discusiones en el libro sobre el pacto.

[3]    Henry, Comentario Sobre Nehemías 10:1
[4] Henry, p. 1104.
[5] Boice, p. 107.
[6]    R.C Sproul, Introduction to the Historical Books ,in the Geneva Study Bible, (Thomas Nelson Publishers, NashvilleTN) 1995. p 292ff.
[7]    Boice, p. 108-110.
[8]    Howard F. VosBible Study Commentary: Ezra, Nehemiah and Esther, (Grand Rapids, MI: Zondervan, 1987) p. 125.
[9]    Boice, p. 110-113.
[10]   Albert Barnes,  Barne’s Notes on the Old and New Testaments: 1 Samuel – Esther, (Baker Book House, Grand Rapids Michigan) 1976. p. 477.
[11]   Kidner, p. 116.